Alemania: el arte de gobernar un país donde nadie está de acuerdo y todos quieren decidir

Stop. Precaución. Avance.

Las luces del semáforo ordenan, agilizan y mejoran el tránsito y nadie duda de su eficacia para prevenir accidentes. Con ese espíritu, Alemania recibió al nuevo gobierno el último 8 de diciembre. El canciller Olaf Scholz lidera el proceso que puso fin a la larga era de Ángela Merkel, la mujer que dominó la política alemana y europea en los últimos 16 años.

“Semáforo” es, justamente, el nombre con el que popularmente se conoce la coalición que ahora gobierna Alemania. “Son tres partidos diferentes. La socialdemocracia es la izquierda racional, los verdes la izquierda utópica y los liberales, quienes conforman el partido más racional, explica Lars-André Richter, representante de proyectos de la Fundación Naumann en Argentina, Paraguay y Uruguay.

Así dio luz verde este “semáforo” ideológico que, a criterio de Richter, “tendrá que aceptar el desafío de sobrevivir cuatro años. Es más -arriesga- (esta disidencia de ideas) puede ser muy productivo también“.

Entrevistado por Martín Simonetta, de Fundación Atlas por la Libertad, en un evento convocado para hablar del rol de los liberales en el nuevo gobierno alemán, el académico dejó algunas explicaciones que, para la política argentina, son inéditas: la aceptación del disenso, las negociaciones racionales, los presupuestos transparentes. Son algunas claves, también, que explican por qué Alemania es Alemania y Argentina… argenzuela.

“Un gobierno funciona si todas las partes están comprometidas”, dice Richter, como si fuera una revelación para la política vernácula. ¿Cómo funciona ese equilibrio? Dándole a cada partido una cuota de poder importante, una tarea central y un rol protagónico.

Lo explica así: “El presupuesto y las finanzas está en manos de los liberales. El ministro Christian Lindner maneja temas impositivos, presupuestos, deudas. Medio Ambiente y cambio climático están en manos de los Verdes, lo que es lógico. Y el mercado laboral es área de los socialdemócratas”.

Parece fácil, pero no lo es. El conflicto aparece y se bifurca, como en todo ejercicio de poder: es inevitable. “Por ejemplo, para los socialdemócratas, el salario mínimo es un tema central. Ellos pidieron un salario mínimo de 12 euros la hora y los liberales están en contra de esa idea. Pero tuvieron que aceptarla para tener más flexibilidad y libertad en la tarea de las finanzas”.

Los votantes aceptaron esta coalición tan heterogénea de partidos. “Las encuestas marcan que no hay muchos cambios con respecto a los resultados de septiembre. No hay frustración”.

Otra palabra que en Argentina está inevitablemente ligada a sus representantes. La desilusión de los votantes no tarda en llegar y se vislumbra cada vez que se advierte que con el codo se borra lo que se escribió en la campaña.

La inflación en la zona del euro, el avance del COVID y sus variantes, la situación internacional son temas candentes y de aristas conflictivas que el “semáforo” del poder debe administrar con inteligencia.

Por ejemplo, los Verdes creen que hay deudas positivas y deudas malas. “Es una filosofía un poquito complicada”, define Richter y explica: “Ellos creen que el dinero para gastos públicos, como infraestructura o educación, es ‘deuda buena’. Lindner, que es el presidente del partido liberal y el ministro de Finanzas, es representante de la austeridad, esa es la filosofía que representa“.

Las banderas liberales parpadean en el “amarillo” de este semáforo de poder. “Menos Estado, más Mercado, menos deudas” anticipa en el debate para un presupuesto que en Alemania, se presenta ante el Parlamento recién en marzo. “Eso puede ser complicado porque el gobierno no está cien por ciento a favor de esta política. Vamos a ver qué pasará en marzo porque el ministro tiene argumentos muy importantes con lo que esperamos pueda convencer al parlamento para que lo apoye”.

¿Y entonces? “Hay conflictos y mucho potencial de conflicto entre los representantes de la austeridad y los enemigos de ella. Ese será el desafío por los próximos cuatro años”, sintetiza Richter.

Bienvenidas las diferencias, entonces. Que se replican en toda Europa y con todos los temas centrales de gestión. De hecho, en la Unión Europea conviven las miradas diferentes: “Los Países Bajos, Dinamarca y Alemania están a favor de la austeridad y los países “mediterráneos” a favor de más impuestos para financiar gastos públicos”, ejemplifica Richter en otro pasaje de la entrevista.

El problema, claramente, no son las disidencias, sino la forma de enfrentarlas.

Ómicron, deudas, medioambiente: las definiciones de André-Lars Richter en el análisis del nuevo gobierno alemán en el video completo. ¡Disfrutalo!

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