Ese fantástico mundo de los legisladores, entre la Pantera Rosa y la abeja laboriosa

En el fantástico mundo de los legisladores, los problemas son hermosos. Ajenos a las penurias de la gente común y silvestre, ellos quieren que las abejitas tengan su día y que nadie olvide a David DePatie, aunque para la mayoría de los mortales lo que nunca olvidará es su personaje favorito: la pantera rosa.

En ese sobrecogedor universo de los diputados, merece debate, modificaciones al proyecto original y promulgación la ley que conmemora el día nacional del poncho para’s de 60 listas y de sus tejedoras y tejedores, ampuloso nombre para salvaguardar una artesanía que forma parte de la cultura paraguaya. También habla de la buena salud física de los legisladores que debatan en recinto qué día es adecuado para honrar la bicicleta o nombrar ampulosamente patrimonio histórico cultural el jardín vertical formado por las letras BA.

No es que estos temas no sean importantes. Claro que sí. Es indiscutible y vital el aporte que las abejas realizan para el ecosistema y el genial DePatie, aunque fue estadounidense, dejó el andar cansino y serenos de La Pantera Rosa grabado a fuego en la infancia de -por lo menos- tres generaciones. El poncho para’i es un testimonio textil de la historia y la cultura del país vecino que nadie pondría en discusión.

Pero en el mundo real, los problemas son demasiados agobiantes. Las legislaturas provinciales, los concejos deliberantes y el Congreso tienen que mirar ese mundo: el de la economía hecha hilachas, el de los jefes comunales que actúan como si tuvieran una mega inmobiliaria privada, el de leyes como las de etiquetado frontal o las “fundamentales” (llamadas así por el gobierno) que apuntan a dar más poder al estado (por lo tanto, menos libertad a sus individuos). Si en vez de hacer plaquetas conmemorativas, nombrar personajes ilustres (aunque conocidos, desconocidos, foráneos o locales), imprimir folletos y sacar fotos pusieran el ojo en la realidad y las leyes que hacen falta de verdad (o que sobran, que son más que las que faltan), ese fantástico mundo de los legisladores se desmoronaría como un castillo de naipes.

La realidad se impone y la Argentina no necesita legisladores que “entretengan”, sino que actúen como nexos entre los problemas de la realidad y sus soluciones. ¿Están de joda en la legislatura? le preguntó al aire Diego Schurman a Ofelia Fernández. El PRO acababa de presentar el proyecto para declarar el día de la abeja y la legisladora del FdT levantó la mano para adherir a la noble causa.

“No sé si reír o llorar, un poco… parece ser”, dudó, afirmó y negó a la vez la legisladora. Le preguntaron si el Congreso estaba de joda. La legisladora no veía la diferencia.

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