Una mínima señal de racionalidad

Una señal de racionalidad

Sorprendente. El equipo económico del “desgobierno” de Alberto Fernández suspendió los precios máximos para más de 50 categorías de productos, entre ellos vinos, licores, sopas, purés instantáneos, jugos y maquillajes. Son buenas noticias: permitirán que el libre juego de la oferta y la demanda funcione y se reducirán algunas distorsiones, entre otros efectos positivos.

A primera vista, el gobierno parecería estar girando a la ortodoxia. Recientemente el tesoro ha devuelto al BCRA adelantos transitorios. Se ha encarado un ajuste –lamentable, pero ajuste al fin- al sistema de seguridad social, en vistas a reducir el gasto. Han prácticamente discontinuado el IFE (ingreso familiar de emergencia). Han anticipado que se descongelarán las tarifas a partir de diciembre. Y ahora, han liberado en cierta medida algunos precios máximos. Falta que se bajen los sueldos.

Luego del disparate económico que han realizado estos muchachos en sus primeros 10 meses de gestión, resulta extraño que se tomen estas medidas, intrínsecamente acertadas, aunque siempre contra el telón de fondo de políticas y discursos empobrecedores. Cabe aventurar dos hipótesis explicativas.

La primera es que se asustaron. Hace unas semanas, el dólar paralelo llego a tocar los 195 pesos. Y cuando en Argentina el dólar se dispara, el gobierno tambalea. No es extraño. Somos un país que no tiene moneda hace décadas. A diferencia de lo que ocurre en otros países de la región, como ser Chile o Brasil, los argentinos tasamos nuestros inmuebles y nuestros autos en dólares, ahorramos en dólares: hemos entrenado a nuestros cerebros para calcular ágilmente nuestras transacciones en un formato bimonetario de hecho.

Tal vez entonces ese susto de un dólar rozando los dos “Evitas” haya forzado a nuestros burócratas favoritos a corregir algunos de sus dislates más notorios.

La segunda hipótesis es que viene el preceptor. El Fondo Monetario Internacional llega al país en búsqueda de un posible acuerdo. Las recetas clásicas del organismo suelen ser dólar libre para cuidar reservas y reformas estructurales (laboral, impositiva, y previsional) para evitar déficit y generar un contexto favorable al crecimiento. En este segundo escenario el gobierno podría presentar estos “logros” a modo de pruebas de “buena conducta”. Habrá que ver si ello es suficiente para seducir nuevamente al FMI para que siga prestándonos plata a pesar de nuestro histórico comportamiento de adolescentes irresponsables.

Lo cierto es que luego de haber fracasado estrepitosamente en el manejo de la pandemia, el gobierno está tomando medidas para eliminar algunas distorsiones presentes en la economía, mediante la modificación de la fórmula previsional, una reducción de la emisión monetaria, descongelamiento
proyectado de tarifas y eliminación de precios máximos.

Bastante bien, después de todo. Esperemos no sea sólo un maquillaje transitorio y nuestras autoridades emprendan de una vez el camino hacia un auténtico ajuste fiscal, que liberen el tipo de cambio, deroguen la doble indemnización, reduzcan la presión impositiva, se comprometan con el derecho de propiedad y garanticen la seguridad jurídica.

Puede que sea demasiado, pero al menos podemos dejarlo planteado como lista para los Reyes Magos.

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