Un empujón a la libertad de elegir en el vetusto sistema jubilatorio

Un empujoncito

En las últimas décadas se ha desarrollado una nueva corriente dentro del pensamiento económico denominada economía del comportamiento o “behavioral economics”. Para describirla en una pincelada, la vertiente incorpora los aportes de la psicología al proceso de toma de decisiones con connotaciones económicas.

Son cuantiosos los aportes que han realizado a este campo en los últimos años figuras tales como Daniel Kahnemann o Richard Thaler, ambos Premio Nobel de Economía, el primero en 2002 y el segundo en 2017, por sus aportes a este novedoso campo de estudio.

Entre ellos, nos enfocaremos brevemente en el concepto de “nudges”. ¿Qué se entiende por nudge? Un “nudge” puede caracterizarse como una peculiar configuración del contexto de decisión de modo tal que la gente se vea en alguna medida “empujada” a actuar en una cierta dirección.

Básicamente opera brindando decisiones por “default” que suelen capitalizar en la inercia de los sujetos a la hora de elegir un curso de acción.

Un ejemplo se daría en el caso de la donación de órganos, en que el “default” es que la persona es considerada donante, salvo que declare expresamente lo contrario. Desde el punto de vista liberal puro, la elección debería formularse claramente entre un sí y un no, sin “elección por default”.

Pero el sistema al menos habilita una “salida”, constituida por la decisión opuesta a la indicada por el “nudge” oficial, en la medida en que se manifieste en forma expresa.

Ahora bien, ¿cabría capitalizar esta estructura en otro contexto? ¿Podríamos usar este mecanismo en áreas altamente conflictivas, como por ejemplo la del sistema jubilatorio, para ir dando aunque sea un mínimo paso hacia la libertad de elección?

Tal vez el objetivo ideal sería dinamitar el entero sistema de jubilaciones y pensiones. Está claro que, en nuestro país, el sistema previsional -ideado por el canciller Bismarck para nutrir las arcas públicas en tiempos en que muchos aportaban y pocos llegaban siquiera a jubilarse-, está hoy mundialmente quebrado dado el aumento en la esperanza de vida, acompañada muchas veces por una la baja natalidad. Y este esquema Ponzi, ya cargado de defectos, experimenta en Argentina gigantescas distorsiones adicionales, constituyéndose en una auténtica máquina distribuidora de dádivas.

En tal contexto, la eventual propuesta de un “nudge” podría paradójicamente “abrir una rendija” a la libertad. Así pues, podemos imaginar una configuración “por default” en favor del régimen previsional existente, pero que habilitara su salida a quienes así lo desearan, simplemente “tildando el casillero correspondiente”.

Una segunda opción, representativa de una transición más suave si se quiere, sería continuar incluido obligatoriamente en el sistema previsional actual, pero solo hasta el nivel de aportes correspondientes a una jubilación mínima. El excedente, quedaría de nuevo, sujeto al default del sistema estatal, pero con la posibilidad de “opt out”.

Ambas políticas constituirían una especie de “wink” o “guiño” hacia el espacio liberal. Y aun cuando los estudios denotan que las mayorías tienden a adherir a las opciones “por default”, cierto es también que habríamos abierto una puerta a la libertad. 

Conquistar libertades es un proceso, y todo aquello que nos ponga en ese camino, será valioso.

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