Padre Sirico: “El libre mercado genera prosperidad y dignidad”

Robert Sirico en UCEMA: el sacerdote católico que la reconcilia la fe con el mercado


Los antecedentes del Padre Robert Sirico bien podrían hacernos pensar en él como un bondadoso cura de pueblo muy bien formado. O esos teólogos que son llamados a resolver asuntos dificilísimos de dogma. Magister Divinitatis de la Universidad Católica de América, Ph.D. en Ética Cristiana por la Universidad Franciscana de Steubenville, integrante de la Academia estadounidense de religión. Pero quizás por su pasado italiano, sus años de estudiante, o su parentesco con el famoso actor de los Soprano,Tony Sirico, Robert Sirico parece todo menos eso.

Robert Sirico es más bien una especie de mix entre Father Brown de la serie televisiva (el cura
bueno pero perspicaz en detectar crímenes y debilidades humanas), filósofo y economista lleno de
datos Cachanosky style.

Su visita (virtual) a UCEMA para hablar de ética y negocios se parece más a una charla del profesor De Pablo que un sermón de misa de domingo.

Sirico fue presentado por Edgardo Zablotsky, rector de UCEMA, y Alex Chafuen, el intelectual argentino que es managing director international de Acton Institute EEUU, la organización que hace años intenta convencer a la gente que negocios, ética y fe no son cuestiones opuestas.

Una suerte de contracorriente a la fe que conciben algunos pensadores cercanos al Papa, que ven la palabra ganancias como la última expresión de la degeneración humana absoluta. Apenas entra, Sirico se desmarca de este tipo de concepciones religiosas anti capital. “El desconocimiento económico de la mayoría de los líderes políticos y económicos está llevando a un exceso de planificación centralizada a raíz de la epidemia, con un exceso de planes, de intervención. Todas las soluciones están pasando por alguna forma de acción o regulación oficial, dejando de lado las soluciones locales de la gente que conoce bien lo que pasa en cada comunidad. Porque no todas las comunidades son iguales en cuanto a contagios y conductas, pero la planificación centralizada trata a todos igual generando un manejo poco eficaz”, explica Sirico, que insiste mucho en rescatar el papel de las asociaciones intermedias locales, y de las familias, en la vida humana.

Las instituciones intermedias como las asociaciones de vecinos, las familias extendidas o parroquias entienden mucho mejor cómo reaccionar en estas situaciones que el Estado central planificador. Pero se las está dejando prolijamente de lado. También uno ve inconsistencias y errores tremendos de la planificación central. Por ejemplo, en EEUU se cerraron centros religiosos pero se abrían centros de tatuaje y bares. Lo espiritual no es visto como algo esencial en un momento de profunda crisis, otra muestra de los errores de la planificación centralizada”, dijo Sirico.

“La dignidad de la persona debe estar el centro del debate, y ya está visto que la persona prospera y es más digna en un sistema libre. Lamentablemente, como no me canso de repetir, muchos de nuestros líderes no entienden como el mercado genera prosperidad y dignidad. La tendencia es que cuando hay crisis el gobierno mete la mano y controla más a la gente y a la economía”, explicó.

Sirico repite una y otra vez que el gran desafío es hacer comprender a todos que el instrumento más eficaz para nivelar oportunidades y aumentar la dignidad es el sistema de precios, el mercado,

“Bajo la influencia de los pensadores marxistas que están metidos en gobiernos, iglesias y hasta en el mismo empresariado se instala la concepción errada de que hay una torta de riquezas fija y que la acción esencial de los lideres es redistribuir esa torta”.

Eso fomenta el crony capitalism, algo que Argentina ha padecido mucho. Muchos empresarios argentinos han creído que solo pueden prosperar cerca del Estado.

Ese patronazgo del Estado desalienta la innovación y la creatividad y altera el sistema de precios. El sistema de precios debe ser libre porque da las señales de que es lo que falta y que es lo que hay que crear para satisfacer esas necesidades”, afirma Sirico.

“Cuando hay regulaciones e impuestos excesivos, cuando algún empresario tuvo un dato del Gobierno para hacer un negocio, el sistema de señales se altera y se produce demasiado de algo o demasiado poco”, acota.


Para el pensador, la cuestión de la inflación, el déficit o la deuda es mucho más que un tema de cuentas desbalanceadas u obsesiones de economistas liberales. La inflación contiene un inmenso problema ético y moral. “Cuando hay tanto gasto y se infla la oferta de dinero desde del Gobierno, ahí hay un tema moral. Los más vulnerables, los que no tienen inversiones o cuentas afuera, son los primeros dañados por la inflación generada por la emisión. La inflación es el gran crimen contra los pobres”.

Para Sirico, en este contexto, las inyecciones de gasto actuales están alimentando una bola de nieve peligrosa que dejará secuelas a futuro que de momento son impredecibles. “Entiendo que en el contexto actual se necesitan estímulos. Pero yo me pregunto todos los días que es más eficiente como estímulo a la economía: aumentar los impuestos o la deuda sobre riquezas que a veces ni se generaron, dejando esta carga a las generaciones futuras, o hacer una baja sustancial de impuestos para que esa plata vaya directo a nuestras familias y a inversiones. Creo que la respuesta está en lo segundo”.
Como protagonista de la Cátedra Lord Acton, Sirico cerró un ciclo de seis charlas organizado por Acton Institute EEUU y UCEMA de octubre de 2020 hasta abril de 2021, por donde pasaron Daniel Lacalle, Martin Rhonheimer, Francisco de Santibañes, Geanluca Lorenzón, Anthony Kim, Jesús Fernández-Villaverde, entre otros.

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