Ya es ley el aborto en Argentina, ¿cómo sigue la historia?

Esta madrugada el Senado aprobó la legalización del aborto hasta la semana 14 de gestación. Treinta y ocho senadores inclinaron el fiel de la balanza para los “verdes”, que celebraron en las calles un triunfo que calificaron como “feminista”. Así, la Argentina archivó en la historia la ley vigente desde 1921, que consideraba al aborto un delito excepto en casos de violación o riesgo de vida de la madre.

https://twitter.com/MamelaFialloFlo/status/1344260059006722048

La ley es una de las más amplias del continente en este tema: se permite que las mujeres soliciten un aborto legal sin importar la causal de embarazo. Sucede así en países como Uruguay, Cuba, Guyana, Guayana Francesa y Puerto Rico. En otros países, se pone límites más concretos a la ley.

La ley contempla que las mujeres gestantes podrán acceder a un aborto legal hasta la semana 14 tras firmar un consentimiento por escrito. Establece que debe existir un plazo máximo de 10 días entre la solicitud de interrupción del embarazo y su efectiva realización.

Con la sanción de esta ley termina también un tiempo de marcados enfrentamientos entre “verdes” y “celestes”, una hostil y hasta violenta representación de los que están a favor de la legalización y quienes se oponen. En el país del Papa Francisco, la iglesia “predicó” a través de altares, cruces, rosarios y fotos de ecografías para que la ley no saliera. Hasta un enorme feto ensangrentado de cartón enarbolado como una pancarta demostró hasta qué punto se oponían los “celestes” a esta ley.

En la vereda opuesta, los verdes cantaron y bailaron, en una especie de ritual tribal que ya se hizo costumbres en las marchas, al grito de “que sea ley” como una proclama. A la medianoche, los números en el Senado estaban muy parejos pero finalmente se decidió la ley por 38 votos afirmativos y 29 negativos. Hubo una abstención y cuatro senadores ausentes.

Los liberales no tienen una posición única frente a este tema y fue objeto de debate permanente entre ellos. La libertad de pensamiento es una de las máximas liberales más respetadas y en este caso particular, se manifestó abiertamente. Catedráticos como Alberto Benegas Lynch (h) dejaron clara su posición antiaborto, estableciendo el origen del ser humano en el instante de la fecundación: “Es un ser humano en acto con la carga genética completa desde el momento de la fecundación del óvulo, distinta del padre y de la madre por lo que su exterminación resulta un despropósito mayúsculo e injustificable para cualquiera que considera que lo primero es respetar la vida”.

Sostiene Benegas Lynch (h) que “la madre es dueña de su cuerpo“, lo cual es absolutamente cierto, pero no es dueña del cuerpo de otro, y como las personas no aparecen en los árboles y se conciben y desarrollan en el seno materno, mientras no exista la posibilidad de transferencias a úteros artificiales u otro procedimiento es inexorable respetarlo”. En esa línea, Mamela Fiallo Flor sostuvo que no avala la despenalización del aborto porque “quiebra el principio de no agresión: agrede a quien no agrede”. Con una lacónica frase: “mi más sentido pésame, Argentina”, se manifestó en Twitter.

Al frente, el jurista Ricardo Manuel Rojas es más moderado, al pensar que “es necesario buscar posiciones intermedias”. ¿Cuál sería? “La que permita la protección jurídica del feto, que siempre ha sido reconocida, con la posibilidad de que la madre pueda tener algún momento para tomar la decisión concreta de si quiere o no tener un hijo”. Ante la sanción de la ley, el exjuez remarcó en Twitter la politización del tema y el enorme costo que representará esta ley, en términos económicos, para un Estado en quiebra.

Ahora, el debate escalará a otros niveles. ¿Qué sucederá con la libertad de conciencia de los médicos? ¿Podrán oponerse a realizar un aborto si éste no es aceptado por su sistema de valores? ¿Dónde y cómo se practicará? ¿Qué adaptaciones debe hacer un hospital para atender la demanda que se avecina? ¿Lo cubrirá la obra social para quienes la tienen?

Durante 99 años, en Argentina fue legal interrumpir un embarazo en caso de violación o de riesgo para la vida o la salud de la madre. En el resto de supuestos, era un delito penado con la cárcel. Aun así, la criminalización no fue disuasoria: según estimaciones extraoficiales hasta medio millón de mujeres aborta en la clandestinidad cada año. En 2018, 38 mujeres fallecieron por complicaciones médicas derivadas de abortos inseguros. Cerca de 39.000 tuvieron que ser hospitalizadas por la misma causa.

Más allá de las cuestiones éticas, morales, religiosas o genéticas hay un dato que es innegable: el Estado asume otro costo y otra responsabilidad. El paraguas de la “ayuda social” cada vez es más grande. Pero también, cada vez, tiene más agujeros.

De hecho, anoche, tras la aprobación de la legalización del aborto, el Senado también sancionó la Ley Nacional de Atención y Cuidado Integral de la Salud durante el Embarazo y la Primera Infancia, conocido también como el Plan de los Mil Días, que establece que el Estado garantice el acompañamiento a la maternidad desde el embarazo hasta los primeros años de vida del niño. La iniciativa, que había sido enviada por el Poder Ejecutivo junto a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, obtuvo en la madrugada de este miércoles 65 votos afirmativos. El plan beneficiará a unas 680 mil mujeres y a 2.100.00 niños de hasta 3 años, según los funcionarios nacionales que defendieron el proyecto de ley. A su vez, para llevarlo adelante, se prevé una inversión de más de 5.000 millones de pesos anuales en el fortalecimiento de la seguridad social para atender a lo que establece esta iniciativa.

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