24/04/2026

Rosario siempre estuvo cerca (del colapso): La hipocresía de sólo atacar el narcoterrorismo y no resolver el narcotráfico ilegal es el huevo de la serpiente.

“El narcoterrorismo, la ‘guerra’ por la exportación portuaria que rompe el ‘contrato social’”

Todos estamos conmovidos y conmocionados por los hechos próximos ocurridos en la ciudad de Rosario, donde bandas violentas de narcotraficantes han asesinado al azar a simples ciudadanos que nada tenían que ver con la lucha de poder del negocio de las drogas; dos taxistas, un colectivero y un playero suman a la trágica lista, que temerariamente amenazan continuar los narcoterroristas, hasta que el Estado sea complaciente con sus presos.

Aquí se entrelazan dos temas importantes, que es bueno separar para entender mejor el complejo presente que nos perturba en el sur de Santa Fe; uno es el rol del Estado y otro es el negocio de las drogas.

El filósofo inglés Thomas Hobbes, en su obra “El Leviatán”, explica que el Estado es un pacto (contrato social) que realizan todos los hombres (implícitamente) para subordinarse entre sí a un gobernante que garantice el bien común, por temor a la violencia natural del hombre “Homo Homini Lupus” (el hombre es un lobo para el hombre); formando así un poder, absoluto y perpetuo, renunciado a su autodefensa, le delegan sus derechos naturales al Estado (El Leviatán).

La razón de ser del Estado es detentar el monopolio de la violencia, garantizando ser justo con las leyes para que todos los hombres vivamos sin temor en la sociedad, sabiendo que el que no cumple con las leyes será castigado para el bien común.

Ahora bien, en Rosario el pacto ha sido roto, existe un narcoterrorismo organizado que le detenta el poder de la violencia a un Estado desorganizado; la causa de ello es la hipocresía social acumulada por décadas, pero no es momento de reflexión cuando urge poner en orden a la sociedad hacia el bien común; hoy más que nunca el Estado debe aplicar con todas las reglas de la ley, con todos los recursos y toda la violencia necesaria contra el narcoterrorismo organizado hasta someterlo bajo su poder, garantizando así la paz interior. Contra la violencia no se negocia, se la combate hasta lograr el monopolio nuevamente.

Suponiendo que el Estado ponga en orden nuevamente la situación en Rosario y se controle al narcoterrorismo organizado, despejando todo atisbo de violencia en la sociedad; aún persistirá el problema del negocio de las drogas, y allí es donde radica el ‘huevo de la serpiente’ la hipocresía social que tenemos dentro; la hipocresía que manejamos con este tema es lo que alimenta la posibilidad de la creación de nuevas bandas de narco crimen y narcoterrorismo en el futuro próximo.

En Argentina el consumo personal de estupefacientes no está penado, y el narcomenudeo ya prácticamente no se controla por las fuerzas de seguridad, porque es una burocracia estéril para los efectivos; todos conocemos personas que consumen, de todos los estratos sociales, y seguramente muchos hemos tenido la posibilidad de acceso a estas drogas si quisiéramos.

La hipocresía social es la respuesta a estas preguntas; el debate serio sobre este tema es menester, porque mientras apelamos a argumentos morales sobre la producción y el consumo (que continúa creciendo), existe un grupo reducido de abogados, contadores, arquitectos, funcionarios, empresarios que se benefician de esta hipocresía social. El narcotráfico es un negocio multimillonario en dólares negros, que se lavan en vínculos con el poder económico y poder político; en el medio la sociedad cómplice por su hipocresía sufre la guerra de poder.

El tabú sobre la despenalización de consumo, un debate para el que ¿estamos preparados?

Necesariamente para abastecer la demanda interna y externa (Europa), las bandas narcos deben hacer ingresar al país la droga, ya que la marihuana se produce en Paraguay y la cocaína en Bolivia, Perú y Colombia; esta logista clandestina conlleva aviones, lanchas, barcazas, buques, camiones y autos; con mano de obra precarizada. También fabricas donde ‘cortar’ y ‘estirar’ la droga (proceso peligroso para los consumidores finales) y comerciantes minoristas para repartirlos. Todo esto a la sombra del Estado que los ‘persigue’ y con el riesgo de una competencia a mano armada por el territorio que nadie regula, solo la violencia de ellos o los acuerdos políticos que puedan conseguir.

Por más que quisiéramos tapar el sol con la mano, el consumo de drogas no va a desaparecer ni a disminuir, y tampoco el riesgo para los consumidores, mientras la producción siga siendo clandestina e ilegal, por ende, más bandas narcos surgirán ante la demanda y la posibilidad de ganar dinero con el comercio (por ilegal que fuera).

Como decía el filósofo francés Frédéric Bastiat: “Donde entra el comercio no entran las balas”. Si queremos dar una solución real y eficiente al problema de las bandas narcoterroristas, debemos legalizar el narcotráfico en Argentina, permitir que laboratorios produzcan y farmacias o comercios habilitados vendan; el Estado no competiría por el monopolio de la violencia, recaudaría dinero por impuestos al comercio nuevo, ahorraría recursos económicos y humanos en dejar de combatir al narcotráfico, y ayudaría efectivamente a los adictos que consumen drogas, con programas de prevención (destinando los recursos ahorrados en el combate), evitaría que la sociedad consuma drogas ‘cortadas’ y ‘estiradas’ (salvando vidas) y tendría un registro real de las personas en consumo o con adicción que necesiten y quieran ayuda.

Terminando con la hipocresía social, con el ‘huevo de la serpiente’; permitiendo el comercio de nuevas drogas legalizadas, terminaríamos con el narcotráfico ilegal, no nacerían nuevas bandas violentas, ni se beneficiarían unos pocos poderosos con el comercio millonario a costa de un paupérrimo consumo y el peligro de la sociedad en una ‘guerra’ sin cuarteles.

Para muestra hace falta un botón, “la ley seca” de 1919 produjo a Alphonse Gabriel Capone, conocido como Al Capone y los Gánsteres de Chicago. Hoy en Estados Unidos el alcohol es legal.

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