Cuidarse no cuesta nada (y para muestra, basta un barbijo)

No cuesta nada cuidarse


Esto también es bastante escuchado y repetido. ¿Cómo no vamos a tomar medidas si cuidarse no cuesta nada? No voy a entrar aquí en los colosales costos económicos, educativos, sociales y, también, de salud que generaron las cuarentenas, acortando la vida de millones de personas que quedaron sin empleo, multiplicando la ansiedad y el estrés, incrementando la depresión y la pobreza.

Tampoco en la cantidad de ancianos cuyas vidas se acortaron en la tristeza y soledad de no poder ver a sus seres queridos. Mientras políticos y periodistas (servicios esenciales) nos decían cuánto y cómo podíamos movernos a diario se perdió bienestar de manera irrecuperable. Y se sigue perdiendo a costa de restricciones que tienen costos de pequeños a astronómicos. El quiosco al que lo obligan a tener un tarro de gel incurre en uno relativamente pequeño. El dueño del restaurante al que lo obligan a cerrar por la noche en uno grande. El dueño de la discoteca al que obligan a cerrar hasta vaya a saber qué año tiene una pérdida colosal.

A nadie le importan los costos siempre que en ellos incurra otro. Pongo un ejemplo menor pero ilustrativo: el uso del barbijo.

Quizás no todo el mundo sepa, pero lo que usa la enorme mayoría de la población no es un barbijo. Un barbijo debería tener, según la OMS, una capa interna de material absorbente como el algodón, una capa intermedia de material no tejido como el polipropileno, y una capa exterior de material no absorbente, como el poliéster o una mezcla de poliéster. ¿Alguien usa uno de estos? La mayoría de la gente usa un pedazo de tela cualquiera (hasta tul) que no protege más que una fracción de los verdaderos barbijos.

¿A dónde voy con esto? A que la circulación del virus sería mucho menor si en lugar de usar sucios tapabocas de tela común, todos usásemos barbijos bien confeccionados. Por ejemplo, Conicet junto con la empresa Kovi crearon unos barbijos en teoría muy buenos, que brindan 8 horas de protección cada uno. La unidad cuesta $ 324. ¿No debería ser obligatorio usar esos barbijos si queremos reducir la circulación del virus? ¿Por qué si es tan catastrófico todo, no se obliga a usar algo que sirva realmente?
Imagino la respuesta: no se puede obligar a la gente a cargar con ese costo. Estoy totalmente de acuerdo, ¿aunque se puede forzar a fundir millones de empresas, destruir millones de trabajos, meses de escuela, proyectos de vida, pero no se puede obligar a las personas a que usen el barbijo que realmente reduce la transmisión del virus?

Nadie tiene la obligación de ser coherente, ni siquiera en pandemia. Mientras tanto, el uso de la tela en la boca, aunque no proteja tanto como el barbijo, sí es un símbolo de que quien lo porta también es -como describió Jeffrey A. Tucker en The Return of the Flagellants- un flagelante, un penitente de la Edad Media que camina entre la peste negra avisando que el fin del mundo está cerca.

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