¡Pobre Argentina! Tan cerca del miedo y y tan lejos de Ayn Rand

La filosofía que se impone detrás de la pandemia

Si uno quiere comprobar el poder de la filosofía, basta echar un vistazo al estado del mundo hoy, y más concretamente a la situación en Argentina. La pandemia del coronavirus, que puso a casi todos los gobiernos del planeta en alerta máxima y sirvió de excusa para que el gobierno argentino se autoadjudicara facultades extraordinarias e inconstitucionales, vino a evidenciar y generar el clima de complementación de las concepciones filosóficas tiránicas del kirchnerismo hoy encabezado en el poder ejecutivo nacional por el presidente Alberto Fernández.

En contraposición al objetivismo de Ayn Rand, prestemos atención a lo que ofrece el gobierno argentino en cuanto a las ramas básicas de la filosofía para descubrir este fortalecimiento de lo que ya era y el complemento alentado por las circunstancias: la metafísica como estudio de lo que es, la epistemología como estudio del conocimiento, la ética como estudio de los valores, y la política como estudio del sistema social de convivencia y uso de la coerción. 

Empecemos por la metafísica. El objetivismo defiende la concepción del “Universo benevolente”, explicada por la autora en los siguientes términos: “La realidad es “benevolente” en el sentido que si te adaptas a ella, es decir, si piensas, valoras y actúas racionalmente, entonces puedes conseguir tus valores (y exceptuando accidentes, los conseguirás); los conseguirás, porque los valores están basados en la realidad”.[1]

Es decir, no hay un enfrentamiento entre el individuo y la realidad, un conflicto indisoluble entre sus necesidades y lo que el universo aporta para satisfacerlas. Todo tiene una naturaleza específica, el individuo tiene una naturaleza específica, y vive y se desarrolla en un contexto determinado dentro de la realidad.

Actuando acorde a su naturaleza, reconociendo y descubriendo la realidad, ejercitando la racionalidad para obtener y conservar valores, puede florecer, prosperar, multiplicarse, ser feliz.

El universo no “inclina la balanza” escuchando deseos personales; en este sentido es neutral. Pero la “benevolencia” proviene del hecho que, si nos adaptamos a lo que es, entendiendo lo que somos, podemos alcanzar lo que buscamos. Agrega Leonard Peikoff: “El dolor, el sufrimiento y el fracaso no tienen significado metafísico: no revelan la naturaleza de la realidad”.[2] Desde estas posiciones, es que en la novela “La Rebelión de Atlas”, Ragnar expresa:

No creemos que la tragedia es nuestro estado natural. No vivimos en crónico temor del desastre. No esperamos el desastre hasta que tenemos una razón específica para esperarlo, y cuando lo encontramos, somos libres de luchar contra él. No es la felicidad, sino el sufrimiento, lo que consideramos anormal. No es el éxito, sino la calamidad lo que consideramos que es la excepción anormal en la vida humana”.[3]

Nótese ahora la conducta adoptada por el gobierno argentino proveniente del sostenimiento de la posición filosófica inversa en lo metafísico. Para supuestamente prevenir el esparcimiento del coronavirus, estableció una cuarentena total, luego la ablandó, luego volvió a endurecerla, y la administra de acuerdo a conveniencia.

En conclusión, lleva meses manteniendo a ciudadanos encerrados en sus casas, o con salidas programadas o bajo permiso, sin habitualidad en transportes, con lugares de reunión clausurados o funcionando bajo protocolos limitantes. En el medio, empresas quiebran, iniciativas se cancelan, la gente se empobrece, la corrupción gubernamental aflora, y el atropello institucional es permanente. El gobierno no da el brazo a torcer, insistiendo que hace todo para cuidar a los argentinos, que importa más la vida que la economía, y un sinfín de excusas para avanzar sobre los derechos individuales.

El gobierno no quiere soltar a los ciudadanos, los obliga a usar barbijo y a mantener un distanciamiento social que sus propios funcionarios no cubren. La concepción metafísica detrás de esto es el “Universo malevolente”

Lo concreto es que el gobierno no quiere soltar a los ciudadanos, los obliga a usar barbijo y a mantener un distanciamiento social que sus propios funcionarios no cubren. La concepción metafísica detrás de esto es el “Universo malevolente”. La realidad es dura, malvada, hostil para el desarrollo humano. Hay un virus dando vuelta que puede exterminar a la población, por lo tanto se nos impone un nuevo estilo de vida precautorio, bautizado “la nueva normalidad”: vivir encerrados, distanciados, tapados, escondidos, para que la realidad no nos alcance.

Y para que reconozcamos este estado, el gobierno permanentemente nos atemoriza con diagnósticos catastróficos, nos mantiene en el miedo perpetuo pagando a medios de comunicación para que 24 horas al día difundan -y fabriquen- noticias de fallecidos por Covid-19, y busca que progresivamente asumamos no por imposición sino por convencimiento ante el terror la forma preventiva de manejarnos en cuarentena con reuniones limitadas, horarios recortados y solicitudes de permisos.

El ser humano no tiene defensa ni se inmuniza, y está a merced del “bichito” que puede obliterarlo todo. La pandemia ha pasado a ser el estado natural, el desastre la conversación de cada día, el peligro la vida cotidiana, y el miedo la emoción omnipresente.

Pasemos a la epistemología. El objetivismo sostiene que el individuo puede conocer la realidad a través de la razón. Ahora bien, el proceso racional no es automático, sino que depende de un acto voluntario de la persona para poner en marcha su facultad conceptual. En todo caso, el conocimiento es individual, se adquiere en base al propio esfuerzo de enfocarse en la realidad, y no acepta autoridad como validadora oficial ni intimidaciones como argumentaciones.

El gobierno argentino, que se llama a sí mismo “gobierno de científicos”, quiere desechar estas concepciones y erguirse en la autoridad de lo que se sabe e intimidador de los que también pretenden saber, reemplazando el enfoque en datos de la realidad por la conveniencia ideológica.

Para ello, reúne a un comité de epidemiólogos pagos que monopolizan la verdad y se retroalimentan con la política: el gobierno actúa de acuerdo a lo que ellos dicen, y ellos dicen de acuerdo al guion que el gobierno les pasa.

No se escucha a otros expertos no oficialistas en las mismas disciplinas, ni a expertos en otras ramas que proveen de enfoques distintos (como la economía o el derecho). A su vez, como matones, patoteros, intimidadores, enojones, gruñones y “cancheritos”, el presidente Fernández y su jefe de gabinete Santiago Cafiero, entre otros funcionarios, agreden verbalmente a periodistas no alineados al discurso oficial, viralizan en sus cuentas de redes sociales información falsa sobre sus personas, arremeten contra parte de la población disidente, y difaman a miembros de la oposición que expresan alguna discrepancia. Los kirchneristas son los dueños autoritarios de la verdad, y quien no se somete merece ser insultado, demonizado, escrachado.

Continuemos con la ética. El objetivismo defiende el egoísmo racional: que cada individuo persiga sus propios valores de acuerdo a su propio juicio, preocupándose por el logro de su propio interés, sin sacrificarse para el beneficio de otros ni sacrificar a otros para su beneficio. Y dicha posición se sostiene en una teoría objetiva del valor que tiene en cuenta la realidad donde los valores se encuentran y la persona que valora y actúa para su consecución.

El gobierno argentino es la contracara que defiende al altruismo, la moral del sacrificio, la renuncia y la abnegación, que sostiene que debemos inmolarnos por nuestro prójimo y rechazar nuestros más altos valores en beneficio de los más bajos o los valores de otros.

Por eso el gobierno nos pide que renunciemos a nuestros intereses para supuestamente defender los intereses de los grupos de riesgo, clausuremos nuestros locales supuestamente para defender los intereses de los médicos que atienden los centros de salud, y renunciemos a nuestro bienestar económico para supuestamente beneficiar a los más pobres que cobran los planes y a los adjudicatarios del IFE (Ingreso Familiar de Emergencia).

Y estas posturas son defendidas desde la teoría intrinsicista del valor, que postula valores existentes independientemente de quienes valoran, por lo tanto el gobierno no repara en preguntar si algo es de valor para nosotros; directamente asume por autoridad que algo es un valor y procede a imponerlo más allá de nuestra voluntad y nuestro criterio racional para identificarlo como algo valioso.

Finalmente llegamos a la política. El objetivismo presenta un gobierno limitado con funciones claramente definidas atenientes a la policía para defendernos de los criminales ordinarios, el ejército para protegernos de invasores foráneos, y los tribunales para la civilizada resolución de conflictos entre particulares.

El gobierno argentino se sitúa en el otro extremo, el del estatismo, aumentando sus funciones y ámbitos de influencia en la salud, la economía, la vida diaria; concentrando cada vez más poder en el ejecutivo mientras mantiene amaestrado al poder legislativo y atemorizado o intervenido al poder judicial, y corrompiendo a ambos mediante el ingreso a sus filas de obedientes militantes y el incumplimiento de sus tareas como funcionarios transparentes para responder políticamente a los pedidos del oficialismo sean cuales sean.

De hecho, para evidenciar el grado de autoridad y poder que está concentrando el kirchnerismo, en una de las metáforas más totalitarias de la historia política argentina, el presidente Alberto Fernández le explica a la población que tiene un botón rojo que al presionarlo vuelve todo a la cuarentena total, y que en cualquier momento si los súbditos se portan mal y no obedecen lo que su tiranía ordena puede accionarlo y mandar a todos nuevamente al encierro cual prisión domiciliaria no dictada por un juez.

En conclusión, nuevamente queda demostrada la importancia de la filosofía, más concretamente, la importancia de saber identificar la filosofía preponderante, y en caso de practicarse una filosofía perjudicial proceder con vigor intelectual a su refutación con mejores argumentos para dar un giro cultural e instalar la práctica de una filosofía provechosa para el desarrollo humano. La pandemia es la excusa del gobierno de impronta autoritaria y la cuarentena su herramienta para subordinar la población a sus caprichos y delirios de poder.

El remedio de base para resistir y dar vuelta la situación es una mejor filosofía que defienda la realidad objetiva benevolente, la posibilidad de su conocimiento mediante la razón sin aprobación de autoridad, la ética del egoísmo racional para que cada uno sea libre de buscar sus valores e intereses sin violar derechos de terceros, y la política del gobierno limitado para que los funcionarios se comporten como servidores públicos y no como jefes y compadritos. Algo como lo que el objetivismo propone y que desesperadamente Argentina necesita si pretende sobrevivir como país civilizado y no caer definitivamente en dictadura y la salvaje agresión de tribus criminales contra ciudadanos pacíficos.  



Referencias

[1] Universo Benevolente

[2] Ibídem

[3] Ibídem

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