“Estos límites de control solo los vi en películas de ciencia ficción”

El espacio, la última frontera.

Así comenzaba Viaje a las estrellas , una saga que trascendió los límites de la televisión y el cine para convertirse en un clásico de la ciencia ficción. James Kirk y el Sr. Spock, valientes “guerreros” que a bordo de The Entreprise conquistaron el espacio y sus razas intergalácticas. Sesenta años después, Gabriel Zanotti recurre a ellas para explicar cada misterio de la humanidad. O cualquiera de las neuróticas películas de la etapa más neurótica (e iluminada) de Woody Allen.

Gabriel Zanotti busca respuestas. Ahí o en los libros, que es donde están todas las respuestas. Licenciado en Filosofía, da clases en la UNSTA y dicta seminarios en Eseade y CEMA, escribe y publica con fruición ensayos y da clases a no filósofos por el solo placer de dar clases. Pero ahora, nada de esto alcanza. Tengo dudas de todo reconoce a Visión Liberal en una charla telefónica (nada de cámaras, ni zoom, ni whatsapp, teléfono).

El Coronavirus, el aislamiento, las medidas de “prevención” que se asemejan tanto a las de “control” marean. No hubo tiempo para procesar el cambio. El ínfimo virus cayó con la fuerza de un tsunami y obligó a “correr” puertas adentro. La globalización se pinchó con la aguja del COVID y ahora giramos en una elipsis sin control que nadie sabe dónde va a terminar. Zanotti tampoco.

Y como la filosofía es un juego dialéctico de preguntas y respuestas, él comienza la charla con una pregunta: ¿el fin justifica los medios? Silencio.

Y entonces, aparece el filósofo. Después de seis días de aislamiento social, de ver cómo crece la curva de contagios en el mundo y empiezan a sumarse víctimas en Argentina, después de asomarse a la ventana y encontrarse con policías incautando autos en los accesos a Buenos Aires, después de observar cómo las conductas humanas despliegan su potencial (cualquiera sea) en tiempos de crisis y sin saber cómo se empezará o se continuará cuando la cuarentena se levante, la duda es inevitable. Aún en el aséptico, frío, calculado terreno de la epidemiología, donde dos mas dos es cuatro, no hay una respuesta clara. ¿Sirve este encierro? ¿Acorralará al virus y su maléfica expansión? ¿Es el mal menor?

“Esto me hace pensar que la ciencia tiene más límites de los que suponía”. Zanotti dixit.

“Todo está sujeto a debate. Esto me lleva a pensar que la ciencia tiene más límites de lo que uno suponía hasta hoy para dar respuestas a la crisis”.

Si la ciencia no tiene definiciones precisas y objetivas, estamos en problemas. “Hay un consenso general que es el que debemos proteger a la gente mayor, quien estadísticamente es la que más sufre el impacto del coronavirus”. En eso estamos de acuerdo todos.

Pero si se “raspa mas”, aparecen otra vez los bandos de pensamiento opuesto. “Si profundizamos el debate se hace más dicotómico”.

La famosa grieta, sí, que reaparece. “Esta vez separadas en dos bandos: el “bueno” (la gente que está a favor de la cuarentena y acata las disposiciones oficiales sin cuestionarlas ni quebrarlas) y el “malo” (los desalmados que no creen que el aislamiento sea efectivo). Y habría un tercer bando, que es donde estoy yo, que es el bando “que tiene dudas de todo”.

Salvo la pregunta, que recurrente, vuelve a hacerse Zanotti: ¿el fin justifica los medios?

Y avanzando en el nivel de análisis la respuesta es más contundente. “Si pensamos que “si”, podríamos pensar que la sovietización de una sociedad es éticamente correcta. Y me niego a esta mirada. Creo que la sovietización o reacción autoritaria -que es creciente, a medida que pasan los días y se complejiza más la cuarentena- es el peor de los escenarios.

Supongamos que los que adhieren a la cuarentena total fueran la opinión mayoritaria y hasta tuvieran razón: eso es inadmisible en una sociedad libre.

“Me tengo que remontar al año ’78, a la campaña somos derechos y humanos o al año ’82 cuando nos decían que íbamos ganando la guerra”.

El camino del autoritarismo tiene huellas marcadas de otras épocas que aún no se han borrado. Y que hoy los medios reflejan en mayor o menor intensidad. “Estamos transitando un fenómeno colectivo que hacía años no había en la Argentina de persecución al disidente, a aquel que no opina como la mayoría”.

El “#YoMeQuedoEnCasa trae ecos de campañas anteriores. “Me tengo que remontar al año ’78, a la campaña somos derechos y humanos o al año ’82 cuando nos decían que íbamos ganando la guerra. En aquel momento, cualquier disidencia era acallada, impedida y eso nos acercaba peligrosamente al totalitarismo. De alguna manera, ese fenómeno reapareció: la intolerancia frente a la opinión contraria”.

“Escuchaba al presidente de la Nación hablar de la dicotomía entre “vida / economía”. Y él elegía la vida sin considerar que la economía también es la vida.

Porque una persona para vivir necesita proveerse de los bienes mínimos e indispensables”. Si no comen, mueren. Y si no pueden trabajar, no pueden comer.

El camino del autoritarismo, como el del infierno, a veces puede justificarse con buenas intenciones.

Por último Zanotti plantea un escenario hipotético. Y se pregunta qué sucedería si, tal como dicen muchos medios, el COVID-19 es un virus de laboratorio que se diseminó selectivamente en algunos países. Se pregunta el filósofo: “¿Nadie está analizando las consecuencias gregarias y autoritarias que este hipotético virus de laboratorio genera en las sociedades modernas?

“Estos mecanismos de coacción y control para mantener en cuarentena a millones de personas no había ocurrido nunca hasta ahora, salvo en películas de ciencia ficción”.

En Occidente no sucede desde la manipulación de los gobiernos totalitarios de la URSS o los países de la Cortina de Hierro”.

¿Y entonces? ¿Cómo sigue esta escalada? ¿Cómo podría continuar mañana esta historia, cuando la policía ya no pueda detener a más gente que viola la cuarentena porque las cárceles están llenas (y encima pueden multiplicar el contagio)?. ¿Qué va a pasar?”

“¿Van a comenzar a disparar a los que violan la cuarentena? -aventura, con terror- ¿Qué va a pasar cuando la gente salga a la calle porque tiene que ir a buscar comida para sus hijos?

El distópico escenario es, por ahora, tan irreal como la película Viaje a las Estrellas. Así como el COVID borró las fronteras de los países, el encierro comienza a diseñar nuevos territorios para el bien y el mal. La batalla tiene nuevos escenarios, pero la saga continúa. No está James Kirk y su orejudo aliado guiando la nave. Tampoco la terapia cosmopolita de Woody Allen. Aprender de la experiencia será, también, una tarea filosófica.

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