En 1881, el compositor austrohúngaro Franz Liszt compuso un poema sinfónico de tres movimientos: “la cuna”, “la lucha por la vida” y “en la tumba, cuna de la otra vida”. Lo llamó “De la cuna a la tumba” y es el título que calza a la perfección para definir el espíritu de Ricardo López Murphy. Un hombre que, literalmente, fue “bautizado” para hacer política y cuyo nombre, en sí mismo, encierra una forma de protesta.
En esta primera entrega de la serie “Miradas Excepcionales” que la Fundación Naumann realiza sobre personajes imprescindibles de la historia y la política argentina, él mismo explica por qué:
“Cuando la oposición era liderada por Balbín fue sometida a una fuertísima persecución. Mi padre, que había estado detenido por defender sus ideas, también sufrió que las actividades políticas estuvieran prohibidas, no acceder a las radios, etcétera.
“Lo que no se podía evitar eran las ceremonias religiosas -contó en el inicio de este documental, entrevistado por el periodista Marcelo Duclos- . Entonces, mi bautismo se convirtió en el principal acto político de la oposición. Mi padrino fue Balbín pero como estaba detenido, me llevó a la pila bautismal Arturo Frondizi. Hasta Moisés Lebensohn se tapaba el quipá para ir al bautismo”, cuenta, entre risas.
Mi padre le puso el nombre -Ricardo Hipólito– como forma de protesta. Ricardo por Balbín e Hipólito por Yrigoyen . “El del registro civil no quería anotarme. pero mi viejo era un vasco imposible y lo logró”, dice.
“Tampoco hay que entenderlo como expresión de un partido político. La gente canalizaba la oposición en lo que podía hacerse. Era dura la represión”.
¿De dónde nacen las ideas?
El laborismo israelí tuvo una fuerte influencia en el descubrimiento ideológico de un joven y curioso López Murphy. “Congeniaba con lo que escuchaba en mi casa: pluralismo, libertad pero también igualdad”. Como un pez que decide nadar contra la corriente, fue desafiando todas las corrientes políticas “de moda”.
” En los ’60 y ’70 había un delirio muy grande. Estaba toda la revolución cultural -después se supo que fue un disparate- pero en esa época la gente andaba con el libro rojo. El debate tenía aspectos delirantes: estaban los maoistas, stalinistas, troskistas y la variante que creía que si venían los marcianos nos hacíamos todos socialistas. Era todo delirante”.
“El decir una cosa en la campaña y hacer otra en el poder generó descreimiento. La gente ve a los políticos como sinvergüenzas, y yo no soy un sinvergüenza”.
De ahí, Ricardo López Murphy saltó a Chicago. él dice que fue para confirmar los pensamientos que ya llevaba adquiridos. Se codeó con futuros premios Nobel y de todos aprendió con una voracidad que implicaba sed de conocimientos.
“Volví con 29 años a la Argentina y me encontré con La Tablita. En esa época me llamó el secretario de Hacienda y me dice: hemos devaluado un 29% y mi salario aumentó un 130%. O hemos descubierto la piedra de la filosofía económica o nos vamos a hacer torta“. Y lo peor, es que él creía que nos íbamos a hacer torta.
Yo no estaba de acuerdo con Raúl Alfonsín. Eso me mantuvo distante de ellos, pero no totalmente (a veces me invitaban y yo iba). En general me llamaban para tratar de entender los números. En el equipo de Angeloz pasé a ser la figura que iba a los debates televisivos y ahí alcancé un nivel de exposición pública extraordinaria porque tenía ciertas habilidades mediáticas.
Alfonsín era muy educado conmigo en público pero cuando nos encerrábamos discutíamos muy duro. Discutíamos la visión que él tenía, la visión de que había conflicto entre la libertad y la igualdad. Yo estaba sesgado hacia la libertad y él hacia la igualdad. Él decía que mi visión era decimonónica.
Y se ríe. Consciente de que fue protagonista de la historia argentina, transversal a todos los gobiernos y los planes económicos que se “probaron” en un país que nunca se ajustó a ningún manual.
“Yo creo que a la Argentina le fue mal a partir del corporativismo del ’30. Eso frustró al que fue uno de los países más ricos del mundo haciendo todo lo contrario. (…) .
Uno tiene que tener convicciones profundas para reformar el Estado. Hay un punto a entender: el país es “sendero-dependiente”. El sindicalismo, el empresariado cortesano, todo eso sabe que si hay otras reglas de juego es inviable. No es solo un problema intelectual, es un problema de intereses extraordinariamente poderosos que darán una lucha feroz. por eso uno necesita convicción y una oportunidad. Y las oportunidades surgen después de grandes crisis”.
“La verdad histórica es que los modelos cambian cuando el anterior fracasa, colapsa. Yo trabajé en China, en Vietnam, en Nicaragua… conocía las locuras del otro lado. Y si me escuchabas, te enterabas por qué no eran viable esas ideas. El nivel de flexibilidad que necesita una economía que está fijada al tipo de cambio es mayor a la que puede devaluar. Segundo, una economía de ese tipo necesita ser abierta para no ser vulnerable: caso Hong Kong”.
Cuando fui a ver a De la Rúa, gravemente internado, “me preguntó: en vos que prevalece, el patriotismo o el rencor. Y asi fue como me embromó y fui ministro de Defensa. Probablemente fui el economista que mejor conocía los presupuestos de Defensa”.
A finales de febrero de 2001 había mucho cuestionamiento al gobierno, el préstamos multilateral y habíamos violado las metas a las que nos habíamos comprometido. Había que encontrar una salida a esa situación y el presidente creía que yo era la persona adecuada. Y también la mas flexible. Las dos cosas juntas no son posibles”.

Esta primera entrega de “Miradas Excepcionales” -que llega hasta el gobierno de se puede ver completa a continuación. Cómo “casi” llega a ser presidente de la Argentina, el establishment argentino y la crisis que termina en la gran tragedia argentina: el kirchnerismo.






