El día que Nixon cometió el pecado de controlar los precios en el país del libre mercado

Control de Precios: ese Viejo Pecado….

Richard Nixon, presidente de USA en los ’70 en una de sus primeras políticas que implementó fue la de controlar precios.   Si, para combatir la inflación esta nación que se enorgullece del libre mercado, apoyó estas medidas en su momento. Defenderse de la inflación con un cerrojo, algo así como “catenaccio”, hablando en términos futbolísticos.

Uds. ¿creían que iba a mencionar al marxismo? ¿o al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela? Pues no. Los países desarrollados también se equivocaron con este tema, que sigue siendo una piedra en el zapato para los gobiernos argentinos, creyendo que las medidas que tomamos son originales, cuando el mundo tiene otros problemas que resolver y nosotros seguimos cayendo en la misma trampa.

¿Y qué sucedió en aquella oportunidad? Según Gene Healy del Cato Insitute, en lo inmediato, tuvo un respaldo de alrededor del 75% en las encuestas, y luego obtendría una reelección.  Milton Friedman, economista Nobel anunció: “sería un fracaso total y la emergencia de la inflación reprimida”.  En el mediano plazo comenzaron los problemas: los ganaderos dejaron de enviar su ganado al mercado y los consumidores vaciaron los estantes de los supermercados. En definitiva, se contrajo la oferta y se incrementó la demanda, lo que sumó al problema, una alteración artificial de las variables de consumo. Las góndolas se vieron desabastecidas y se notó con fuerza.

Como el catenaccio en el futbol no mejora los resultados, el control de precios no mejora la vida de los individuos (de los ciudadanos). No da libertad a sus movimientos, no permite innovar ni mejorar el juego. Solo es un sistema coercitivo que, busca ganar tiempo, ante un escenario a futuro que debo modificar. De seguir así, no obtendría una determinada sociedad la prosperidad que se propone. Los habilidosos no tienen lugar, no mejoran y se van, los entrepreneurs también.

Ahora bien, según la Sra. Adriene Hill del Crash Course Economics existen dos tipos de control de precios:

Precio techo o máximo, Por el cual los consumidores están dispuestos a comprar más, pero los productores no lo encuentran rentable, por ende los precios más bajos disminuyen la cantidad producida y entonces se llegaría a la escasez.

Básicamente, un precio percibido como barato puede estimular una sobredemanda de un producto,  que encuentra del lado de la oferta un bajo incentivo como respuesta a esa demanda debido a un precio no conveniente.  El doble efecto produce en forma visible una brecha (escasez) del producto.

Fuente: Principios de Economía. Mankiw. EL PAÍS

Precio piso o mínimo, es aquel en el cual la administración gubernamental fija un precio piso, es decir el valor debe estar por encima de dicho “precio mínimo”.  Esto se supone que daría incentivo a los empresarios de producir más.

No obstante ese precio, los consumidores comprarán sustitutos.   Por ejemplo: si al precio de trigo se le da un precio artificial desde el Estado a $10 (cuando estaba $6), las industrias  consumidoras  comprarían la materia prima a base de arroz o de lo que puedan usar como sustituto. De esta manera los productores no se ven beneficiados. Podrían vender con un precio más alto, pero no tendrían tantos clientes y bajarían las ventas.

En términos de regulación del mercado por parte del Estado a través de los programas de controles de precios, los investigadores y la realidad siempre demostró lo contraproducentes que terminan siendo.  Em especial, a mediano largo plazo. Capitulo aparte para un control de precios muy particular: “el salario mínimo” que requeriría un artículo ad hoc.

Tanto Venezuela como Argentina, encuentran atractiva la fijación de precio techo o máximo, porque entienden que, como consecuencia de la alta inflación, los controles de precio al consumo sobre temas básicos como la comida, la higiene, etc., son una ayuda al necesitado.  En el caso de Venezuela, dado lo extendido del plazo, ya se están recorriendo las etapas más destructivas de estos controles:  los precios son tan bajos en relación al costo de producción que, las empresas no lo encuentran viable, y han reducido la producción o bien se retiran del mercado, con un efecto notable de destrucción de empleo y un correlato de largas filas y escasez en las góndolas para los consumidores.

Como conclusión final y haciendo una analogía con el artículo de Miguel Jimenez (El País) “En el desabastecimiento a precio de ganga”: “…Por mucho poder que le haya concedido una Asamblea Nacional para legislar por decreto, el político no puede derogar las leyes de la oferta y la demanda…”.

Artículo publicado en Asociación Libertaria

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