Paraguay y Argentina: el paraíso y el infierno separados por una frontera

Tristeza comparada: Paraguay y Argentina por sendas opuestas

Esta semana se conoció que en Paraguay, por la cantidad de dólares que diariamente se depositan, el Banco Central se encuentra en problemas ante la falta de espacio físico para su almacenamiento.

En Argentina, por el contrario, hay cepo y escasez, brecha cambiaria que crece minuto a minuto, y políticas y peroratas oficiales atentatorias e intimidatorias contra el ahorro en dólares y favorecedoras del ahorro en pesos.

Hay un abismo entre uno y otro, y estamos hablando de Argentina y Paraguay, jurisdicciones limítrofes. No estamos hablando de países que se ubican en puntos distantes del globo y exhiben cada uno visiones del mundo radicalmente distintas e incompatibles como sería el caso de la concepción de libertad en Estados Unidos y la concepción teocrática represiva en Irán.

¿Qué sucede entonces? Evidentemente hay diferencias, y estas juegan en favor de Paraguay. Allí hay mayor seguridad jurídica, mayor confianza económica, mejores posibilidades de inversión. El sistema jurídico, político y económico paraguayo no está espantando a los capitalistas, a los empresarios y emprendedores, y a quienes buscan progresar. En Argentina el sistema es putrefacto, insostenible, corrupto, privilegia a los políticos, perjudica la libre iniciativa, amenaza a propietarios, y envía malas señales a quienes quieren arriesgar en inversiones.

Según The Economist, Paraguay es el paraíso de los impuestos bajos. Argentina, el infierno

Explica el economista Manuel Adorni: “[En Paraguay hay] Bajos aranceles a las exportaciones e inversión externa que lleva bastante tiempo y confianza”; “…más allá de la marginalidad, los impuestos son bajos, simples y hay seguridad jurídica. De hecho, muchas empresas de servicios de Argentina están operando desde allá. Esto ocurre hace tiempo y conseguir la residencia es sencillo”. Un buen pantallazo de lo atractivo que resulta Paraguay a diferencia de la Argentina, donde la institucionalidad está destruida y los tentáculos del estado castigan el crecimiento privado.

En Paraguay hay dólares, en Argentina no. Pero eso se explica porque en Paraguay hay un proyecto que genera confianza, y en Argentina no. En Paraguay los impuestos son moderados, en Argentina confiscatorios. En Paraguay la inflación es baja, en Argentina alta, permanente y creciente. En Paraguay se favorece el comercio exterior, en Argentina se lo apalea. En Paraguay se recibe moneda extranjera, en Argentina se la regula hasta hacerla imposible.

Sí, es verdad. Paraguay tampoco es el reflejo de la perfección, y los liberales puntillosos pueden encontrar factores de crítica, por ejemplo, la ley que designa al Banco Central como la entidad encargada de guardar billetes extranjeros, o la regulación de una tasa del 1% para aceptar su depósito.

Pero Paraguay tiene sus méritos propios, y al lado de la Argentina lleva todas las de ganar. No es de extrañar que los dólares prefieran Paraguay, y que argentinos prefieran mudar sus operaciones allí antes que resignarse al sufrimiento provocado por la expoliación de su sistema nacional.   

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