Otra secuela de las últimas elecciones: ¿se terminó el argumento del “voto inútil”?

EL FIN DEL “VOTO INÚTIL”

Ya en los albores de un nuevo año, es una oportunidad propicia para hacer un breve balance de lo ocurrido políticamente en el período que concluye. Adelanto que, a mi modo de ver, ha sido un año altamente positivo para los “ideales liberales”, con las variantes gramaticales y/o de fondo que se quieran agregar a este último concepto (libertarios, minarquistas, etc.).

Soy septuagenario y me eduqué básicamente en escuelas y universidades nacionales. En la etapa secundaria, y pese al nombre de la “Escuela”, que recuerda al Dr. Carlos Pellegrini, sólo recibíamos información referida a la función social de la propiedad, o a que el aspecto social debía siempre primar sobre el individual, o sobre las excelencias del “estado de bienestar” y hasta postulados como que “donde hay una necesidad, hay un derecho”. Todo ello a la luz de las presuntas mejoras y bondades de las reformas introducidas en aquellos últimos años a la Constitución Nacional, básicamente a través del artículo 14 bis.

En síntesis: nuestra generación y seguramente las que nos siguieron, se formaron a la luz de un modificado texto Constitucional que, de un plumazo, había dejado de lado los postulados básicos de la norma imaginada por Juan Bautista Alberdi.

Así, al correr de los años, y pasando los casi “lógicos” desvaríos marxistas de la juventud, mi generación llegó a una conclusión básica: al votar debíamos hacerlo por alguna de las dos alternativas que ofrecían los partidos políticos mayoritarios. Esta decisión era independiente de que compartiéramos o no puntos centrales de sus plataformas. Otra opción entraba bajo la calificación del “voto inútil”, y hasta justificaba las pullas de familiares y amigos.

Se sumaba a esto el agravante de que, los gobiernos de signo radical, nunca habían podido terminar sus mandatos. Ello originó el postulado de que “el único partido que puede gobernar en Argentina es el peronista”. Esto bajo las distintas formas de presentación que esta ideología, frentista y aglutinante de integrantes que abarcaban la totalidad del espectro ideológico, desde la derecha a la izquierda, en ambos casos extremas y hasta antagonistas.

Existieron eventualmente frentes que exhibían un sesgo diferente, pero nunca con una identidad política y económica clara o por lo menos sin que el elector pudiera comprender el alcance de sus “plataformas”. Así como se formaron, desaparecieron luego de las elecciones.

Sin embargo, en épocas recientes, se conjugaron algunos aspectos inéditos en nuestro panorama político.

Por un lado, los sucesivos fracasos de los partidos triunfantes, especialmente reflejados en los aspectos económicos y el consiguiente deterioro de la calidad de vida de la población. El obrero pasó a ser desocupado, indigente, planero o subsidiado; la clase media pasó a ser trabajadora autónoma o descendió dramáticamente en su nivel de ingresos; el empresario pequeño cerró sus puertas y el grande huyó del país. Ejemplo de este último aspecto fue el traslado a Brasil de la cerealera “Bunge y Born”, tras pagar u$s 60.000.000 de dólares como rescate de los hermanos Born a la organización “montoneros” (sin duda un éxito para quienes se ufanan de estar “combatiendo al capital”).

Pero al mismo tiempo confluyó en la actualidad un elemento antes ausente. Y es el que representaron un grupo de liberales, con distintas particularidades, pero que implicaron un verdadero cambio en el entendimiento general. Tomaron nueva relevancia intelectuales como, por ejemplo, el Dr. Alberto Benegas Lynch (h). Remarco que no fue el único. O instituciones (destaco aquí al “Club de la Libertad”), que trabajaron incansablemente por años en la difusión del ideario liberal. Y también se hicieron notorios otros ciudadanos como, siempre a título de ejemplo pero sin que ello implique la inexistencia de otros, José Luis Espert, quien tuvo hasta el “atrevimiento” y coraje de presentarse a una elección presidencial sabiendo que su intento estaba destinado al fracaso, pero que por lo menos significaría una “presencia” o alternativa liberal dentro del espectro electoral.

Por fin, y no menos importante, se produce la ruidosa irrupción en los medios de Javier Milei. Jocosamente invitado al principio por los medios de comunicación pero que, con su vehemencia y argumentaciones tuvo la virtud de llegar a una cantidad de electores que optaban siempre por votar “en contra  o a favor de” uno u otro partido predominante. Muchos nos convertimos, al votar, en simples ciudadanos que -sin compartir ideas básicas con ninguno de los dos grupos- nos inclinábamos por votar “en contra de” y no a “favor de” un modelo para nuestro país. O simplemente a no votar. Y es innegable que Milei llegó a sectores juveniles mostrando este camino alternativo que otros no habían logrado señalar.

Como resultado de las circunstancias referidas, tuvimos la oportunidad de advertir que había algo “distinto”. Tan viejo y tan olvidado como las ideas alberdianas. Y gracias a ello desapareció, en gran parte, el preconcepto de “voto inútil” o “voto tirado”, y surgió el de un votante consciente de que lo que elegía era un sistema nacido en el año 1853 y que había dado probadas muestras de éxito durante más de cincuenta años. No podía ser tan malo un sistema socio-económico que atrajo a miles de inmigrantes de la vieja y convulsionada Europa.

Queda así al descubierto una notoria discordancia con los muchos años de fracaso posteriores a la gesta de nuestros constitucionalistas.

Fue a través de argentinos como los tres casos ya mencionados, e instituciones como este “Club de la Libertad” que se llegó a convencer a un importante sector de la población electoral.

Ello se ve claramente en los resultados de las elecciones del año 2021.

Pero también se refleja en el cambio que -desde adentro de los partidos tradicionales- se observa en algunos de sus exponentes. Lo que antes era un discurso ideologizante socialista y de izquierda, marcó la iniciación en muchos individuos de un giro en ciudadanos que (por ignorancia o por temor a perder adeptos), se negaban antes y comenzaron ahora, a reconocer principios eminentemente liberales.

A partir de aquí toca a todo el espectro liberal, pero esencialmente  a quienes ahora sí pueden exponer sus ideas públicamente en los medios de comunicación a los que son frecuentemente invitados, divulgar la posibilidad de una concepción distinta de país.

No les quita mérito a los nuevos diputados el hecho de que interactúen con miembros de otros partidos mayoritarios que tengan alguna afinidad con el ideario liberal. No por ello están transformándose en parte de la “casta política”. Simplemente es una consecuencia lógica de un ideal que, como el liberal, se encuentra en plena expansión en contraposición del retroceso moral que muestran otros sectores políticos. Esos integrantes de otros partidos, son también los destinatarios de nuestros ideales. Atraerlos también a ellos, cada vez más, hacia nuestros principios, es parte de la labor de esos diputados. Porque sabemos que su valor proporcional en el conjunto de integrantes de cada cuerpo legislativo es muy superior al de la mera adhesión o rechazo de un proyecto de ley.

Las apariciones públicas de los diputados liberales (y el apoyo de cierto sector del periodismo que ahora sí se ha hecho visible en los medios de comunicación), es una oportunidad inigualable e imperdible para el crecimiento del liberalismo en la Argentina.

No debemos asustarnos, entonces, de esa actividad -casi gramsciana- de los diputados electos.

Sólo resta pedirles que se manejen con honradez y fidelidad a nuestros ideales alberdianos y que eviten entrar en el destructivo juego de reñir y desacreditarse entre los propios liberales que, en algunos casos, pueden implicar ofensas que pueden sabotear el éxito a mediano plazo del liberalismo.

¡Sí señores! el “voto inútil” ha desaparecido. Hay ahora una alternativa con ideas claras sobre el futuro de nuestro país. Nuestros conciudadanos, que quizás no nos apoyaron en los actos electorales del 2021, ya advirtieron -con la cruda verdad de los votos- que hay un nuevo jugador electoral a quien pueden apoyar en adelante. Esos eventuales votantes ya nos prestan atención. Miran con interés cómo nos desenvolvemos ante las duras circunstancias que vive el país. No los defraudemos. No olvidemos que también las izquierdas han crecido.

Trabajemos todos unidos apoyando a nuestros diputados nacionales y provinciales en la difusión de nuestras ideas y dejemos para el momento oportuno la decisión democrática sobre eventuales y futuras candidaturas.

Articulo publicado en Club de la Libertad

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