El día que L-Gante le explicó al presidente por qué los jóvenes están cambiando

Los jóvenes estamos cambiando, la sociedad también y pedimos cancha.

Mientras escribo este texto es 4 de octubre, pasaron solamente un par de días desde que las cámaras llegaron nuevamente a la quinta de Olivos, ahora intencionalmente, cuando el actual presidente Alberto Fernández recibió al no tan conocido Elián Ángel Valenzuela, pero si muy conocido L-Gante. Más allá de la utilización o no, en plena campaña y ante un escenario desalentador, de uno de los artistas más representativos del momento, tenemos que rescatar muchos detalles de la entrevista, en un texto que no pretende ser un tomo de derecho civil y tampoco un tratado filosófico, pero si una muestra más de cómo la sociedad va cambiando y hacia qué rumbo.

Lo primero que me llamó la atención de la entrevista es la ropa del presidente. Sin intentar sonar superficial, es importante entender que Alberto Fernández es hoy el presidente de los argentinos y el “primero” de los ciudadanos, más allá de que a pesar de eso goza como todos de la libertad de vestirse como quiera

¿No es muy obvio acaso el intento desesperado y muy mal encarado de generar empatía con los votantes jóvenes que se le están escurriendo? Creo que además es una falta de respeto y una subestimación muy grande para nosotros, la imagen exagerada que de esta manera transmite

¿Creen realmente que uno va a empatizar con el presidente, solo por reunirse con un artista reconocido, juvenil y popular? La primera cosa que me interesa recalcar es que hay que demostrar desde nuestra posición de ciudadanos y electores, que la estrategia les falló, que somos más que eso.

Además, la segunda observación y quizá menos obvia es que de la entrevista fue subida solo un fragmento, no está completa y curiosamente no fue en vivo, seguramente tomaron recaudos ante un pibe de 21 años que no le tembló el pulso a la hora de desmentir a una Cristina Fernández, y que en los cortos 10 minutos de exposición pudo transmitir una idea fortísima y que es la que me inspiró en este momento: “(…) un tema que yo quiero naturalizar es que los jóvenes no tengan miedo de hablar con alguien mayor”.

En una publicación suya en Facebook, L-Gante escribe: “(…) con tan solo 21 años me las arreglé como pude y logré muchas cosas, como formar y sacar a mi familia adelante o que el presidente me reciba (…)”, Elian es un pibe con más de 189 millones de reproducciones en YouTube ¿Pero cuantos pibes hay en este país que con poca edad, “se las arreglan como pueden” y consiguen con esfuerzo las cosas de las que pueden estar orgullosos?

Estamos en presencia de la muestra de un gran cambio que viene dejando estela en todos los espacios. Nuestra sociedad está superando a los Maradona, que con el respeto que se merece, concluyó una vida como menos, contradictoria; vemos en Elian un pibe que le dice en la cara al presidente del gobierno de “platita x un voto”, que: “Yo tenía esa idea, la de planes sociales por planes de trabajo”; y, luego de una un poco obvia edición de video que: “Yo me pongo a pensar un poco en el futuro, me gustaría que en vez de agarrar una regalía se agarre un trabajo. Lo que ganaste, lo ganaste vos”; le dijo también al presidente que frenó la vuelta a las aulas hasta hallarse en paralelo a un resultado electoral, que a los estudios “los tenés que tener completos, desde ahí empieza tu futuro”; y que con la misma coherencia inesperada por quizá algunos puristas, moralistas o dueños de la verdad, prosiguió con otro interesante mensaje: “Todo esto que cantaba yo con lo del barrio, las secuencias, las drogas, lo tomaba como ‘mirá me sucede esto, que bueno que soy’, y desde allí yo quería corregir esto, no está bueno, de que pasa, pasa, pero no está bueno. Que quede en unas historias o una secuencia pero no en un paso a seguir”. A la juventud hoy, el presente en nuestro país nos exige hoy una madurez constante que quizá décadas y años antes no se veía o no se requería; o como mínimo es completamente diferente, porque es cierto que un joven en Argentina nunca la tuvo fácil, ni antes ni ahora.

Hoy el progreso casi milagroso de la tecnología genera importantísimos avances en todas las ramas y son especialmente visibles las que se dan en la comunicación y la información, con eso tenemos el poder de ser realmente disruptivos, de acceder a realidades diferentes sin dudosos intermediarios. Somos jóvenes y queremos crecer, queremos progresar, ayudar a nuestros seres queridos y podemos ver, comparar y comprobar que algunos métodos funcionan y otros no tanto; algo tan simple como comprender que la clave es “que en vez de agarrar una regalía, se agarre un trabajo” es un paso enorme, pero igual queda un camino largo y para eso hay que luchar.

Y con esto me refiero a muchas cosas, luchas con el sistema pero también luchar con presiones, con frustraciones, con inseguridades. Hoy un joven, me animo a decir que en casi cualquier parte del país, lucha con los mismos fantasmas: “Necesito salir, necesito despejarme, pero no tengo plata y no me dejan estar en la plaza”; “¿Qué hago, estudio o trabajo? Bueno, el estudio me da un mejor futuro, a ver qué opciones tengo”, resulta que son pocas, “Bueno, está bien, entonces trabajo”, en este país trabajo no hay, donde para un negocio contratarme es como contratar a dos personas, elijen no hacerlo y perdemos los dos; o bien, “Bueno, pude estudiar, después de sacrificarme 4, 5, 6 años, y de sacrificarse mi familia, tengo mi título, me recibí”, pero me encuentro que en Argentina los profesionales ganan poco. La tenemos de verdad muy cuesta arriba, y a priori se ven solo dos alternativas: o cambiamos o nos vamos. Pero soy optimista que podemos cambiar, y que está comenzando.

El sistema en el que vivimos se vino corrompiendo hace mucho tiempo, podemos ver como cada vez más y más jóvenes desde distintos espacios buscamos transformaciones, mejoras; la política es uno de esos espacios donde hay que luchar, no el único, pero sí uno de los más importantes, y consuela ver como a lo largo de toda la extensión de este complicado país comienzan a surgir nuevos y cada vez más fuertes organizaciones, partidarias o no, que toman la importante mochila de ser gestores de este cambio. Y también, es esperanzador reconocer como gracias a las alternativas que nos dan los efectos del progreso en el mundo, muchos las aprovechan y constituyen importantes y exitosas empresas, negocios y que además buscan transmitir el espíritu y los valores; y ojo, sin ir muy lejos, me refiero a tu emprendimiento por Facebook o por Instagram, vendiendo cosas por Mercado Libre y cobrando por UALA (empresas argentinas), de esa manera estás poniendo un granito de arena para mejorar el país, pero también desde ahí te toca vivir en carne propia las trabas de nuestro sistema.

En fin, hay motivos para ser optimistas, y que el futuro sea mejor depende únicamente de nosotros. Hoy somos los jóvenes los que estudiamos, trabajamos, emprendemos, y convivimos con muchísimas cosas, somos los que se nos perseguía por salir a distraernos a una plaza o a donde nuestro derecho a circular nos lleve, los mismos a los que ahora buscan porque llega el momento de votar. Y somos también exactamente los mismos, que en forma de “clandestinas” (o no), pero también de esfuerzo, dedicación, seriedad y madurez, los que le dimos a esta sociedad un recordatorio de lo que es realmente la libertad, un derecho y un valor difícil de negociar.

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