Putin viola el pacto de Estambul y se avecina una gran hambruna

El bombardeo del puerto ucraniano de Odesa por Rusia consagra a Vladimir Putin como uno de los líderes con menos palabra y credibilidad del planeta. Un día ha tardado el presidente ruso en violar el pacto alcanzado con Ucrania, con la mediación de Turquía, para garantizar la salida de mercancías ucranianas y rusas con destino al comercio internacional. El destrozo causado en Odesa, la principal infraestructura del corredor alimentario, ahonda el pesimismo sobre un posible alto el fuego negociado y, lo que es más grave, eleva el riesgo de una gran hambruna para millones de personas en países en desarrollo de África y Asia, principales receptores de cereales ucranianos, como hoy explicamos en este diario.

El pasado viernes, delegados militares de los dos países en conflicto firmaron en Estambul sendos documentos ante Turquía y ante Naciones Unidas comprometiéndose a permitir la salida a través del Mar Negro de los cerca de 25 millones de toneladas de grano que se amontonan en silos ucranianos. Por su parte, Moscú se garantizaba un levantamiento parcial de las sanciones que le impiden la exportación de fertilizantes y grano. La comunidad internacional, especialmente la UE y EEUU, no ocultó sus recelos sobre el cumplimiento de los compromisos, si bien optó por la prudencia para no bloquear un pacto que habría alejado la sombra de una terrible crisis humanitaria en algunos de los países más pobres. Sus peores sospechas han tardado poco en confirmarse. El presidente de Rusia ha vuelto a dar muestras de su impasible perfil criminal al ordenar el bombardeo del principal puerto exportador, al tiempo que negaba su participación en el ataque. El escenario nos retrotrae a incumplimientos similares e igualmente crueles, como los de apertura de corredores humanitarios para la población civil que seguían siendo bombardeados por el Kremlin.

Es evidente que la estrategia del sátrapa ruso pasa por dividir internamente a los aliados. Lo intenta, no sin incipientes resultados, en Europa con la amenaza de un invierno energético; y lo propicia entre los países en desarrollo al impedir la llegada de alimentos, su principal fuente de desestabilización. Occidente no puede ceder ante la estrategia de desgaste urdida desde el Kremlin y ha de continuar apoyando sin reservas a Ucrania. También es preciso que Naciones Unidas, receptora del tratado de Estambul, ponga en marcha los mecanismos que estén en sus manos para sancionar la criminal violación del mismo.

Fuente: El Mundo

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