¿Alcanza un plebiscito para que Chile escuche todas sus voces?

El 26 de abril de este año la sociedad chilena está convocada a las urnas para decidir si desean iniciar un proceso constituyente para generar una nueva Constitución y determinar el mecanismo para dicho proceso. En este sentido la cobertura a este suceso está enfocada en las tendencias de voto, perdiendo de vista el hecho más fundamental de este proceso.

En octubre de 2019 estallaron una serie de protestas en Chile motivadas en principio por el aumento del boleto de subterráneo, pero que fueron tomando día a día nuevas demandas y mayor fuerza en la calle. Las jornadas exigían reformas al sistema de pensiones, al sistema de salud y al sistema educativo, pidiendo que estos últimos se acercaran cada vez más a un modelo de bienestar.

Sustancialmente las demandas son las mismas que comúnmente enfrentan las democracias en el mundo, desde París hasta Buenos Aires, sin embargo lo que marcó este proceso fue la violencia que acompañó el ardid social.

En Chile se registraron centenares de saqueos, quema de edificios públicos y la destrucción de más del 50% del sistema de subterráneo de la ciudad de Santiago. El crimen organizado y el vandalismo se diluyó en las protestas y generó un cóctel que destruyó el orden público, dejando un saldo final de 30 personas fallecidas, más de 3000 heridos y 8000 detenidos.

¿La democracia chilena está funcionando?

Comúnmente las sociedades demandan periódicamente reformas a los modelos económicos o políticos que las rigen. Ahora bien, estas demandas son canalizadas según las vías que el sistema habilite según su grado de democracia.

Siendo Chile una democracia, toda aquella manifestación política pacífica está garantizada constitucionalmente como medio para canalizar demandas o expresar preferencias de cara a las políticas públicas que componen al modelo de Estado. El problema del estallido chileno es que el grado de violencia lo acompañó no es congruente con esas manifestaciones políticas válidas, entonces surge una interrogante sumamente preocupante: ¿por que en una democracia, los chilenos no canalizan sus demandas a través de la misma?

Es sumamente inquietante que una sociedad elija las formas no democráticas para hacer valer sus demandas, si las instituciones democráticas están completamente habilitadas. Lo único peor que una institución no democrática, es una institución democrática que no represente a nadie.

En las últimas elecciones de 2017, donde Sebastián Piñera ganó la presidencia, participó apenas el 49.02% del padrón electoral. De 14.347.288 chilenos llamados a votar, a penas asistió más de 7 millones. El 26 de octubre se dio en Santiago de Chile la manifestación más grande desde la vuelta a la democracia chilena, en donde marcharon más de un millón de personas, entonces vale la pena preguntarse ¿cuántas personas que no participaron en las elecciones asistieron a las manifestaciones?

La baja participación en las elecciones en contraste con la alta participación en las protestas y su grado de violencia desentendido de las instituciones democráticas pueden conducirnos a un alarmante diagnóstico. Gran parte del descontento no es hacia el gobierno o el modelo económico, sino que está cimentado por sectores de la sociedad que están voluntariamente fuera del sistema democrático, y no existe una respuesta dentro del mismo que sea válida para ese 50% de la sociedad que vive al margen de la participación política.

El plebiscito: ¿una solución?

Bajo el diagnóstico anterior, el plebiscito tiene un significado mucho más importante que el simple resultado en contra o a favor de la constituyente. En realidad la participación en la elección será clave para entender si este proceso político si logrará incluir a ese 50% de la población que se encuentra sumando frustraciones con el liderazgo y el sistema político.

El principal objetivo del plebiscito no es definir la forma de la reforma constitucional, sino incluir a toda la sociedad chilena en un nuevo acuerdo que permita que la democracia si pueda efectivamente representar a los sectores que la componen.

Si la participación sigue siendo baja, la democracia chilena enfrentará el desafío al cual parece, se enfrentarán todas las democracias del mundo: las instituciones democráticas están habilitadas, los ciudadanos cuentan con derechos y deberes inalienables, los individuos son libres, pero no se sienten identificados con esa libertad.

¿Habrá nueva constitución en Chile? no es la pregunta realmente importante, lo que realmente vale la pena saber es si el plebiscito es una manera efectiva de conseguir que la sociedad chilena se sienta representada por su democracia.

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