Plan “Viva de arriba”, ahora 2×1: usurpe un terreno y llévese $50.000

Plan 2×1: usurpe un terreno y llévese 50.000 pesos “de arriba”

Así es. Argentina es un país generoso, no hay dudas. Pero no para las personas de bien,  con sus brújulas morales ajustadas. Argentina es un gran país para los ladrones, los vagos, los ñoquis estatales y los adictos a la dadiva. Todos ellos, por definición, carentes de respeto alguno por la propiedad privada.

¿Cuáles son las últimas novedades con las que nos deleita al respecto el desgobierno en funciones?

A partir de las recientes usurpaciones de tierras ocurridas en la Provincia de Buenos Aires y la absoluta inoperancia de la justicia y la policía para resolver la situación conforme a derecho, he aquí que Axel Kicillof, gobernador de la Provincia de Buenos Aires por el Frente de Todos – ha decidido que para “resolver” el problema nada más práctico y eficaz que un subsidio mensual a los usurpadores por una suma de hasta $50.000.

No sé si los lectores estarán pensando lo mismo que yo, pero se me ocurre que no deja de ser una alternativa interesante para todos: en vez de trabajar laboriosamente para ganar 50,000 pesos legítimamente, ofreciendo bienes y servicios en el mercado, cumpliendo horarios o generando emprendimientos, la “alternativa Kicillof” luce como un espléndido negocio.

Un par de días de campamento y nos hacemos de 50,000 pesos contantes y sonantes por un par de meses. Nada de andar levantándose temprano ni haciendo reuniones en zoom ni nada de eso.

El objetivo, dicen desde el gobierno, es “desalentar las tomas de tierras sin recurrir a fuerzas de seguridad”. Entregarán así 54 millones a lo largo de tres meses, aunque anticipan que la iniciativa puede extenderse.

Si recordamos además que, como aseverara Milton Friedman, “nada es tan permanente como un programa temporal del gobierno” (y si todavía tienen dudas pregúntenle a los creadores del impuesto a las ganancias), lo que resulta realmente preocupante es la forma de abordar el problema.

Porque una usurpación constituye sin duda alguna un evidente atentado contra el derecho de propiedad, donde hay un clarísimo culpable (el usurpador) y una clarísima víctima (el dueño). Y sin embargo, Argentina decide subsidiar al agresor en lugar de expulsarlo y castigarlo, acudiendo en auxilio de la víctima.

En resumen, la “grieta” va mucho más allá de meras discrepancias de coyuntura. Es simplemente imposible vivir en una sociedad partida de este modo. Como German Fermo afirmara, airadamente, en una entrevista con el periodista Pablo Rossi. “Están los que defienden la propiedad privada y los que no, los que defienden el honor del trabajo y los que no (…) No podemos vivir juntos”.

Si realmente no nos podemos poner de acuerdo en temas tan elementales, que constituyen verdaderamente los cimientos de cualquier sociedad, ¿qué clase de futuro podemos vislumbrar?

El caso argentino se ha convertido ya en objeto de estudio como ejemplo de “involución”. Los marcos jurídicos se desdibujan día a día. Hemos instalado en la psiquis de la mayor parte de la población la tesis “bergogliana” de que “la necesidad crea derechos” y aniquilado la cultura del trabajo. Trágica situación que, aun cuando logremos empezar a desandar el camino, llevará mucho tiempo revertir. 

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