Una vuelta más al asfixiante laberinto que encierra al contribuyente

Nunca dejaré de sorprenderme ante la creatividad de nuestros gobernantes para inventar nuevas regulaciones. Cualquiera creería que sus ingresos dependen de cuántas normas insólitas son capaces de idear por mes. Tal vez en las múltiples dependencias estatales haya una especie de competencia mensual secreta a la regulación más delirante. Investigaremos.

Las últimas perlitas que nuestros burócratas favoritos nos han regalado en este festivo mes de diciembre vienen de la mano del INDEC en complicidad con el Banco Central. (Ahí debe haber dos premios) Esta última entidad, experta mundial en la misión de “preservar el valor de la moneda” dispuso una virtual “inhibición” sobre sus “súbditos” para realizar operaciones bancarias, salvo que tengan a bien responder a un novedoso Censo Nacional Económico 2020/2021 que se implementaría en los próximos meses.

¿En qué consiste este Censo Nacional Económico? Será un formulario de 15 preguntas destinadas a caracterizar la actividad económica, ya sea personal o societaria, incluyendo a todas las entidades financieras y no financieras, instituciones sin fines de lucro, y obviamente, autónomos inscriptos en el IVA o registrados en el monotributo.

De no brindarse dicha información, las entidades bancarias, bajo este nuevo régimen, no podrá habilitar la apertura de una cuenta bancaria o de valores en custodia, otorgar un crédito o renovarlo, o alquilar una caja de seguridad. Tal vez el cuestionario termine incluyendo un ítem sobre cuál fue el último pan dulce que compramos con el Ahora 12, cual manifestación conspicua de opulencia.

Expertos tributaristas ya han manifestado su descontento frente a esta iniciativa. Argentina ya es desde hace tiempo un país en el que ejercer una actividad económica es vivir en una carrera de obstáculos. Las preguntas del Censo añaden uno más. Y en definitiva, lo único que generan estos absurdos normativos es fomentar la informalidad. Algo parecido a la idea de aplicar el impuesto a los sellos a las operaciones con tarjetas de crédito del gobernador de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta.

Evidentemente el gobierno no “capta” que sus ideas van en dirección contraria a la bancarización y formalización de la economía. Y si partimos de que ya el 40% de la gente trabaja en la informalidad, seguir inventando regulaciones de este tipo es un atentado al sentido común. Y eso sin considerar que, si tanto les preocupa a las autoridades la llamada “crisis sanitaria”, el traspaso de billetes es un vector de contagio, que tal vez sería más prudente desalentar.

Está claro que esto no le interesa al gobierno nacional. El relato sanitario esta caído. El único tópico que domina sus agendas es recaudar para seguir disfrutando las mieles de pertenecer a la corporación política. Tal vez algún día se den cuenta de que seguir acogotando al que produce terminará tarde o temprano por asfixiarlo y eso redundará en un perjuicio a sus propios intereses.

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