21/04/2026

Salieri de Sturze

En Argentina, es usual que todas las discusiones públicas lleven, de alguna manera, a hablar de pobreza y de inflación. Quien escribe, por ejemplo, es politólogo especializado en políticas públicas, y cada tanto los medios me llaman para hablar de economía.

¿Por qué pasa esto? Pues porque cada vez que se habla de política, no tocamos los temas en profundidad y decidimos reducir la discusión a agravios personales o ideológicos. Así, nunca debatimos realmente, y tampoco planteamos soluciones verdaderas a los problemas que tiene el país.

¿Cuáles son? miles. Pero uno de los mayores problemas es que pensamos que el dinero cae del cielo y que todo lo que hacemos no tiene consecuencias. Así, muchos gobiernos han impreso dinero pensando que no generaría inflación, y actualmente estamos pagando las consecuencias de eso.

Otro de los problemas es que usualmente, los argentinos creemos que un presidente es un salvador de la patria, y queremos que el país cambie de la noche a la mañana y que pasemos de ser Argentina a ser Suiza en un abrir y cerrar de ojos. Suiza (o Australia, o Suecia, o Estonia, o el país desarrollado que sea) no logró ser Suiza de un día para el otro.

El primer mantra que se debe respetar es que no se puede gastar más de lo que se genera, porque si se hace eso, vamos a tener que pedir dinero prestado y eso va a perjudicar a las generaciones futuras, o algún gobernante irresponsable empezará a emitir dinero para financiarse, creando luego inflación que perjudicará a toda la población (y al próximo gobernante).

El segundo mantra a respetar es que el Estado no genera riqueza, no crea valor. En ese sentido, es importante entonces entender que el Estado debe crear las condiciones necesarias para que se cree riqueza.

Es normal escuchar a una parte de la política decir que Argentina es un país rico. Grave error. Argentina no es un país rico. Argentina tiene tierras, tiene minerales, tiene mar, tiene muchas cosas más. Pero si no hay una empresa que decida instalarse, excavar y sacar el oro, la plata, o el cobre, estos minerales están quietitos en la montaña, y así no son riqueza. Entonces, para instalarse, debe confiar en que podrá trabajar tranquila sin que de un dia para el otro un gobierno venga a prohibirle trabajar, o ponga registros sin sentido para generar burocracia o “kioscos”. De la misma manera, si no hay productores que decidan sembrar la tierra, fertilizarla y cuidarla de las plagas, la tierra es solo tierra. Es el productor, con su inversión (donde asume riesgos), el que crea riqueza. Y tanto una empresa minera, como un productor agropecuario, al invertir, generan trabajo. Y esas personas empleadas tendrán un salario, y con ese salario compraran bienes y servicios, y así crecerá el consumo interno.

¿Por qué se menciona esto? Pues porque las eternas crisis de Argentina se deben a que no se entiende que el Estado no crea valor, y que debe generar condiciones para que el sector privado (que sí crea valor y riqueza), crezca.

Y ese es el trabajo que viene realizando Federico Sturzenegger en el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado. Sin conocerlo personalmente, y a riesgo de sonar como lamebotas, su trabajo es admirable. El ministro y su equipo han trabajado en el período entre elecciones para encontrar todas las regulaciones (leyes, decretos y resoluciones) que de una u otra manera traban el posible crecimiento del país, e incluso generan “kioscos”.

Basta con solo mirar el perfil de X del ministro, que nos daremos cuenta la cantidad de regulaciones que, al momento de su creación, pasaron desapercibidas, pero que complicaron el desarrollo argentino.

Por ejemplo, se desreguló parte del sector aerocomercial para atraer empresas aéreas, lo que va a redundar en viajes mas baratos y mejores conexiones; se cerraron 148 registros automotores, con el fin último de que todo el trámite de transferencia de autos sea digital, por medio de una ventanilla única; se modificó la legislación para que se pueda pagar propinas con tarjeta y esa parte del cobro no forme parte del salario ni se le cargue impuestos a ella; se desreguló la actividad de aeroaplicaciones, para que se pueda fumigar, monitorear y hacer otras actividades con drones, lo que hará que muchos sectores puedan innovar y abaratar costos; se desreguló parte del sector de seguros, para que las empresas puedan lanzar nuevos productos sin autorización de la Superintendencia de Seguros de la Nación, y ahora solo deben informarlos; se eliminó la exclusividad de la tarjeta SUBE para utilizar en transporte público, y se autorizó el pago de pasajes con cualquier medio de pago (tarjetas bancarias, código QR, y otros). Y así se pueden nombrar más desregulaciones que beneficiarán a todos.

Ahora, lo que resta, es que el sector privado invierta, desarrolle y genere trabajo. Argentina es una piedra bruta, y solo es cuestión de desbastarla, dejando que el sector privado pueda ejercer libremente sus ideas, innove, cree. De darle la seguridad de que eso en el futuro no va a cambiar, y podemos ser potencia.

La cuestión, entonces, es tener paciencia. Cambiar un país no es tarea fácil, y no sucede de un día para el otro. Lamentablemente, hemos tenido gobiernos que trataron muy mal al sector privado, y es lógico que un inversor esté asustado y desconfiado. Entonces, estas desregulaciones y cambios que se están haciendo van en ese sentido: quitarles el miedo y generar confianza.

Por eso, me declaro Salieri de Sturze.

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