El odio de clase calienta la grieta entre el rugby y el fútbol

Los Pumas, los maradonianos, los peronistas y el odio

Por haber homenajeado al fallecido futbolista Diego Armando Maradona “apenas” con un brazalete negro indicando el luto del deporte nacional, el seleccionado argentino de rugby quedó en el ojo de la tormenta mediática y de las redes sociales, siendo repudiados por periodistas y usuarios fanáticos. Todo lo cual quedó agravado comparativamente porque el rival de Los Pumas, los All Black neozelandeses, homenajearon a Maradona situando en media cancha una camiseta negra de su seleccionado con el 10 y el nombre del astro futbolístico antes de ejecutar su tradicional Haka. 

La primera aclaración que corresponde hacer es que, excepto que se hable de un país totalitario, o directamente rendido a las mareas del colectivismo que arrastran todo a su paso por no encontrar firme resistencia, o que se instale un protocolo insorteable por el organizador del evento, no hay obligación de homenajear a otro deportista. Menos aún, si ese deportista fue una mala persona, o como mínimo, alguien de declaraciones y acciones polémicas que dividían las aguas cada vez que aparecía. Se sigue de esto que mientras el homenaje tendría que tratarse como un reconocimiento voluntario, en Argentina se planteó como un deber moral y político.

Reconociendo que habían decepcionado a mucha gente por el simbolismo escueto (agrego yo, en un país hambriento de recibir el simbolismo con fervor religioso pero desentenderse si en acciones concretas le están robando o lo están fundiendo), luego Los Pumas en pleno aparecieron en un video pidiendo disculpas a los argentinos y a la familia de Maradona por boca de su capitán Pablo Matera. Un video donde se elogió a Maradona, la simpatía y el acompañamiento que había tenido con Los Pumas, y se aclaró que no se quería ofender a nadie.

Segunda aclaración. Puede que las palabras de Matera sean sinceras y estén sinceramente acompañadas por la presencia de sus compañeros. No es ese el punto aquí. El punto es que jugadores de rugby se vean obligados a salir a aclarar y disculparse por un homenaje, y a expandirlo para satisfacer los ardientes deseos de maradonianos y futboleros fanáticos, y aplacar el hambre de conflicto de una prensa que lucra con las grietas. No seguir los dictámenes del colectivismo conlleva la pena de ostracismo social, y la propia reputación queda a merced de masas irracionales cuya mente no tiene contenido propio por lo que andan buscando permanentemente alimentación metiéndose en lo ajeno. Pero ese es el precio a pagar si se quiere mantener la independencia de criterio, al menos en público.

A partir de lo sucedido, alguien se puso a indagar en el archivo. Léase, buscar tuits viejos de miembros de Los Pumas a ver si se encontraba algo para armar lío. Se encontró. Aparecieron tuits de Pablo Matera, Guido Petti y Santiago Socino de los años 2011 y 2012, es decir, de hace 9 y 8 años, cuando los jugadores tenían entre 18 y 20 años de edad. El contenido era racista, judeofóbico, discriminador. Incluía burlas a mucamas, a gente de otras nacionalidades, a judíos, referencias al nazismo, y odio a la conducta e incitación a la violencia contra la conductora Claribel Medina, entre otras porquerías.

Tercera aclaración. Los tuits de los tres jugadores son un asco y merecen repudio. No tenían 6 años cuando tuitearon, ya estaban creciditos. Ahora bien, tampoco tenían la maduración moral que exhiben hoy. Son comentarios (pésimos comentarios) de jóvenes que luego han pasado a ser integrantes de una selección, han madurado y al menos públicamente han cambiado para bien. La condena social de los que a otros les perdonan todo a cualquier edad pero aquí no quieren perdonar tuits a los 18 años evidentemente busca otra cosa, no solo poner de rodillas a tres deportistas.

Fíjese la visión trastocada de los sedientos de conflicto. Critican a los tres jugadores, aplauden que se los escrache por todos lados, piden sanciones duras y algunos piden sanciones de por vida, y siguen con una crítica a todo el deporte del rugby incluyendo sus implicancias culturales y sociales, generalizando de manera negativa, y satirizando el contexto económico de quienes lo juegan. ¿Eso no debería considerarse discriminación, exageración, directamente un desacierto? No son capaces de ver la situación del otro modo: que adolescentes y jóvenes adultos que demuestran inmadurez, estupidez, odio, incluso maldad para con el prójimo, sean capaces de superar esas oscuridades gracias a educarse y absorber nuevos valores en el rugby, y que de ser tuiteros imbéciles pasen a ser personas serias que representan a su país con dignidad en las competiciones de más alto nivel en el mundo, sin incurrir nuevamente en comentarios desagradables del mismo tenor.

Al contrario, Maradona, a medida que se fue haciendo más famoso, y representando a la Argentina o tras representarla, fue empeorando en sus declaraciones, compañías y acciones. Después de haber jugado para la Argentina, y no antes, se juntó con el tirano de Venezuela Nicolás Maduro, responsable de miles y miles de muertes. A los maradonianos no les parece grave, ni hablan de que el ambiente del fútbol pudrió a Maradona de tal forma que se alió a la peor escoria política del planeta. Lo perdonan, o lo felicitan porque comparten podredumbre, o no les interesa.

Cuarta aclaración. Hay que criticar expresiones que atentan contra la integridad psicológica y moral y alientan la violencia física contra personas inocentes. El tema es que, para ser coherente, uno tiene que tener espalda para criticar. Hablar desde los principios no es lo mismo que hablar desde la percepción inmediata o la conveniencia del momento. Por eso, es paradójico que los maradonianos juzguen a los tres pumas por su vida privada 4 días después de decir que no debía juzgarse a Maradona por su vida privada. No se mide con la misma vara. Es más, se invierte el criterio. En el caso de Maradona hay que concentrarse en el fútbol, lo otro es cosa suya. En el caso de los rugbiers, hay que concentrarse en lo privado, incluso si fue hace ocho años y hoy han mejorado, y el rugby es cosa suya.

La crítica de los que defienden a Maradona y se la agarran con Los Pumas no tiene sustento en principios. Son ejemplos de mentalidad que no funciona a nivel conceptual manejando abstracciones sino a nivel perceptual en base a lo que indica la inmediatez del momento procediendo a actuar de manera irracional y desenfrenada. Miremos ejemplos que lo acreditan.

Porque Maradona ganó la Copa del Mundo de fútbol, le dio “alegrías al pueblo”, y fue para muchos el más grande de la historia, hay que perdonarle todo o desinteresarse por completo de lo demás. Entonces el principio subyacente es que solo importa el deporte, y el resto es secundario o no digno de atención. Si el mismo principio se aplicara para el capitán de los Pumas, deberíamos concluir que el problema de Matera claramente es que no ganó el Mundial de Rugby. Si lo gana, lo perdonan por darle alegrías al pueblo.

Maradona se burlaba de Pelé porque era un “grone” que “debutó con un pibe”. ¿Hay hordas denunciando racismo? ¿Medios de comunicación que denuncien homofobia? Fue hace mucho. Y el Diez ganó el mundial. Lo de Matera y compañía también fue hace mucho, pero no le dieron alegrías al pueblo.

Otro caso. Maradona está filmado agrediendo a una pareja, y fotografiado en fiestas sexuales con menores de edad. Es decir, acciones ejecutadas que constan en imágenes y soporte audiovisual, en una cultura que se lleva mucho por la imagen y lo audiovisual. Al lado de eso hay unos tuits que describen, descalifican, incitan, pero no constituyen acciones físicas concretas ejecutando lo expresado. ¿Qué le parece más grave al circo mediático maradoniano? ¿Qué se denigre o incite a la violencia contra una mujer en un tuit, o que físicamente se practique la denigración y la violencia contra una en carne y hueso?

Entonces parece que hay algo más que ausencia de principios, o flagrantes contradicciones, en este culto maradoniano. Porque encima, si el Diez quería y apoyaba tanto a Los Pumas, no se explica que ahora tras la partida de su pastor los devotos místicos muestren un odio visceral hacia todo el rugby. 

Y lo que pasa es que los que están desembozados contra los rugbiers son resentidos. Odian el éxito ajeno, odian lo que perciben como mejor, no admiten que algo pueda destacar por fuera de su mundo de miseria. Y eso los puede.

Además, muchos maradonianos, al igual que lo fue su líder, son peronistas. Y kirchneristas. También absorben el credo nacional y popular, lo que ensalza su pobrismo y solidifica su resentimiento.

¿Entendemos por qué les molestó la cinta negra de Los Pumas en un partido días después pero no les molestó que el presidente Alberto Fernández se sacara selfies con sonrisa de oreja a oreja junto a maradonianos el día del velorio con el cadáver todavía caliente recién metido en el cajón? ¿Entendemos por qué cargan contra Los Pumas y no contra Cristina Kirchner que -mientras fanáticos se peleaban afuera por ingresar- hizo cerrar las puertas de la Casa Rosada para sacarse una foto junto al cajón y explotarla políticamente como se quiso hacer con todo el velorio multitudinario en plena pandemia y violando la cuarentena? Al kirchnerismo maradoniano todo. Al enemigo ni justicia.

Desde que empezó, el gobierno kirchnerista de Alberto Fernández está sembrando el odio de clase a los ricos. Los problemas de la Argentina son culpa de los ricos así que hay que estigmatizarlos, los problemas de la Argentina se solucionan con lo que tienen los ricos así que hay que sancionar impuestos a las grandes fortunas, los problemas de los hermanos Etchevehere son problemas de herencia de ricos, la opulencia de la Ciudad de Buenos Aires da vergüenza porque allí viven ricos. Y así, una tras otra, las semillas de odio a los ricos, al que tiene más, van brotando. Recordemos: mentalidad perceptual inmediata, no principista. No importa cómo se hace la plata, si se la gana en buena ley, si el que la tiene es honrado. Importa que tiene, y hay que criticarlo, quitarle, saquearlo. Los jefes lo dicen, hay que obedecer y entregarse a la causa que ellos eligen para uno.

El rugby está asociado a los ricos, entonces el odio de clase a los ricos conduce a odiar al rugby. No importa si no ricos también lo practican, y ricos y no ricos encuentran un lugar para compartir y crecer en valores. Importa atacar, destruir, por odio.

Notemos un cambio en la percepción. A partir del Mundial de Rugby de Francia 2007, Los Pumas eran vistos como ejemplo, por haber jugado con coraje, obteniendo un resultado histórico para el rugby nacional, y por haber emocionado al público con patriotismo al llorar durante la entonación del Himno Nacional Argentino. Incluso algunos maradonianos que hoy los odian los felicitaron en ese momento, aunque con un argumento más rústico. El argumento era nacionalista, y bien al estilo Maradona, necesitaba un enemigo. Y el enemigo elegido fue Messi. Los Pumas eran verdaderos argentinos que se emocionaban con el himno, y lo cantaban. Como el Diez. Messi no se inmutaba, no lo cantaba, porque en su corazón… era español. Messi era español, no como el Diegote, no como Los Pumas.

Ahora del nacionalismo se pasó al odio de clase. No se discute la “argentinidad” de Los Pumas, sino que dentro de la Argentina se critica a ese sector que se cree más que los demás, que es pudiente, y que por su culpa otros son pobres. Somos todos argentinos, pero hay distintas clases de argentinos y debemos odiar a la clase de los ricos.

Para fomentar el clima de odio, al rugby se lo ataca desde distintos sectores, pero todos obedientes al credo del resentimiento y el odio de clase. Los medios de comunicación en sus redes sociales están disfrutando las avalanchas de comentarios agresivos en sus posteos, y fomentan el pisoteo a Los Pumas por el “pobre homenaje” a Maradona, y por los tuits de los jugadores. Y la política, por supuesto, está prendida al juego. El INADI dice que va a tomar rápida intervención, pero no lo hizo en su momento con Maradona. Ni con otro tuitero agresivo con las mujeres, que a una la mandó a cocinar porque pensar no era su fuerte. Estamos hablando, por supuesto, del hoy presidente de la nación Alberto Fernández. Tampoco es de inmutarse el INADI por la permanente violencia de Luis D´elía, Hebe de Bonafini, y demás personajes siniestros asociados al kirchnerismo. A pesar de que tienen plata, no representan simbólicamente a la clase pudiente, sino a los pobres, y en Argentina importa el simbolismo más que el hecho concreto. Entonces zafan. El odio de clase es hacia los ricos, no hacia Maradona, Cristina Kirchner, y los representantes del pobrismo, con millones en sus cuentas bancarias pero con la bandera de los pobres en su corazón.

A la política le sirve el circo alrededor de Los Pumas. Se habla más de los tuits de hace ocho años que del velorio desastroso que organizó Alberto Fernández hace una semana, día en el cual cometió delitos violando las previsiones de salud pública, violó su propia cuarentena, y frente al desborde de los violentos que invitó a Casa Rosada, terminó pidiéndoles que se tranquilicen mediante un megáfono. La Casa Rosada terminó invadida, parte de su mobiliario roto, y cualquier tipo de decoro fue expulsado. Todo bien peronista, bien kirchnerista, sin igualdad ante la ley: personas comunes no pudieron despedirse de familiares internados que fallecieron, pero el pueblo se pudo despedir de Maradona gracias al gobierno.

El peronismo, el kirchnerismo, y sus maradonianos, comparten el “folklore”, los rituales del “amor que vence al odio”. El problema está en los ricos, en el rugby, en Los Pumas, que son veneno, son odio, son clasismo, y el largo etcétera que incita a seguir etiquetando lo ajeno para lavar las culpas propias.   

Para finalizar, dos advertencias al mundo del rugby. Una sobre el comportamiento propio, otra sobre el avance de la política.

Primero, la Unión Argentina de Rugby (UAR) procedió rápidamente a revocarle la capitanía a Pablo Matera, aplicarles medidas a los tres jugadores en el foco del conflicto, afirmar que los sometería a sanciones disciplinarias, e informar que por el mal clima interno Los Pumas se retirarían del torneo Tres Naciones sin disputar el último compromiso frente a Australia, donde encima tienen chances de campeonar por primera vez, algo inédito para el rugby nacional y mundial. Luego la UAR comunicó que, manteniendo su repudio por los tuits, pero reconociendo que los jugadores se hicieron cargo por lo sucedido hace ocho años, no repitieron conductas similares y demostraron ser dignos de integrar el seleccionado, levantaba las medidas preventivas y restituía la capitanía a Matera, siguiendo el procedimiento sobre los tres de acuerdo a los tiempos que conlleva para llegar a una resolución más justa. El seleccionado enfrentaría a Australia, pero sin los tres jugadores entre los citados.

La primera reacción fue de una dirigencia cobarde, atropellada por el furor del momento de los de afuera que quieren pisotear al rugby. Se quiso quedar bien con el ambiente social. Menos mal que han recapacitado, y que al parecer mantendrán la compostura para tratar la situación de acuerdo a los procedimientos que figuran en sus estatutos.

Si el rugby quiere ser un deporte limpio y ejemplar, puede pensar en sanciones. Uno puede estar de acuerdo con la implementación de medidas disciplinarias para jugadores que cometieron una mala acción a pesar del tiempo transcurrido, teniendo en cuenta que escribieron cosas graves. Con lo que no se puede estar de acuerdo es que se actúe bajo presión, sacrificando a los propios por quedar bien con los de afuera que no son ejemplos de nada, que no se reconozca el cambio para bien, y que se apliquen sanciones desproporcionadas e inmerecidas.

Insisto: más allá de que los jugadores se han disculpado en público de un modo correcto, los principales que piden sanciones dejan pasar todo en el fútbol, no les interesa el doping positivo de su ídolo, ni sus declaraciones escandalosas, ni que le dedique su libro a un tirano asesino, ni que se tatúe al asesino homofóbico y racista Ernesto Guevara, ni que apoyara e hiciera negocios con dictaduras, ni que deje hijos sin reconocer por el mundo, ni que agreda sin causa a una mujer, ni que llamara públicamente a otro jugador a trompearse, ni que golpeara a seguidores en la tribuna tirándoles un patadón, ni que apareciera drogado o alcoholizado en fiestas y eventos deportivos, ni que recurriera a la trampa para meter un gol decisivo en un mundial, ni que jamás reconociera que fue trampa, ni que se negara a pedir perdón por haberlo hecho, ni que maltratara verbalmente a niños que querían su firma.

Si la UAR va a actuar para satisfacer inmorales que actúan como moralistas, se va a autodestruir. Si la UAR, sancionando como corresponda y cuando corresponda, va a actuar pensando en la preservación del rugby y el seleccionado (que no significa preservar errores o maldades), tendrá una oportunidad. UAR, no seas maradoniana. UAR, no te peronices. UAR, no te kirchnerices.

En segundo y último lugar, mucho cuidado con la política que olfatea el botín y reconoce oportunidades para avanzar. Sobre todo, si se trata de un deporte asociado a los ricos y de una oportunidad para meterse en el baile sabiendo que se tiene la potestad de cancelar el boliche.

Hasta el momento, el estado no tiene la influencia en el rugby que tiene sobre el fútbol, donde maneja barrabravas, llegó a estatizar la televisación, y se prende en cuanto curro aparezca. Pero el rugby ha quedado en el centro de atención estos días, y nada bueno saldrá de ello si no se defiende. Los políticos querrán aprovechar: o actuarán para disminuirlo, o actuarán para quedárselo. El odio puede conducir a destruir, o puede conducir a apropiarse de otra cosa para hacerla propia y moldearla a gusto.

Cuidado si no quieren que se estatice el rugby. El kirchnerista Matías Lammens ya anda diciendo que hay que trabajar mucho en el rugby porque se arrancó el año con el episodio violento del asesinato de Fernando Báez Sosa, y ahora se cierra con otro escándalo. Saben lo que “trabajar mucho en el rugby” significa. Se mete el estado, se queda con una tajada, controla, manipula. Denle al kirchnerismo un metro y los tendrán regulando para entorpecer y recibiendo coimas para destrabar. Denle a Victoria Donda un metro y tendrán a sus equipos de ideólogos de género y demás policías del pensamiento del INADI en todos los clubes lavando cerebros y organizando actividades de asistencia obligatoria.       

Muchos políticos tienden a creerse seres superiores con privilegios. Le digamos a Lammens que arrancamos el año con políticos robando y terminamos el año con políticos robando. Así desde hace décadas. Es más, a veces arrancamos el año con asesinatos políticos como el del fiscal Nisman. ¿Pensará que rugbiers tienen que “trabajar mucho en la política” para corregirla e imponerle regulaciones, o solo piensa que la política puede trabajar en el rugby e imponerle regulaciones? Se cree en la política como algo tan necesario, con un rol tan superlativo, que la quieren meter en todas partes.

Que se defienda moralmente el rugby. No todos los que juegan al rugby son buenos, pero no todos son malos. No es el rugby en sí un problema. Los que juegan al fútbol tampoco son todos buenos, y allí sí está radicada una estructura de corrupción en cuanto a poder y alcance inexistente en el rugby, que involucra dirigentes, barrabravas, y oficiales del gobierno. No vaya a ser que mientras se siga con oídos sordos a quejas por el fenómeno gigante del fútbol, se ataque de lleno a un fenómeno menor como el rugby. Que mientras se santifique a uno por popular, se liquide a otro por elitista.

Siempre hay que trabajar en la concientización de los chicos deportistas. Que entiendan los valores del deporte, la competencia, el juego, el compartir. Que no hay que matar al rival ni ser mala leche. Que la buena conducta dentro de la cancha debe reflejarse afuera. Hay que rescatar lo bueno y corregir lo malo. Eso no se logrará mancillando a todos por igual. Ni permitiendo que quienes sean los encargados de educar sean unos inmorales e inescrupulosos que son ellos mismos maleducados (o “mal-aprendidos”).

El rugby despierta odio en peronistas, kirchneristas y maradonianos. No se lo entreguen. 

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