Incertidumbre, inseguridad e inflación: los ejes de la nueva transformación geopolítica

Un nuevo Atlas Geopolítico está emergiendo a la luz de un proceso donde confluyen tres dinámicas: incertidumbre, inseguridad e inflación. La incertidumbre se explica, básicamente, por la interrupción del proceso de globalización. La inseguridad se expresa en la proximidad de la guerra, la pulseada energética y la falta de alimentos. Y la inflación es la luz amarilla que alerta sobre la desaceleración del crecimiento y el agravamiento de las desigualdades.

Este triángulo suscita profundas divergencias que se establecen entre las distintas visiones estratégicas del mundo. Los cambios que se observaron a partir de la pandemia y de las fracturas geopolíticas, no fueron detectados debidamente por una lectura excesivamente económica de la agenda internacional. De allí la necesidad de acudir a un enfoque político, en orden a descifrar las transformaciones que están ocurriendo en la estructura del poder mundial.

Cuatro eventos diplomáticos recientes ayudan a descifrar el nuevo Atlas: la Cumbre de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica); la Reunión del G7 y las decisiones tomadas en las reuniones cumbres de la Unión Europea y de la OTAN.

Los BRICS, en modo virtual, ya que el presidente Xi Jinping no se desplaza, trataron de reflotar la idea de una fractura Norte/Sur impulsada por China y en menor medida por Rusia. En este acrónimo, contra espejo del G.7, quedó en evidencia que Moscú y Pekín gestionan un espacio que hoy objetivamente opera en favor de Rusia.

Cumbre del G-7

Allí se expresa un bloque geopolítico que les permite a sus miembros, y a los países invitados que adhieren a una nueva versión del no-alineamiento, convivir, revaluar su poder, diluir conflictos como el que mantienen China e India, y justificar el apoyo a la invasión rusa a Ucrania.

En el G7 de Alemania quedó consolidado el bloque anti-Rusia/China, expresado en el anuncio de nuevas sanciones a Moscú – bloqueo a las exportaciones de oro- y en la aprobación de un fondo de US$ 600.000 millones para el financiamiento de obras de infraestructura en los países en desarrollo. Con estos recursos se trata de ofrecer una alternativa a la “Iniciativa china de la Ruta de la Seda”. En este evento también fueron invitados algunos países en desarrollo: los “no alineados.2”.

En Bruselas, la Unión Europea aprobó la candidatura de ingreso de Ucrania y Moldavia. Esta decisión es un símbolo y un compromiso en favor de países invadidos y amenazados por el proyecto imperialista de Putin. El camino a recorrer será arduo y prolongado, pero esa opción marca un compromiso de la Unión que implicó debates internos no menores.

La Unión Europea aprobó la candidatura de ingreso de Ucrania y Moldavia

En verdad, Europa acaba de abordar un nuevo capítulo en el proceso de ampliación, que históricamente Francia y Alemania han tratado de lentificar, y también refleja una novedad: el peso de Europa Central y de los países Bálticos en Bruselas. Un protagonismo que llegó para quedarse.

Cabe recordar que el tema del ingreso de Ucrania a la Unión Europea provocó un conflicto entre Moscú y Kiev, las manifestaciones en la Plaza de Maidán y finalmente la invasión rusa a Crimea en el 2014.

En la Cumbre de la OTAN quedó aprobado el “nuevo concepto estratégico” que define a Rusia como amenaza y a China como desafío sistémico. Pero lo más destacado del evento se plasmó en la extensión de la geografía cubierta por la Alianza Atlántica que ahora suma la región “Indo-Pacífico”.

La virtual ampliación explica la presencia de los Jefes de Estado del Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda. Esta decisión es el fruto de los temores que anidan en esos países y de la voluntad de contención americana a China en el Asia.

El mensaje de Washington a sus socios europeos es claro: “defendemos a Europa, como lo hacemos en Ucrania, pero nuestra prioridad es China”. Detalle: en Japón y Corea del Sur el gasto militar tiende a crecer y el tema de acceso al arma nuclear ha dejado de ser un tema tabú. La inseguridad está muy presente: existen litigios territoriales entre Rusia y Japón; entre Pekín y Tokio y abundan los conflictos en torno a los espacios marítimos.

Países miembros de la OTAN

Esta realidad estuvo muy presente en la Cumbre de la OTAN, donde los invitados asiáticos también plantearon la incertidumbre que ocasionan dos escenarios: el futuro de Taiwan y el riesgo nuclear que supone el régimen norcoreano. Para la OTAN, la posible prolongación de la guerra en Ucrania plantea como escenario un “nuevo Muro de Berlín” o una nueva frontera “modelo paralelo 38 coreano”. Decididamente, en el mundo de hoy todo país sin fuerza de disuasión es vulnerable.

La ingenuidad estratégica de la lectura económica/globalista del mundo está a la vista. Europa, que vivió en vacaciones geopolíticas desde la ocupación rusa de Crimea en el 2014, quedó expuesta al chantaje energético de Putin, un error germano inexcusable. Y los EE.UU y Europa se equivocaron cuando no advirtieron los peligros que suponía no controlar las cadenas productivas.

La externacionalización de la fabricación industrial en China le permitió al presidente Xi alcanzar el status de potencia global , mientras se destruyeron empleos y salarios en los EE.UU y Europa, alimentando en ambas geografías los modelos populistas que ocasionaron finalmente el debilitamiento de las democracias.

Decididamente la reconfiguración del orden global está en marcha. Las causas se conocen, el futuro está abierto.

Fuente: Clarín

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