20/04/2026

¿Qué hacer ante el avance del “pelotón” mediático de la izquierda?

La maquinaria comunicacional izquierdista

En muchos casos, difícilmente se les puede llamar “medios de información”, por lo tanto, luce más correcto llamarlos “medios de comunicación”. Qué es lo que comunican, es un tema de discusión.
Y estas plataformas comunicativas, en manos de inescrupulosos militantes e ideologizados periodistas, pueden hacer estragos. De hecho, eso es lo que observamos en la actualidad.

Estamos frente a una incesante maquinaria izquierdista de mentira, desinformación, calumnia y trampa.

Una maquinaria comunicacional funcionando a todo vapor para engañar todo lo que pueda y arruinar a todos lo que pueda si osan oponerse a los cánones del progresismo y la corrección política.

Estamos frente al mal. Lo que daña, defrauda, estafa y sojuzga es el mal, y esta maquinaria se aceita para conseguir todo eso.

Un mal que idiotiza, que invierte billones en desinformar, que cree en la manipulación, y que está dispuesto a mucho para que sus intereses ilegales e ilegítimos no sean tocados. Pruebe algún valiente hablar en contra del statu quo progresista, y verá el retrato que de él hacen los medios, actuando como si algún tipo de coordinación, al menos de protección ideológica, los movilizara al unísono.

Pruebe alguna valiente plantear algo distinto, que ponga en jaque o apenas desafíe lo que la corrección política ha decidido que resulta admisible y lo que debe desestimarse inmediatamente, y verá cómo las corrientes de pensamiento y sus autoridades que dicen cuidarla se olvidan rápidamente de su pertenencia a tal o cual minoría protegida y del trato especial correspondiente, y empieza su proceso de excomunión o directamente la negación de que alguna vez perteneció al selecto grupo.

No les importa arruinar vidas, carreras, trabajos, sueños, aspiraciones, elecciones, investigaciones. Si su relato se ve amenazado, toda difamación vale.

Con su influencia, las chances de estar bien informados disminuyen y las de ser presas de adoctrinamiento y manipulación aumentan. Entonces, mucho cuidado con la elección de fuentes y la constatación de datos. Relato -a su modo de entenderlo- no es verdad, y verdad – a su modo de entenderla- es conveniencia.

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Ciertamente los medios de comunicación alineados a la agenda de izquierda causan indignación por su ingratitud para con el sistema que los hace posible. Son producto de tres factores que florecen en el capitalismo-liberalismo y son vapuleados en las sociedades comunistas-socialistas: la libertad de expresión para hablar, escribir y publicar sin miedo a represalias, censuras y persecuciones del gobierno; la formación de una empresa con fines de lucro que crece económicamente, genera trabajo y es reconocida en el mercado; y la actitud emprendedora que se desarrolla con la libre iniciativa, la inversión privada, y la realización individual.
Que aprovechándose de la apertura capitalista los medios asuman los compromisos de sistemas, ideologías y regímenes bajo cuyo oscurantismo no durarían, parece paradójico. Vociferan contra lo que el liberalismo ofrece, sin reparar en que ellos mismos lo aprovechan.
Tachan el esquema liberal por dañino, pero abrazan esquemas que los clausuran, directamente sacándolos del negocio; los censuran, acallando las voces que pueden denunciar algo incómodo; los regulan, obligándolos a pasar determinados contenidos, reduciendo los espacios de manifestación del mensaje, o monitoreando sus actividades generando miedo, presión y extorsión; o bien, sea jurídica o fácticamente, los llevan a la situación de tener que hacerse socios -o esclavos- del estado para poder sobrevivir.

¿Y cuál sería un remedio liberal para lidiar con la maquinaria? Uno que provenga de los principios de la libertad, y no del traspié por las premisas rivales.

No iría a tono con el liberalismo censurarlos o cerrarlos. Hay que ser conscientes de los principios que uno defiende, los derechos que poseen terceros, la pertinencia de las medidas que un gobierno toma, los precedentes que está asentando, y las herramientas que le deja al gobierno que viene que puede ser de distinto color.

El liberalismo se muestra a gusto con la sociedad libre y abierta, con el favorecimiento del mercado y la iniciativa privada. Por ende, lo que puede proponerse es: competir. Salir al mercado con más y/o mejores medios que ajusten su mensaje a la realidad, que no se quiten la insignia de la honestidad ante ofertas oscuras, y que atraigan al público en base al propio mérito que se corresponde con la verdad informativa.
Ello no quiere decir que lo demás se deja librado al azar o se le deja de prestar atención. La propagación de la izquierda y la formación de un intocable establishment de lo políticamente correcto son asuntos de los cuales hay que ocuparse.
Hay investigaciones por delante sobre por qué ciertos medios que se presentan como neutrales se han transformado en usinas militantes de un espectro ideológico en general y a veces de partidos políticos en particular. Pero el tono de las pesquisas y denuncias no tendría que apuntar a censurar la libertad de expresión, sino al descubrimiento y pedido de justicia cuando corresponda de corrupción gubernamental involucrada y acuerdos violatorios de la transparencia, la rendición de cuentas y las finanzas públicas.

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A su vez, hay que continuar analizando los efectos que producen las calumnias (tipificadas como delitos por algunos ordenamientos jurídicos) y si se cruzan líneas de la libertad de expresión cuando se incurre en ellas o se profieren amenazas. Pero el acento se pone en la protección de los derechos individuales, tanto de la expresión del emisor como de la integridad física-psíquica del receptor; y en averiguar cuándo hay violaciones de derechos y por lo tanto proceden sanciones. No hay por principio un intento masivo de regulación de discursos, dentro
del cual caen todo tipo de expresiones independientemente de su variedad, inocencia, connotación delictiva, y derecho a manifestarlas.

Dicho de otro modo, las soluciones del liberalismo contra los medios de comunicación plagados de izquierdismo no pueden consistir en convertirse en comunismo y socialismo. Por lo pronto, y mientras se trabaja en generar más fuentes fidedignas de información, aumentar la calidad de los contenidos, y sostener los pilares de las sociedades abiertas donde impera la libertad de expresión, como individuos libres tenemos que seguir atentamente el desempeño de medios manipuladores y adoctrinadores para no caer en sus fauces y ser
víctimas de la desinformación y la militancia política disfrazada de periodismo.

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