Trump apuesta otra vez a la voz de la “mayoría silenciosa”

Lo que enfrentan Donald Trump y sus votantes



Lo que enfrenta Donald Trump en Estados Unidos y alrededor del mundo ya lo conocemos desde hace aproximadamente cinco años, cuando lanzó su candidatura, luego compitió en las elecciones presidenciales, y durante el transcurso de su mandato que pretende renovar en pocos días.

En todo este tiempo, no ha cesado de atacar y atacar, de mentir y mentir, para posicionar otra fuerza política en su lugar. Se trata de un formidable aparato de propaganda, fake news, difamaciones y cobertura parcializada que envuelve a amplios sectores de notoria presencia, fama internacional e influencia en la opinión pública. Un aparato que opera a partir de una alianza política, mediática, artística y deportiva: el Partido Demócrata, la mayoría de los medios de comunicación, Hollywood, las financiaciones de George Soros, representantes y figuras de la NBA y NFL, entre otros.

Aún así, en una histórica elección en 2016, frente a todos los pronósticos -pagos por los demócratas o militados para ellos- Donald Trump se impuso y obtuvo la presidencia de los
Estados Unidos.

Nunca nadie había tenido que enfrentar semejante arsenal propagandístico financiado con billones de dólares provenientes de la política, el terrorismo, los acuerdos con el poder.

Y téngase en cuenta que vivimos en la era de las comunicaciones globalizadas y la multiplicación por segundo de la información.


Ni siquiera Hitler en su momento tuvo que enfrentar en cantidad similar la mala prensa que intentó minimizar a Donald Trump. A Hitler no le dedicaron encuestas públicas trastocadas en cadenas de medios mundiales que lo daban por perdedor con una diferencia de 99% a 1%.
Muchos alegaron no conocer los campos de concentración que abundaban en Alemania y Polonia, entre otros países. Otros compraban la propaganda nazi del pacífico renacimiento cultural alemán. Con Trump todos parecían saber su historia de larga data como racista, xenófobo, misógino, corrupto, etc. Todos parecían conocer lo que este “loco en poder de bombas nucleares” haría contra la paz mundial.

Con su triunfo, se quedaron boquiabiertos los periodistas militantes, los políticos inescrupulosos -incluso los propios republicanos que tiraron en su contra-, los seguidores fanatizados de Hillary Clinton, las corporaciones que ya tenían sus planes armados para beneficiarse con los demócratas.

Ganó la llamada “mayoría silenciosa”, que no fue mayoría en el conteo de votos -ya que Trump ganó por el sistema de colegio electoral, no por tener la mayoría de votos- pero que sí es una enorme cantidad de gente, medida en millones de americanos, que se quedaron prácticamente sin representación en los centros de comunicación, y fueron bastardeados, vituperados, denigrados y perseguidos con la cooperación de los políticos demócratas.

Silenciosa porque nadie quería o se animaba a defender o intentar comprender sus posiciones en un ambiente cultural dominado y amenazado por los demócratas. Silenciosa porque los propios votantes de Trump podían sentir miedo al expresar a viva voz sus preferencias, ya que podían ser víctimas de ataques izquierdistas, bullying demócrata, persecuciones laborales, hostigamientos sociales, etc.

En estas nuevas elecciones de USA que están a la vuelta de la esquina, Donald Trump y sus votantes enfrentan lo mismo. El aparato del miedo. De la hostilidad. De la burla. De la desinformación. No quiere decir esto que ellos no hayan caído a veces en conductas similares y reprochables. Pero en líneas generales, no hay equivalencia en medida y alcance con lo que han hecho los demócratas y sus aliados.
La firmeza, la defensa y la precaución serán nuevamente las cartas que no podrán dejar de jugar.

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