“No pasar” y la extraña premisa de falsa igualdad que discrimina más

Un problema y dos actitudes

Empecemos con una adivinanza. ¿Qué es esencial en Bélgica y no lo es en Francia o Gran Bretaña?
No, no son Los Pitufos ni Tintín.

Son las librerías. Consideradas por el gobierno como esenciales proveedoras de “salud mental” durante los encierros “pandémicos”, las librerías de Bélgica permanecieron abiertas, brindando a los habitantes refugio y escape a las restricciones del confinamiento.

Porque no es lo mismo “comprar por Internet” navegando entre catálogos donde todos los libros lucen más o menos iguales que entrar a una librería y sentirse “llamado” por la tapa de un ejemplar en papel, curiosear más allá del índice o el prólogo, y decidir finalmente “llevarse a casa” ese pequeño tesoro como compañía para las largas horas de encierro.

En otros países no pensaron lo mismo. Y así hoy, por ejemplo, la emblemática librería parisina Shakespeare & Co, así como su homóloga The Strand, del otro lado del Atlántico, experimentan una caída tal en su facturación que han llegado a efectuar desesperados llamados de auxilio para activar de alguna manera sus ventas a distancia y sobrevivir.

Lo extraño es que mientras esta icónica librería, fundada en 1922 y que frecuentaran James Joyce, Ezra Pound o Ernest Hemingway, pasa por estas vicisitudes, la FNAC continuaba vendiendo libros.

Epa! Eso luce muy injusto, ¿verdad? Inmediatamente nos genera una cierta indignación. El tema es, como veremos, de qué manera se canaliza esa indignación. En efecto, los libreros se irritaron por la “discriminación”. Y protestaron. ¿Y qué hizo el gobierno? Pues lo que todos los gobiernos saben hacer: prohibir. Le prohibieron a la FNAC vender libros. O sea, todo MENOS libros. ¿Justo? ¿O absurdo?

Entonces los libreros franceses, donde parece que después de todo eso de la “Liberté” ha penetrado en sus conciencias, se indignaron de nuevo. ¡No! ¡No se trata de impedirle a la FNAC vender libros! ¡Se trata de que nos lo permitan a todos!

Entretanto, por el hemisferio sur, vicisitudes análogas eran sufridas por otros comerciantes, puntualmente, los dueños de locales de indumentaria y de electrodomésticos de la República Argentina.

Y nuevamente, por cierto, las cadenas de supermercados, que se mantenían abiertas en virtud de la “esencialidad” de sus rubros de alimentos y bebidas, limpieza o cuidado personal, continuaban comercializando ropa o electrodomésticos en los sectores correspondientes de sus grandes superficies.

De nuevo, ello despertó la esperable indignación. Y las cámaras empresariales, canalizando la frustración de sus integrantes, se manifestaron.

Nosotros estamos cerrados… Todos sufriendo de la misma manera. Y nos tenemos que aguantar que las grandes cadenas de supermercados vendan indumentaria sin ningún protocolo», dijo por ejemplo el presidente de la Cámara Textil de Mar del Plata, Juan Pablo Maisonave a Infobae.
¿Qué hicieron las autoridades? Al igual que sus pares franceses, implantaron una nueva norma que obligó a demarcar con cintas amarillas indicativas de “No pasar” las zonas de los supermercados donde se vendía ropa o electrodomésticos. Cintas amarillas que evocaban, muy cinematográficamente, “escenas del crimen”.
¿Cómo sigue la historia? Pues no sigue.

A diferencia de los comerciantes franceses, los argentinos se conformaron. Puede que no todos. Obviamente, lo concedemos. Pero ningún clamor presentó entidad tal como para al menos ser registrado por la prensa.
Si esta diferencia de actitudes no tiene tal vez la magnitud de un “choque de civilizaciones” al estilo de Samuel Huntington, sí representa, sin dudas, un “choque de mentalidades”. Porque frente a la discriminación del “ellos pueden, y yo no” hay solo dos opciones posibles: o clamamos por “poder todos” o por el “que nadie pueda”.
Al primero lo alimenta el deseo de libertad. Al segundo, el resentimiento.

Uno conduce a la competencia, la apertura, la prosperidad, el otro a la miseria y el abismo.
En estos tiempos tan propicios a las “listitas de pedidos” para Papá Noel y los Reyes Magos, tengamos cuidado con lo que pedimos.

No te pierdas las últimas noticias de Visión Liberal. Súmate a nuestro newsletter.

Loading Facebook Comments ...
0 Comentario

Dejar una respuesta