Cuarentena obligatoria: ¿pérdida de tiempo o ahorro en salud?

Dejemos de perder tiempo y ahorrémonos nuestra salud.


Esta mal llamada cuarentena o “aislamiento social, preventivo y obligatorio” (un estado de sitio rebajado) es una lamentable pérdida de tiempo, y el tiempo no es sólo dinero, también es vida y en este caso salud.

En primer lugar no es verosímil la idea de que si nos encerramos el virus va a desaparecer eventualmente sin embargo gobierno y medios de comunicación fueron efectivos en hacer que esta idea llegue a la población, la cual fue inocentemente bien recibida por gran parte de la población, pero lamentablemente este tipo de pensamientos mágicos no llevan a buen puerto.

Es entendible que una buena parte de la población, principalmente quienes pueden seguir trabajando desde su hogar o cuyos ingresos no varían sustancialmente con esta situación, se sientan cómodos y protegidos con esta medida, pero este tipo de enfermedades en algún momento las contraemos casi todos, y vamos a llegar a una situación estable hasta que la mayoría nos hayamos inmunizado.

El haberla impuesto de forma total durante los últimos días del verano obviamente hizo que la curva de contagios no suba tan abruptamente, pero ¿Es esto algo tan positivo?

Si el ciclo del Covid 19 dura aproximadamente un mes ¿No hubiera sido más conveniente permitir que un mayor número de casos se durante marzo y abril para que una parte de la población ya esté inmunizada antes de junio – julio y así no coincida con los picos de gripe y neumonía estacional?

Es insensato creer que la gente pueda aguantar hasta que pase el invierno o que salga a la venta una vacuna para poder salir normalmente a la calle. En muchísimos lugares no se está cumpliendo con el aislamiento y es más que entendible, la gente que vive en espacios reducidos y siente la imperiosa necesidad de salir a la calle. Por otro lado más del 30% de la población vive al día, con ingresos diarios, semanales o quincenales, y un bono de $10,000.-, que tampoco llegó a todos los afectados por la restricción, no soluciona nada realmente.

Entonces ¿cuál será el sentido de esperar a los meses más fríos para que la gente salga a la calle con o sin autorización, de forma ordenada o simplemente desacatando cualquier tipo de autoridad?


No está totalmente demostrado que el clima cálido reduzca los contagios, pero si la luz solar aniquila el virus, este es un aliado con el cual vamos a contar en menor medida durante los próximos meses.

La desesperación de la gente que no está teniendo la posibilidad de trabajar para obtener algún tipo de ingreso y la imposibilidad de los comerciantes para abrir sus locales puede llevar a un aumento en los casos de depresión, que también es un tema de salud. Y la depresión puede llevar al suicidio, en todas las grandes crisis esto pasó y si se sigue extendiendo la situación vamos a empezar a lamentar estos casos.

Para hacer una política pública efectiva, quien le de forma debe comprender como reaccionará la gente, no hacerlo es el talón de Aquiles de cualquier política. Una medida tan rígida no se puede sostener en el tiempo, por lo cual medidas que atenúen los contagios sin recurrir al encierro total, cómo uso obligatorio de tapabocas y protección ocular, mantener mayor distancia en los medios de transporte y chequeos masivos rastreando a todo aquel que haya tenido contacto con algún caso comprobado sea directo o por intermediarios, hubiera sido más llevadero en el largo plazo.

Obviamente, quienes forman parte de grupos de riesgo deberían permanecer lo más aislados posible, pero cuanto antes se haya inmunizado el resto de la población menos durará su encierro.

La falta de criterio y previsión no solo se evidenció al momento en que el virus llegó al país, cuando fue recibido casi de brazos abiertos, sin que se haya tomado ningún recaudo para aislar a los infectados, sino con la extensión del aislamiento obligatorio incluso en provincias en las que no ha habido casos positivos. Casos como pacientes terminales que no pueden contar con la compañía de sus seres queridos o el caso de un prefecto asesinado durante un control de tránsito implementado para controlar el cumplimiento del aislamiento son otras cuestiones que se lamentan en estos días.
De la mano de todo esto se tuvo que soportar a periodistas haciendo su papel de alcahuetes número uno al tratar de idiotas y delincuentes a cualquiera que no acatase a rajatabla con la imposición gubernamental, la cual no hace falta aclarar ha tapado con un cartel de pánico a la Constitución Nacional. Pero atado a esto está la idea de sociabilizar el agravio de los contagios, cuando al ser de público conocimiento la propagación del virus, sus efectos y los mejores medios para prevenirlo podría estar en cada un decidir cuánto aislarse, cuanto exponerse al riesgo de contagio y de qué manera
prevenirse.

El aislamiento obligatorio que se nos ha impuesto y sus subsiguientes prorrogas develan no sólo la ausencia de criterio sino el absoluto extravío en el que se encuentra el gobierno nacional.




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