Que el rugido liberal se transforme en una voz clara, sólida y tenaz que transforme la Argentina

Finalmente los leones entraron a la selva. El rugido de Javier Milei hizo eco en José Luis Espert y entre ambos, agitaron el gallinero. Que no es la forma de definir al Congreso de la Nación pero si sintetiza lo que durante veinte años el kirchnerismo, el macrismo y tantas otras fuerzas políticas hicieron con él: un lugar de toma y daca donde la democracia no fue siempre la beneficiaria.

Ahora la historia cambió. Esa es la respuesta del millón que quedó ayer en las urnas: 656.480 votos de Avanza Libertad –con la figura de Espert como bandera- y los 310.036 de Milei dejaron bien claro que el liberalismo salió del clóset y comenzó a agitar sus banderas a viva voz. Y el que quiera escuchar, que escuche.

El primero en levantar las orejas debería ser el kirchnerismo. La fuerza inspirada y controlada por Cristina Fernandez de Kircher ve tambalear su lugar en el Congreso. Aunque el oficialismo mantiene la mayoría en Diputados (con 119 bancas contra 116 de Juntos),  dejó de tener quorum propio en el Senado, por primera vez desde el 83.

La desolación en el bunker oficialista de anoche fue la mejor foto que graficó ese cambio, más allá de que los resultados electorales no fueron tan malo como ellos mismos esperaban. Por primera vez desde el retorno a la democracia el peronismo tendrá que entregar la llave del senado y aprender una lección imprescindible de la democracia: escuchar, atender y acordar con el otro. Con 35 escaños en su haber, no puede tener la última palabra frente a los 31 de JxC y los otros seis que pertenecen a los partidos provinciales, “agrandados” ahora que su voto vale oro.

En Diputados, los liberales entraron por la puerta grande. El excelente resultado de Espert y Milei permitió incorporar tres diputados nacionales, además de legisladores y concejales. Pero el resultado más importante es que José Luis Espert logró que la libertad avance con todo el viento en contra de una provincia peronista hasta la médula y con todos los aparatos (el macrista y el oficialista) limándole las ideas. Hacer conocer la libertad es bueno, pero plantar su bandera en un territorio conquistado por el populismo…esa es la verdadera victoria.

Y –hablando de leones- arañar el 20 por ciento en CABA cuando hace tres meses Javier Milei era conocido como “ese despeinado de la tele” es “arrasar” en CABA, casi duplicando los votos en apenas dos meses solo con ponerse en la vereda del frente de lo que él llamó “casta política”.

Habrá que ver qué pasa con todo este alboroto cuando amainen las aguas y haya que ponerse a trabajar sin campaña, sin chicanas, sin redes sociales, sin voceros. Legislar de verdad, cargándose un país que agoniza al hombro que necesita legislaciones nuevas en temas tan sensibles como urgentes. Con reformas que esperan el momento de ser debatidas con argumentos nuevos, como la laboral o la impositiva.

Habrá que ver si la casta tiene miedo o solo está agazapada esperando dar su propio zarpazo. Habrá que ver si deciden abandonar a Cristina y buscar líderes más acordes al tiempo actual o simplemente, con las argucias que tan bien conocen, dar vueltas en el aire y volver a reciclar lo que ya se recicló tantas veces.

Habrá que ver si la voluntad opositora tiene precio (o no) y se mantiene con la misma enjundia con la que anoche insultaban a los políticos “de siempre”.

Habrá que ver si Juntos por el Cambio aprende la lección de las urnas y se diferencia más del peronismo, algo que hasta ahora cada vez que quiso aclarar, oscureció. Con Mauricio Macri peleado con Horacio Rodríguez Larreta y con Maria Eugenia Vidal y con una Patricia Bullrich que sueña con ser presidente (frunciendo la nariz bajo el paragüas de que sea “Juntos”), tiene que tener presente que la voz liberal ya está entre sus huestes y en ese sentido, Ricardo López Murphy será el rector que oriente cada debate para el lado donde finalmente debe ir.

Ayer, un eufórico (adjetivo que le queda corto) Javier Milei rompió la veda cuando fue a votar y dijo a viva voz que él no negociará nada con nadie: ni con Macri ni con el kirchnerismo. Habrá que ver. En definitiva, la democracia no se construye en soledad y en el recinto todas las voces pesan y deben ser reconocidas, guste o no lo que proclaman.

Aunque en Diputados el peronismo sigue siendo primera minoría, si JxC se suma a los liberales, el oficialismo tendrá que dormir con un ojo abierto. Habrá que ver si por primera vez en la historia la billetera no mata idea y por fin, la Argentina comienza a revertir la espiral de decadencia y comienza a escribir una nueva historia.

Habrá que ver.

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