Que los hay, los hay: el “hiperfantasma” merodea cerca

 “Hiperfantasma” en el horizonte.

Da pudor repetir que “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”. Realmente agota. 

E incluso, y pese a su remanido latiguillo barato de que “la inflación es un fenómeno multicausal”, la casta política que nos gobierna lo sabe.  Y por eso, ante un estado de situación que ya está encendiendo alertas rojas, las medidas que el gobierno está implementando por estas horas para contener el inminente viaje hacia el abismo son de tipo monetario.

En efecto, los tiempos se están acelerando. En particular, según las últimas mediciones, se verifica un ascenso exponencial de la inflación –léase una alarmante pérdida de valor de nuestros “pesos soberanos”- a punto tal que la demanda de dinero se ha reducido a niveles mínimos. Los argentinos saben que tener pesos en la mano es un pésimo negocio, lo que ha incrementado la presión sobre el dólar. De nada ha servido tener un tipo de cambio oficial pisado, ni las naftas planchadas, ni las tarifas congeladas. 

Seguir recurriendo al Banco Central para continuar financiando desatinos es ya inviable si lo que se quiere es desactivar la bomba, o, en términos más “náuticos”, desviar el curso de colisión que al presente nos lleva derechito hacia el iceberg.

Entre las señales de que en el gobierno saben que tienen que poner los motores en reversa podemos señalar estas dos:   

En primer término, el gobierno nacional está a estas horas procurando reducir la emisión monetaria como mecanismo de financiación de sus necesidades presupuestarias para el año que viene. Según el Cronista Comercial, la idea es bajar el número del 60% al 40%.  Ojo, tampoco es para ponerse a bailar “Jerusalema” como los niñitos Masaka, claro, porque no es que van a bajar el déficit, sino que intentan reemplazar la emisión por préstamos de organismos internacionales, como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo.

La segunda señal es que el Tesoro acaba de devolverle al Banco Central 16.700 millones de pesos que había recibido como Adelantos Transitorios para gastar. Son en todo caso 16.700 millones menos de gasto, y por ende, de emisión. Digamos que al menos es un gesto.

Ambos son tenues indicadores de que, tras la verborragia populista, tal vez quienes nos gobiernan tengan un poco más de idea de lo que aparentan. Digamos que han girado el timón unos graditos en el rumbo de colisión. 

Tal vez no en forma consciente, pero digamos que “subconscientemente” la población sabe que la Banca Central siempre ha sido un instrumento de saqueo cuya misión real, no escrita en sus floridos estatutos, ha sido imponer tributos no legislados mediante una emisión monetaria que por definición degrada el valor de la moneda en los bolsillos de todos. Por eso el dólar blue, último refugio contra el saqueo estatal, se dispara ahora como pasajero a bordo de una nave espacial comandada por el mismísimo Elon Musk.

La pérdida de confianza se refleja asimismo en la estrepitosa caída de imagen positiva del gobierno. Pues no sólo la economía se ha derrumbado, los precios suben, y el dólar se dispara: tampoco la pandemia ha sido controlada, y la emigración alcanza ya niveles semejantes a los del 2001. 

El gobierno no tiene ningún éxito para mostrar ni del cual jactarse. Le alcanza, modestamente, con no fracasar de modo estrepitoso. En términos futbolísticos, se conforma con perder, pero no por goleada. Si es que pueden. Por supuesto, lo que haría falta sería girar violentamente el timón, cambiar al director técnico. Pero dudamos exista la voluntad política de hacerlo. Y en la medida en que ello no suceda, la hecatombe inflacionaria estará cada vez más cerca.

No te pierdas las últimas noticias de Visión Liberal. Súmate a nuestro newsletter.

Loading Facebook Comments ...
0 Comentario

Dejar una respuesta