De Escohotado a Hayek: los pecados del comunismo y la epifanía liberal

La honestidad intelectual de los grandes.

Tal vez no se lo nombre en tierras americanas tan a menudo como a otros pensadores liberales, pero para aquellos que hemos tenido el honor de escucharlo en vivo (en mi caso en la Universidad del CEMA en Buenos Aires, Argentina, dos años atrás) la vivencia de escuchar a un intelectual de fuste como el español Antonio Escohotado es ciertamente intransferible y maravillosa.

Es posible que lo más inmenso que tenga este escritor sea su brutal honestidad intelectual.

Antonio Escohotado no fue un mero activista comunista “académico” o de “salón” sino que incluso, durante la Guerra de Vietnam, llego a planificar unirse al Viet Cong. Era un fervoroso creyente en el marxismo, dispuesto a morir por las ideas a las que por entonces adhería.

En una entrevista televisiva subida a su canal oficial e YouTube Antonio Escohotado Espinosa, tal su nombre completo, nos comparte sus emociones frente al cambio radical que experimentó en su forma de pensar. Dijo Escohotado en esa ocasión:

“Mira, a mí me ha dolido creo que más que a nadie cambiar de idea porque había puesto tanto corazón, tanta esperanza en que el comunismo fuese la forma moderna del humanismo, y la experiencia demostró que me había equivocado (…) Primero me abstuve durante varios años, no dije nada, ni siquiera a mi círculo inmediato, y luego me dije “aquí tengo una responsabilidad conmigo mismo y con los demás” (…)”.

Estremecedoras palabras, pronunciadas al borde de las lágrimas.

No fue el de Escohotado el único caso notable de “cambio” o de “evolución” en las ideas, desde el socialismo o el comunismo hacia el liberalismo. En tren de seleccionar algunos nombres, podemos mencionar al propio F.A. Hayek, inicialmente comprometido con los ideales de la sociedad fabiana, movimiento socialista británico que constituyó los cimientos del posterior partido laborista inglés.

Otra figura interesantísima en este mismo sentido es la de Thomas Sowell, discípulo de Milton Friedman, que fuera miembro de los Black Panthers, partido de extrema izquierda fundado en California en Estados Unidos en la década de 1960.

En América, el Dr. Benegas Lynch (h) cita con frecuencia la figura del peruano Eudocio Ravines, ex Premios Mao y Lenin a convertirse en autor de una obra clave del liberalismo americano como lo es “La gran estafa”.

Resulta significativo ensayar una reflexión sobre esa peculiar cualidad que presenta el ideario liberal.  Es un camino de ida. Abundan los ejemplos de “conversiones” desde el socialismo hacia el liberalismo. No ocurre lo mismo a la inversa.

El primer contacto con las ideas del liberalismo suele tener el carácter de una epifanía, una iluminación. Ese momento, diríamos coloquialmente, en el que a uno ‘le cae la ficha’. y ya no hay manera de volver a atrás.

Percibimos entonces que todo ese discurso bienintencionado del socialismo que tal vez deglutimos alegremente y repetimos inconscientemente en nuestras etapas escolares o universitarias no era más que un fraude y una farsa.  Y frente a ello, el liberalismo, con todo su debate de ideas, nos propone en contraste un rumbo mucho más luminoso, de respeto, cooperación, paz y prosperidad. 

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