El encuentro que se realizó en Cuenca se perfilaba como una oportunidad dorada para Ecuador, pero la falta de políticos “de peso”, sumado a las masivas protestas que se celebraron a metros del hotel donde se encontraba el Presidente ecuatoriano, sacuden aún más a un gobierno tapado de problemas. El contexto político no favorece a Noboa, quien está a punto de iniciar su campaña para la reelección, donde las encuestas reflejan un creciente descontento y una baja en la aprobación de su gestión.

La Cumbre Iberoamericana de presidentes, que se acaba de celebrar en Cuenca, se perfilaba como una oportunidad dorada para Ecuador. El país, que enfrenta una crisis en todos los frentes: seguridad, economía, energía, necesitaba una plataforma de este calibre para proyectarse internacionalmente y atraer inversiones. Sin embargo, los sucesos recientes han marcado un duro revés para la administración de Daniel Noboa. Y en este contexto, las críticas apuntan al presidente como el principal responsable de este aparente descalabro diplomático.
La situación se tornó más compleja tras dos decisiones controversiales que sacudieron al gobierno: la intervención en la embajada de México, hecho que despertó condena internacional, y la suspensión de 150 días a la vicepresidenta, una medida cuestionada como anticonstitucional y vista por muchos como un golpe a la institucionalidad del país. Estos movimientos, interpretados por algunos como gestos de autoritarismo, han contribuido a un “disimulado” aislamiento diplomático de Ecuador en una cita internacional crucial.
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La respuesta internacional no se hizo esperar, y la lista de mandatarios asistentes a la cumbre quedó notoriamente deslucida. De los principales líderes iberoamericanos, solo el Rey de España, Felipe VI, el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, y el jefe de gobierno de Andorra, Xavier Espot Zamora, se dieron cita. Ausencias significativas de presidentes latinoamericanos recalcan la debilidad de los lazos diplomáticos y resaltan los errores de la política exterior ecuatoriana, que bajo la canciller Gabriela Sommerfeld ha carecido de la experiencia y el peso necesario para sostener una agenda coordinada con sus pares. Esta falta de experiencia y habilidad diplomática expuso las fisuras en la gestión internacional, agravando la situación que debilita la posición de Noboa a nivel local e internacional.

Las críticas no se limitan a la figura del presidente. En realidad, la cumbre también revela un problema más profundo de desgaste en la región iberoamericana: cumbres y encuentros que, en muchas ocasiones, no logran traducirse en políticas efectivas, se nota una tendencia extendida que revela la fatiga de los discursos diplomáticos vacíos, donde las resoluciones son aprobadas pero rara vez aplicadas.
Sin embargo, lo que más preocupa a los ecuatorianos en este momento no son los desaciertos diplomáticos en la cumbre, sino la crítica situación interna que enfrentan día a día. Los ciudadanos, quienes viven bajo la sombra de una crisis de seguridad sin precedentes, también lidian con la recesión económica y el colapso energético. Sin una solución viable a la vista, la administración de Noboa parece estar cada vez más distanciada de la realidad que vive su propio pueblo.
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Cuenca, ciudad anfitriona, fue otra de las grandes perjudicadas. La ciudad había preparado todo para recibir a mandatarios de la región, y, con ello, sus ciudadanos esperaban que el evento diera un impulso económico y turístico que revitalizara la actividad local. Sin embargo, la cancelación de la mayoría de las visitas presidenciales la dejó, como dicen, “vestida y alborotada”. Para muchos habitantes, esto representó un agravio, una oportunidad perdida que les ha dejado un sabor amargo.
Por si fuera poco, el contexto político no favorece a Noboa, quien está a punto de iniciar su campaña para la reelección. Para los analistas, las opciones de que el actual mandatario logre un nuevo mandato son cada vez más remotas. Las encuestas reflejan un creciente descontento de la población y una baja en la aprobación de su gestión. En este momento, Noboa se enfrenta a una cuesta empinada que solo podría remontar con un cambio radical en su política interna. El presidente necesita soluciones rápidas y efectivas para la crisis de seguridad, restaurar la confianza en la economía y, sobre todo, fortalecer la estabilidad institucional, si es que aún desea conservar alguna posibilidad de seguir al mando del país.

En política, como suele decirse, nada está dicho hasta el último minuto. Pero la imagen de un Noboa emperador que prioriza su ego y el espectáculo por encima del bienestar de la nación es un estigma que difícilmente podrá revertir si no da un giro de 180 grados. Los ecuatorianos esperan acciones concretas, no solo gestos de poder que, a la larga, podrían costarle caro. Si bien la reelección parece cada día más lejana, Noboa aún cuenta con la capacidad para sorprender, aunque las probabilidades no juegan en su favor.
En última instancia, la oportunidad perdida de la Cumbre Iberoamericana en Ecuador es un llamado de atención. Es una señal de que la diplomacia no puede ser improvisada, que los desafíos internos no pueden ser ignorados, y que el liderazgo efectivo se mide no solo por la capacidad de tomar decisiones, sino por la habilidad de gobernar con prudencia y visión.



