Por la boca muere el pez (y los presidentes cuando mienten)

Cuatro mentiras de Fernández. El pez por la boca muere


Yo no miento”, ha aseverado reiteradamente el presidente argentino, Alberto Fernández. Discrepamos. Y no estamos solos en la discrepancia. Nos acompañan, como mínimo, los jubilados, el gobierno de Suecia, Guido Sandleris, Juan José Aranguren, y, por supuesto, la teoría económica.

  1. “Voy a subir las jubilaciones un 20%”. Magnífica frase de campaña. Lástima que ¿cuáles fueron las primeras medidas que se tomaron en la materia? Pues ajustar a los jubilados bajo el argumento de que la fórmula de actualización del gobierno de Macri era “incumplible”. ¿Y ahora?

2. “Si seguíamos el ejemplo de Suecia, tendríamos 13 mil muertos”. Frase orgullosamente surgida de los labios presidenciales -incluso hasta con un mohín despectivo- en relación a las medidas adoptadas frente al COVID-19. Por cierto, Suecia fue uno de los pocos países que siguieron una estrategia diferente de la marcada por nuestros inefables “infectólogos” convertidos en burócratas todopoderosos. “La salud es lo primero” chillaban los fanáticos cuarentenistas de las redes, mandando a todo el mundo a quedarse en casa con la amenaza a los “rebeldes”: “renunciá al respirador”. ¿Se acuerdan? Ante el agravio de la comparación internacional, la respuesta de Suecia, serena y madura ante la chicana fue: ”pasará tiempo antes de que sepamos qué modelos funcionan mejor”. Y el tiempo desautorizó de punta a punta al latino compadrito con ínfulas. Hoy Suecia tiene 602 muertos por millón de habitantes. La Argentina, 781. Con el agravante de que, además Argentina dinamitó su economía y Suecia no. ¿Tendrá usted, Señor Presidente, en algún rapto de honestidad intelectual que tal vez lo honraría, la dignidad de reconocer que sus decisiones condujeron al fracaso estrepitoso que ya vivimos y cuyas consecuencias ineludiblemente viviremos?

3. “Cuando nosotros llegamos en diciembre nos encontramos un Banco Central lánguido, sin reservas, vacío. (…) Macri se olvida que entre las PASO y las elecciones se fueron 23.000 millones de dólares“. Imagino ahora horrorizada a la maestra de matemáticas del primer mandatario: ¿No le enseñé acaso a revisar las cuentas? Pues tal como con didáctica paciencia explicó el expresidente del Banco Central, Guido Sandleris, solo 5.000 millones de dólares fueron usados en ese momento para contener el tipo de cambio: los restantes 18.000 millones de dólares quedaron a disposición de los depositantes y para el pago de la deuda. ¿Realmente tiene aún el presidente la osadía de abundar en tales dislates cuando la que sí dejó realmente las reservas en “cero” fue su compañera de fórmula y con la que comparte apellido?

4. “Entre el 2015 y el 2019, la producción de gas declinaba”. Disculpe, pero “le acercaron una información incorrecta” – respondió, también con toda altura, el ex ministro, Juan José Aranguren. Refutación amable, muy amable, a un aserto difamatorio gratuito. Del 2015 al 2019 la producción de gas aumentó un 15%.

A estas horas sólo caben tres opciones con relación a los constantes “errores” presidenciales:

  1. O bien su asunción del cargo lo fue con la mira puesta en objetivos que nada tenían que ver con administrar el país, y por ende concretada sin el menor análisis de las cuentas ni los indicadores,
  2. o bien nuestro primer mandatario padece una mitomanía feroz y acomoda su percepción a las necesidades discursivas coyunturales,
  3. o bien ostenta un cinismo de tal envergadura que Dante le hubiera tenido que dedicar un círculo entero del Infierno en la Divina Comedia.
  4. Y lo peor es que, apostamos, esta saga continuará.

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