Para frenar la decadencia el primer cambio debe ser cultural, no económico

La decadencia argentina

La República Argentina comenzó, desde el año 1946, una caída sistemática que la llevó a ser una Nación en constante empobrecimiento. La intervención estatal, el constante cambio en las reglas de juego, y la discrecionalidad para intervenir en la economía, rompió definitivamente la posibilidad de crecimiento.

La Argentina involuciona, mientras el resto del mundo y nuestros vecinos evolucionan. De tener un PBI per cápita equivalente a EEUU, hoy estamos muy lejos. La tendencia de fondo es totalmente negativa y solo algunos períodos muestran una relativa recuperación que se terminan abortando por nuevas crisis económicas. Crisis cada vez más recurrentes con sus consecuencias sobre la inflación, el empleo, la inversión y la pobreza.

El proceso inflacionario argentino nos lleva a perder la confianza en nuestra moneda. La moneda tiene como características ser medio de cambio, unidad de cuenta y reserva de valor. Este último atributo ya no lo tiene. Ningún argentino confía en su moneda, la repudia, y solo la usa como medio de cambio y unidad de cuenta.

La pregunta fundamental es ¿qué fue lo que nos pasó? Yo creo que, más allá de distintas teorías, fundamentalmente lo que nos pasó es que hemos perdido el rumbo de hacia dónde vamos. El Estado argentino vive constantemente con erogaciones que superan sus ingresos. El déficit fiscal es recurrente y constante. Llegando, en algunos casos, a cifras ya delirantes.

Todo ese exceso de gastos se financia de 3 formas: con deuda, con impuestos o con emisión monetaria o una combinación de estas tres alternativas. La Argentina comienza a vivir constantemente por encima de sus posibilidades y ya ninguna alternativa le alcanza para cubrir el exceso de gasto público. La inflación, comienza a convivir de manera constante y es parte de nuestra cotidianidad. El exceso de oferta de dinero por sobre la demanda de dinero torna totalmente inestable el mercado monetario y es ya de tal envergadura el problema y el repudio de los argentinos por nuestra moneda que podemos tener inflación aún sin emisión monetaria, ya que cae constantemente la demanda de dinero generando excesos en el mercado monetario aún sin oferta adicional de dinero.

Como todo bien, el exceso de oferta hace caer el precio del bien en cuestión. ¿Cómo cae el precio del dinero si el valor fiduciario del mismo no cambia? Los valores de los billetes están impresos en los mismos pesos, el billete de $ 100 no puede cambiar a $ 95. Ahí nace la inflación. El aumento constante y persistente de los precios deteriora el poder de compra del dinero, haciendo que el dinero, que tenemos en el bolsillo, “se derrita como una barra de hielo al sol”.

¿Cómo se resuelve esto? El primer paso es ganar la batalla cultural. Sin esa condición básica será imposible revertir este proceso de decadencia constante. Creo, por primera vez, que la sociedad argentina toma conciencia que por este camino el único destino es terminar con una pobreza extrema e infinita. La gente ha sido adoctrinada en que el Estado es la solución. Nuestro deber será demostrar que el Estado gigantesco, es el problema y no la solución.

El Estado desmesurado nos ha llevado a tener los impuestos más altos del mundo, regulaciones laborales incompatibles con los de una economía capitalista, y, por ende, a tener que cerrarnos constantemente al comercio internacional. Así, logramos mantener un sector industrial en un eterno estado de “industria naciente” sin competencia, sin reglas de juego claras y constantes, y con precios que son el doble de los de cualquier Nación que asigna eficientemente sus recursos. Ello implica, que para compensar todas estas distorsiones, tengamos devaluaciones constantes que permitan reducir al mínimo nuestros salarios en dólares, ya que de no ser así, nuestros bienes serían extremadamente caros para el resto del mundo. Esto explica por qué la Argentina no puede ni quiere, bajo este esquema económico, abrirse al mundo y al comercio que permitiría aumentar el beneficio a todos sus habitantes.

Son múltiples las causas de la decadencia, y excede totalmente analizarlas en este breve texto. Pero las resumiría en que la minuciosa decadencia no es solo económica, sino cultural de nuestra sociedad, y fundamentalmente de la educación, ya que sin ella será imposible volver a insertarnos al mundo y generar un círculo virtuoso de desarrollo económico.

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