“Regalar plata transmite la idea de que nunca van a poder salir adelante”

El sistema Tekopora, en Paraguay, es similar a la Asignación Universal por Hijo en la Argentina. Tiene buenas intenciones (eliminar la pobreza o al menos, achicarla) pero pésimos instrumentos: subsidios, asistencialismo, protección del Estado. Todas palabras que, paradójicamente, multiplican la mendicidad. Para el gobierno, la fórmula es matemática: si una persona lleva a su hogar 600.000 guaraníes por mes, deja de ser pobre. Entonces, la fórmula es: “si te doy plata, dejás de ser pobre. Lo único que te pido a cambio es que tu hijo vaya a la escuela y a la salita de salud. Nunca se le pregunta qué necesita para dejar de ser pobre. Simplemente, se le da dinero”.

“Regalar plata lo único que logra es un clientelismo político y provoca también dependencia. Se transmite a la familia la negativa idea de que sus integrantes son inútiles, que nunca van a salir adelante”.

“Así Paraguay nunca va a dejar de ser pobre”. La afirmación es de Martín Burt, director de Fundación Paraguaya y autor de un libro que propone una forma original, simple y contundente para eliminar de verdad la indigencia.

¿Quién es el dueño de la pobreza? Se pregunta Burt en el título de su obra

Burt rompe los paradigmas establecidos. Para el, la primera falla geológica del andamiaje social es la forma de medir la pobreza. Para él, el gobierno la mide mal. Y con lógica plantea el primer cambio: que cada hogar se autoevalúe. “Lo que proponemos es que una familia de Paraguarí o de Ygamití pueda autodiagnosticarse y establecer sus propias propiedades para desarrollar un plan de acción que lo saque adelante”.

O sea, que cada cual se haga cargo de lo que puede transformar. Por eso, el “plan” para eliminar la pobreza tiene que contemplar no sólo el ingreso de dinero sino el empleo, vivienda, infraestructura, salud, ambiente, educación.

“Los programas del Gobierno son superficiales”, evalúa Burt porque solo “mide” el ingreso de dinero en el hogar. Y no es el único factor que cuenta para el autor del libro que fue presentado a finales de 2019 nada menos que junto al Nobel de Economía 2006, Edmund Phelps.

En resumen, para hablar en serio de eliminar la pobreza hay que partir de otro ángulo: abandonar la idea de que el Estado certifique quién es pobre y quién no y que cada cual tome conciencia.

Esa es la clave. Conciencia. Cada uno sabe su situación. Si tiene problemas de letrina o de dentadura. Si falta educación o ingresos. De la respuesta a esa pregunta surgirá la motivación para buscar el cambio. “Una toma de conciencia para la autoeficacia. Trabajamos mucho con los conceptos del sicólogo norteamericano (canadiense) Alberto Bandura, creador de la teoría de la autoeficacia.

Para cambiar, las personas tienen que responder afirmativamente a dos preguntas: “¿Vale la pena?” y “¿Seré yo capaz de hacerlo?”. “Vale la pena” tiene que ver con la motivación y “Seré yo capaz…” tiene que ver con las destrezas y las capacidades”, confesó Burt en la presentación de su libro.

¿Cómo medir, entonces, la pobreza?

Con un semáforo. La Fundación Paraguaya desarrolló un sistema similar al del ordenamiento vial. Cada familia se autocalifica con verde, amarillo o rojo en cincuenta ítem diferentes que darán el índice real de pobreza.

El sistema se usa en México, Sudáfrica, India, China; países ricos como Estados Unidos, Inglaterra…, en 29 países y 260 organizaciones. Es como una mega encuesta que coordina todos los aspectos de la vida social. Ese es el mapa real que se necesita para empezar a hablar de pobreza. “Nosotros proponemos que ocho mil funcionarios públicos capacitados, a razón de 200 familias cada uno, puedan encargarse de llegar a 1.500.000 familias para hacer un seguimiento y eliminar la pobreza a corto plazo. La tecnología y el georeferenciamiento nos permiten llegar hoy a decenas de miles de familias. Los programas de gobierno son superficiales. No llegan a la gente. Por eso el Paraguay no avanza. Un extensionista del MAG va por su lado, un maestro va por el suyo, el de Crédito Agrícola por el suyo. El trabajo del Gobierno está siempre descoordinado y no resuelve los problemas. Queremos empoderar a las familias. Con la tecnología que hay, en 20 minutos una familia humilde puede autodiagnosticarse en 50 indicadores, y decir en qué está en verde, en amarillo o rojo.

Hay tantas pobrezas como personas la viven. Algunas pueden tener un “amarillo” en violencia doméstica porque no es una mujer golpeada físicamente pero sí necesitar protección de la justicia en algunas situaciones puntuales. O marcar rojo porque no tiene dientes. O verde porque llegaron a construirse un baño, entonces en sanitarios no tienen problemas pero si un rojo porque le falta la cocina. Ese “verde” significa que en “baño” eliminó la pobreza. Hay que ir por más.

Hay muchas pobrezas. Esto es como medicina molecular. No es más como la quimioterapia que mata las células malas pero las buenas también. Con este nuevo enfoque se identifican cuáles son las células que están enfermas, y a esas se las ataca. Es un trabajo de precisión, de georeferenciamiento. Hasta los indígenas del Bajo Chaco con los que trabajamos tienen verde en un montón de cosas. Saben sus prioridades”.

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