Hablemos de esa institución viva, evolutiva, espontánea y útil llamada “dinero”

Lo que debemos saber sobre el dinero

Pocos bienes en el mundo suscitan tantas reflexiones y anhelos como el dinero. Sin embargo, es generalmente poco lo que las personas saben sobre el mismo, a pesar de utilizarlo todos los días.

Si nos atrevemos a pensar sobre este bien en particular, pronto advertiremos que es una herramienta, un medio de intercambio. No obstante, es mucho más que solo eso. Yendo al fondo de la cuestión, podemos asegurar que el dinero es una institución que surge de manera evolutiva. A veces, la acción individual de sujetos en el mercado da resultado a ordenes que no se planearon en un primer lugar, pero que, mediante la competencia, entendida esta como un proceso de cooperación social, se expanden y establecen entre los miembros de una comunidad. Ejemplos de esto son el lenguaje, el mercado, el derecho; y lo es también el dinero.

Entre nuestros antepasados predominaba el trueque, es decir que los intercambios eran directos entre bienes. Ergo, si yo quería un bien en particular, debía encontrar a alguien que lo poseyera y que quisiera lo que yo tenía para ofrecer a cambio en el momento que yo lo tenía, luego, también, deberíamos discutir las cantidades correspondientes. Esta “doble coincidencia” generaba muchas trabas para el desarrollo del comercio. Como respuesta a este problema surge el dinero, que funcionaría como un medio de cambio generalizado, permitiendo así ampliar la cantidad de transacciones voluntarias, y por ende, el bienestar general. De esta forma, el concepto de dinero es posiblemente uno de los mayores inventos del hombre. A su vez, cabe aclarar que el dinero no necesitó de ningún gobierno o mandato centralizado para su surgimiento, sino que existió antes que estos.

Ahora bien, qué debe utilizarse como dinero también se determina de forma espontánea en cada sociedad de acuerdo a su conveniencia, por lo que hay ejemplos desde el cobre en Egipto, las cabezas de ganado en Grecia, las sedas en Persia, los clavos en Escocia, el azúcar en el Caribe o los cigarrillos dentro de los campos de concentración nazi.

Eso sí, el bien a utilizar debe contar con ciertas aptitudes que faciliten su uso como dinero: el uso generalizado, la estabilidad en el precio, la divisibilidad, homogeneidad, transportabilidad, durabilidad, dificultad en la falsificación, etc. Hoy en día, posiblemente nada cumple mejor con estos requerimientos que el Bitcoin, exceptuando los dos primeros. Por otra parte, históricamente se impuso el oro, dando lugar más tarde al patrón oro clásico internacional. Durante los años en que duró este sistema, la inflación nunca fue un problema. Pronto, igual, todo cambiaría.

El siglo XX fue el siglo de las guerras mundiales, y no es coincidencia que el advenimiento de estas coincidiera con la creación de los Bancos Centrales, a principios de la centuria. Es sencillo, si para costear una guerra los gobiernos debieran enviar un cuantioso impuesto extraordinario a los ciudadanos de su país, seguramente los conflictos terminarían antes de empezar. En cambio, esto ya no sería así una vez que los Estados pudieran crear dinero, permitiéndose a sí mismos afrontar sus gastos bélicos imprimiendo billetes. Al llegar la primera guerra mundial, se rompe el patrón oro como lo conocíamos, y al finalizar la segunda, pasamos a un sistema que unía al dólar con el oro, establecido en la cumbre de Bretton Woods e ideado especialmente por John Maynard Keynes. Finalmente, fue la guerra de Vietnam -y los gastos que supuso- la que obligo a Richard Nixon a romper la convertibilidad impuesta entre onza de oro-dólar, eliminando los últimos resquicios del sistema que ataba a los gobiernos y dejando paso a un mundo de dinero fiduciario sin respaldo, donde la inflación se disparó. Este hecho es considerado por algunos como el único default en la historia de los Estados Unidos, puesto que no cumplió con la paridad que se había comprometido a mantener.

En la actualidad, los Bancos Centrales tienen el poder de expandir y contraer la cantidad de dinero en la economía. Lo hacen a través de operaciones de mercado abierto (compra y venta de bonos), de redescuento (subiendo y bajando la tasa de interés), de moneda extranjera (comprando y vendiendo divisas) y de encaje (modificando el coeficiente de reserva de los bancos). Cuando la oferta monetaria supera a la demanda, cae el poder adquisitivo del dinero, lo que llamamos inflación, y supone un cambio de precios relativos. Su causa es siempre y en todo lugar, mientras creamos en la universalidad de las leyes económicas, la creación de dinero exógena al mercado (si fuera endógena se absorbería).

Asimismo, vale la pena añadir que el dinero debe servir como medio de intercambio, reserva de valor y unidad de cuenta, tenemos que analizar estos puntos con cuidado antes de juzgar que moneda es la más idónea.

Ahora más que nunca, en estos tiempos inflacionarios que vivimos en el mundo, antes de dejarnos engañar por hombres prácticos, debemos recordar el origen del dinero, las verdaderas causas de su depreciación y lo que han hecho los gobiernos con este.

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