Polémica pero efectiva, así salió Suecia del COVID-19

Suecia nunca cerró las escuelas, no hubo cuarentena, no es obligatorio usar barbijo y todo el año tuvo sus fronteras abiertas. Shopping, disquerías y bares están abiertos. El alcohol en gel y los tapabocas se usan poco y nada. Y, además, no tiene ministerio de Salud. Pero mientras el mundo tiembla ante un rebrote, es el único país donde el COVID-19 parece derrotado. Fue a contramano de todas las medidas sanitarias recomendadas por la OMS y se “bancó” las críticas que llovieron como puñaladas cuando -en marzo y abril- hubo un pico de muertes por contagio.

Sin barbijos y con pocas restricciones, los suecos ya no temen al COVID-19

Pero la estrategia de pensar a largo plazo no se cambió jamás. El epidemiólogo Anders Tegnell se puso al frente de la política sueca para enfrentar al coronavirus. Y decidió que la salud pública general estaba por encima de cualquier virus y las únicas medidas sostenibles debían ser las de largo plazo. El apostó estrictamente a la ciencia. Diseñó una respuesta al virus que no fue emocional, “social” ni política: fue puramente científica

Así que -a diferencia de todos los demás países de Europa-, Suecia dejó abiertas las escuelas para todos los menores de 16 años, “aisló” a los mayores y vulnerables y alentó a que la vida siguiera sus carriles normales: bares y restaurantes abiertos, uso libre de transporte público y uso de tapabocas opcional en supermercados, shopping y colectivos.

Es decir, apeló a una estrategia basada en la libertad de los ciudadanos y el apego a las soluciones de largo plazo, no coyunturales. No fue fácil. A finales de abril Suecia tuvo más muertes por COVID-19 que Noruega y Dinamarca. Parecía que el “experimento” sueco fracasaba ostensiblemente. Seis meses despúes, los números dicen otra realidad. Desde finales de agosto hubo -como máximo- cuatro muertes diarias y en la última semana, solo uno.

¿Suecia venció el coronavirus?

Difícil predecir el futuro en cualquier circunstancia. Pero Tegnell, al menos, no provocó dos derrumbes: el sanitario y el económico. No confinó a un país hasta que la vacuna resolviera una pandemia que no tiene fecha de vencimiento ni da señales de agotamiento.

“Hacer cuarentena es como intentar matar una mosca con un martillo”, definió en una entrevista Tegnell, un burócrata sueco que diseña políticas sanitarias para Suecia, independiente del gobierno ya que en aquel país no existe el ministerio de Salud.

Anders Tegnell, el hombre del momento en Suecia y ahora reconocido por sus aciertos sobre estrategia contra la pandemia.

El epidemiólogo apostó a convivir con la enfermedad. A aplicar el sentido común antes que las prohibiciones indiscriminadas -que terminan por ser nominales, porque se prohíbe hasta lo que se hará de cualquier modo. No trató explícitamente de aplicar la “inmunidad de rebaño” aunque, en la práctica, fue lo que sucedió.

Hoy, mientras los casos en casi todos los países europeos se multiplican, los contagios casi no existen en Suecia. Ahora están un 90% por debajo de su pico de fines de junio y por debajo de Noruega y Dinamarca por primera vez en cinco meses.

Con el diario del lunes es fácil decirlo. Pero en abril y mayo, cuando las muertes se multiplicaban en los geriátricos suecos y el New York Times calificó a Suecia como “estado paria” no fue nada fácil sostener la postura.

El pensamiento del epidemiólogo es tan obvio que parece increíble que el mundo no aprendiera de él.

Cuando le preguntan por qué no cerró las escuelas, como la gran mayoría de los países del mundo, respondió:

“Si tienes éxito allí en la escuela, tu vida será buena. Si fracasas, tu vida será mucho peor. Vas a vivir menos. Vas a ser más pobre. Eso, por supuesto, está en nuestra cabeza cuando se habla de cerrar escuelas. Un año perdido es un desastre. Las escuelas abiertas tienen que ver con mantener el bienestar de la población y la salud de los más chicos”.

Con el mismo criterio defendió la continuidad de los deportes infantiles, las sesiones de yoga, beber y comer con amigos. La salud es algo más que no tener coronavirus y ese pensamiento integral prevalece por sobre la coyuntura.

“La adopción de barbijos es más una declaración que una medida. Son una solución fácil y desconfío profundamente de las soluciones fáciles para problemas complejos”. Lo mismo piensa de la vacuna: “Una vez más, no me gustan mucho las soluciones fáciles para problemas complejos y creer que una vez que la vacuna esté aquí, podremos regresar y vivir como siempre lo hemos hecho, creo que es un mensaje peligroso para dar porque no va a ser tan fácil“.

¿Cómo cuidarse entonces? Ante el primer síntoma, aislarse. Evitar la demanda innecesaria de atención médica. Cuidarse personal y racionalmente.

«Así es como trabajamos en Suecia. Nuestro sistema se basa en la acción voluntaria. Damos la opción de elegir a los ciudadanos qué les parece mejor para sus vidas. Y funciona muy bien, según nuestra experiencia». Dice Tegnell. Un argumento tan convincente que hasta el coronavirus… se llamó a silencio.

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