En el nombre del padre: Benegas Lynch (h) transmite el legado de Alberdi

Si Juan Bautista Alberdi hubiera imaginado que dos siglos después de su nacimiento un “hijo” suyo hablaría con tanta pasión de su pensamiento y su obra, podría medir hasta dónde son capaces de impactar las ideas. “Si no hubiera sido por mi padre seguramente hubiera sido troskista”, dice Alberto Benegas Lynch (h) aunque sabe que ese escenario es imposible. Pero aclara: “a pesar de haber hecho dos doctorados nunca escuché desde la cátedra algo razonable sobre el pensamiento liberal”.

Pero Benegas Lynch (h) no es troskista, no. Es discípulo de Alberdi y como tal, un defensor a ultranza de las ideas de la libertad. Y esa admiración y respeto por el inspirador de la Constitución argentina lo lleva a citarlo con asombrosa memoria y lucidez. Alberdi tuvo la enorme capacidad de definir el liberalismo y Benegas Lynch (h) de transmitir ese legado.

Coordinado por Pablo “ABDON” Torres Barthe, la Fundación Libertad y Progreso organizó la jornada de homenaje a Alberdi justamente para recordar el día de su nacimiento.

Benegas Lynch (h) repasó brevemente los datos biográficos de Alberdi y luego se detuvo en algunas frases de las miles que dejó el artífice de la constitución liberal argentina.

En su descripción, el catedrático se remitió a la compilación que Carolina Barros realizó de todos los artículos publicados por Alberdi en Chile. La tiranía rosista, el contra-bando (y la devoción por prohibir) y la defensa de la educación fueron los tópicos elegidos.

“La riqueza no viene por encanto: hay que hacer esfuerzos”

Lo dijo Alberdi en 1847, pero dos siglos es nada: se mantiene vigente la preocupacion por el debate de las ideas.

“Siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien”.

La preocupación alberdiana por el debate de ideas ocupa parte de sus obras completas. Benegas Lynch (h) recuerda que la madre de Alberdi murió en el parte y su padre diez años después. Así fue como llegó al colegio de Ciencias Morales cuyo rector, Manuel Irigoyen, lo definió con una frase singular:

“Alberdi tenía una aversión sin límites al estudio”. Benegas Lynch (h) justifica: “(la afirmación de Irigoyen) refleja la dicotomía entre los intereses personales y las potencialidades de cada uno y los programas de estudio que se imponen”.

Contó también que en 1830, cuando terminó su carrera de abogacía, Alberdi no pudo presentar su trabajo porque se negó a jurar por el tirano Rosas, tal cual se exigía. Se recibió en su exilio en Uruguay y luego revalidó su título en Chile.

Crítico del positivismo jurídico, Alberdi fue bien claro en marcar las diferencias:

“Saber de leyes pues, no es saber de derecho”

Así, Benegas Lynch (h) introdujo las ideas de Alberdi en un contexto donde su voz es más necesaria que nunca. Entre el DNU que establece que, como hay gente sin internet, haya una ley que arruine internet para los demás, el debate estéril y con estrepitosos fracasos por el control de precios y el salvavidas de plomo que significa darle al estado la facultad de emitir moneda, leer y entender a Alberdi no es una lección de la historia.

Es una súplica del futuro.

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