Eliminar el Estado de bienestar ayudaría a terminar con la xenofobia

Hace un par de meses, cuando en las redes sociales comenzó a circular el video de un episodio en que un hombre de raza negra era reducido por la policía local y terminó muriendo en el evento los medios se horrorizaron. De inmediato el acrónimo BLM “Black Lives Matter” se tornó viral y masivas protestas fueron convocadas no solo en los Estados Unidos, sino también en varios países europeos tales como Francia, Austria, el Reino Unido, Alemania o Suiza.

El debate entero se centró obviamente en el tema racial. Ahora bien, de la misma manera que uno no elige su color de piel, tampoco elige su nacionalidad.   

Insistimos: ¿Uno elige su raza? No. ¿Uno elige su nacionalidad? Tampoco. Ahora, ¿por qué entonces todo el mundo se espanta ante las injusticias o maltratos hacia personas de color, pero no reacciona de la misma manera ante prácticas xenófobas que podrían estimarse equivalentes?

¿Por qué, por ejemplo, por el mero hecho de no tener un pasaporte de la Unión Europea, se prohíbe residir legalmente en un país de dicho bloque? (O en el mejor de los casos, se le entorpece con regulaciones y tramitaciones infinitas) ¿No nos horrorizaríamos si en las oficinas de extranjería de España nos dijeran: “No, usted no puede residir acá porque su raza no está autorizada”? Entonces, ¿por qué en cambio está socialmente aceptado rechazar a un inmigrante con el argumento de que “su nacionalidad no está autorizada”?  Por supuesto estamos hablando de inmigrantes sin antecedentes penales, no de fundamentalistas talibanes.     

El argumento de quienes sostienen esta incoherente postura respecto de la inmigración en general suele basarse en que los inmigrantes harían uso de servicios sanitarios o educativos pagados por los ciudadanos locales con sus impuestos.  “¡Nos llenamos de inmigrantes y somos nosotros quienes les pagamos la salud y la educación!”

El problema central, a nuestro juicio, es que mientras exista el estado de bienestar este debate persistirá. ¿Por qué? Porque en todos los países que adhieren al modelo de bienestar resulta que, o bien éste termina siendo “bienestar, pero sólo para los nuestros” o bien como en Argentina, miles de habitantes se indignan de que haya inmigrantes aprovechando servicios por los que supuestamente no pagan.

Es el estado de bienestar lo que conduce al planteo de estos dilemas “tribales”: una tribu pagadora, otra tribu que se aprovecha.  Si el sistema de bienestar no existiera, nadie estaría debatiendo quiénes tienen acceso a qué servicios. No se estaría rechazando a inmigrantes “por las dudas que se les ocurra usar el sistema”. Ni tampoco habría lugar a “santas indignaciones” por parte de quienes perteneciesen al grupo de “los pagadores”.

Desmantelar el estado de bienestar y eliminar la gratuidad de salud y educación -salvo casos extremos, por supuesto- elimina de raíz todo argumento para una xenofobia que a estas horas es tan ridícula como el racismo más rancio.

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