Milei vs políticos: ¿estrategia de campaña o un nuevo y auténtico hombre político?

En esa retórica donde la política es un campo de batalla, los “soldados” se atrincheran como pueden atrás de cargos y lugares en las listas, repitiendo como una perdigonada de pólvora una sarta de frases hechas sin sentido. Cada vez que hay elecciones, sucede lo mismo. Dedos acusadores señalando al vacío, proclamas seductoras, promesas de iluminados… Y del otro lado, también, el escepticismo de siempre.

Con una ligera salvedad. El “que se vayan todos” mutó en el “todos son iguales” y eso esconde una tibia rendición, un “no- hay- nada- que- hacer” y la resignación de que, gobierne quien gobierne, la Argentina es un barco a la deriva. Enderezar la proa exige un movimiento casi hiperbólico. Y un capitán que esté a la altura.

Después de todo, para que avance la libertad primero –y antes que nada- debe retroceder el populismo.

De ese engendro de decepciones y broncas replicadas en todos los partidos políticos y quienes los representan emerge la figura despeinada y revolucionaria de Javier Milei.

Se mostró como una especie de irreverente héroe estridente y gesticuloso que llegó para cumplir lo que todos prometieron y ninguno hizo: patear el tablero.

Economista y ahora candidato a legislador por CABA, los títulos no le sirvieron de escudo: al contrario, eligió las redes y el lenguaje llano (más que llano, a veces obtuso) para decir lo que los liberales primero y los hastiados ciudadanos después, querían oír: que el enemigo no está afuera. Que son los políticos. Que a ellos hay que quitarles el poder de vaciar una Argentina que ya no tiene de dónde seguir sacando recursos para sostenerlos.

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Obviamente, los primeros en reaccionar a esa arenga fueron los políticos. Milei parece muy seguro de no abrevar en las mismas aguas que sus colegas, pero por ahora, incursiona en las mismas lider al unirse a la legión de candidatos que disputarán un escaño en las próximas legislativas.

Y parece que mal no le va.

Una encuesta realizada por el consultor German Esponda después del cierre de lista (entre el 23 y el 30 de julio) ya lo ubica en el tercer lugar, tres puntos más que un par de semanas antes (del 8 al 11%). Y va por más, blandiendo su verborrágica espada, muy cómodo en ese lugar donde despotricar y mostrarse como el indócil hijo que reniega de sus padres. Un rebelde con causa.

Todo lo que dice parece tan lógico que es increíble que su receta no se aplique. Lo que piensa de la casta política deja callados a todos, porque –sencillamente- tiene razón. Los impuestos desorbitantes que denuncia, la demostración cabal de que las prebendas aniquilan la Argentina productiva, el paternalismo del Estado, la “mafia K”… parecen sentencias irrebatibles.

El tiempo dirá cómo Milei transformará esa arenga en la “nueva política”. Qué hará cuando salte del decir al hacer.

Cómo legislará en un recinto donde todos sus colegas seguirán con las mismas prácticas de siempre. Cómo se las ingeniará para achicar un estado sin agrandar la masa de pobres que se multiplica más que el Covid. Cómo es vivir sin recaudar y sin cobrar (dijo que resignará su dieta como legislador). ¿Tendrá chances? ¿Tendrá precio su discurso?

En la batalla cultural, los soldados como Milei rompen estrategias y plantean nuevos escenarios. Son bienvenidos, como todos los fenómenos disruptivos, para terminar con el statu quo.

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Algunas de sus banderas –las auténticamente liberales- son izadas por todos los que quieren un viraje hacia un gobierno sin populismo. Otras, (los agravios permanentes, la incapacidad de dialogar) tienen el mismo sabor de lo conocido. “Zurdos tiemblen” es una frase que debería repensar, es un oxímoron a los ideales de inclusión que tanto pregona. “Vengo a sacar a estos delincuentes a patadas en el traste”, anunció en el programa de Mirtha-Juana. Una polémica estrategia que flaco favor le hace a la democracia, que, en definitiva, es el sistema donde él intentará imponer su nombre. Que hasta que no se invente uno mejor, parafraseando a Churchill, es el mejor que tenemos.

Lo invalorable e indiscutible es que Milei logró invocar el ideario liberal y sostenerlo en la tele, en la radio, en las redes. Esa opción tiene su sello y es bienvenida. Y por eso solo vale la pena escucharlo.

Su grito de guerra: ¡viva la libertad, carajo! despertó huestes enmohecidas y el frente avanza inexorablemente.

Que nadie lo detenga.

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