Los conceptos errados de Mario Abdo Benítez que aún puede corregir

Errores conceptuales de Mario Abdo Benítez



El presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, sostuvo:

“Tal vez nuestra democracia necesita un debate interno. El capital solo y el mercado solo deshumanizan a la sociedad si no hay contención de un Estado presente para gente que no tuvo la suerte que tuvimos otros, para sectores vulnerables. El Estado debe encargarse de generar una igualdad”.


Tal alocución encierra muchos errores conceptuales que es preciso identificar para brindar claridad sobre su real significado.

Hablar del “capital”, en abstracto, como si fuera una cosa, una fuerza extraña, o algo amenazante, trae consigo un aroma marxista. Lo mismo pasa con la mención “el mercado”, como si se tratara de un selecto grupo de personas, o un club de corporaciones.

Contraponer capital y mercado al humanismo y a la sociedad es un despropósito.

Supone que quienes representan al mercado y al capital van a actuar de manera antihumana y antisocial si no se los regula y controla.

Pero resulta que el capital es manejado por humanos, y el mercado son humanos interactuando, todos miembros de la sociedad. Pensar en deshumanización automática es un mero prejuicio sin respaldo.

Acaso se piensa que la sociedad provee otro tipo de personas de buen corazón y mejor criterio, contrarias al capital y al mercado, que por ello adquieren derecho a vidas de terceros y patrimonios ajenos. Pero los individuos que triunfan y acumulan capital, no pasan por ello a ser malas personas o amenazas. Y el mercado es una red interactiva que incluye a una kioskera, una multinacional, un zapatero y una librería. Es decir, personas físicas y jurídicas que forman parte de la sociedad.

Una sociedad es una cantidad de individuos; utilizarla como una abstracción o entidad propia para anteponerla a intereses individuales es una falsedad epistemológica.

Sobre las actuaciones solas sin un ojo vigilante, el mercado libre no deshumaniza a la sociedad. Son los miembros de la sociedad actuando acorde a sus preferencias, y eso es el rostro más humano que se puede conseguir.

Humanos comerciando con quien quieren, comprando y vendiendo a quien quieren, realizando su voluntad sin atacar voluntades de otros. Pueden aparecer criminales y actitudes deshumanizantes, pero ello no es porque “el mercado actúa solo”. Miremos la política, y veamos que allí están los peores criminales y las actitudes más deshumanizantes (corrupción, censura, genocidios). El mercado, al contrario, genera incentivos para la paz social y el trato cooperativo entre personas: intercambio de valor por valor, respeto de derechos individuales, crecimiento económico, realización de iniciativas particulares. Hay personas delincuentes que deciden serlo, hay sistemas que generan incentivos para su aparición, pero no es el mercado libre el responsable de tales decisiones u apariciones.


Los seres humanos son individuos libres e independientes. Un sistema que reconozca este hecho, favorece su desenvolvimiento como humanos. Un sistema que lo rechace, los deshumaniza. El mercado libre es lo primero. El estatismo es lo segundo.

La contención del estado presente es un eufemismo que esconde la aplicación de la coerción mediante la ley para violar derechos de unos y satisfacer necesidades de otros. Alude a mecanismos de redistribución que mediante otros eufemismos como “justicia social” pretenden realizar el ideal de “quitarle a los que más tienen para darle a los que menos tienen”, o que “quien tenga más, pague más”.

¿A quién “contiene” este estado? A los individuos productivos expoliados de seguro que no. Pero sí a quienes con actitudes extorsivas gritan que van a generar caos si su capricho no es satisfecho, o a quienes viven del clientelismo político favoreciendo un sistema que los mantiene por el esfuerzo de otros.

Además, los mecanismos de redistribución del estado implican igualar hacia abajo, ya que no producen riqueza, sino que la reparten; atacan a quienes generan la riqueza repartida; y atentan contra los incentivos para que la sigan generando porque a fin de cuentas se verán desposeídos.

¿Es este el ideal de igualdad que debe generar el estado? ¿No debería garantizar la igualdad ante la ley, es decir, mismos derechos individuales para todos, y nadie reclamando un privilegio a la fortuna de otro por el mal trago propio?


Entonces vemos que es el propio estado quien genera sectores vulnerables. El sector vulnerable de los individuos productivos, porque sus triunfos económicos son su perdición política: entran en la mira del estado, y serán estrujados para mantener a los menos exitosos. Y el sector vulnerable de los menos pudientes, que en un mercado libre se beneficiarían del genio y éxito de los más talentosos productores, pero que las regulaciones estatales han
acorralado; y que sin tanta presencia estatal ellos mismos podrían lanzar iniciativas personales para mejorar su situación, pero que las trabas burocráticas se encargan de enterrar.

Además, educar a generaciones en el parasitismo y el clientelismo político trae sus consecuencias: personas sin ética de trabajo y con vocación de vivir de lo regalado y/o mendigado.

Paraguay, que se encuentra en una situación mucho mejor que otros países del continente, está a tiempo de corregir este tipo de discursos de sus políticos que, de seguirse a pie juntillas, solo conseguirán arrastrar a su nación al mismo pozo de crisis, pobreza y estatismo en el que lo esperan Venezuela y Argentina.

No te pierdas las últimas noticias de Visión Liberal. Súmate a nuestro newsletter.

Loading Facebook Comments ...
0 Comentario

Dejar una respuesta