No es el púrpura: el único color que trae mala suerte es el que tiñe de estatismo

El púrpura fenicio o el blanco estatal

Los fenicios fueron los primeros comerciantes que existieron en las civilizaciones antiguas. Fueron los precursores del sistema de intercambio de mercaderías, atendiendo a las ventajas comparativas entre demandantes y oferentes, y del comercio internacional y nos legaron importantes cuestiones culturales. Una de las más importantes fue su sistema de escritura, en la cual una letra representaba a un fonema (mucho más didáctico que el jeroglífico), y dicha escritura fue la cuna del lenguaje escrito occidental, y como nunca, la base del latín.

Uno de sus bienes más “demandados” era la tela teñida de púrpura, lo cual en ese entonces se percibía como imposible de conseguir, pero ellos lo podían obtener extrayendo con un proceso delicado las glándulas del caracol “murex” y se encargaban de disolverlas en agua y orina, con un sistema de calentamiento para que el tinte quede impregnado definitivamente en la tela, aunque nunca consiguieron lograr los tonos de púrpuras iguales de una sola vez.

Eran vistos como una nación económicamente poderosa y hábil para todo tipo de actividad comercial, incluso eran grandes marinos; también contaban con excelentes arquitectos, los cuales construyeron naves capaces de navegar por todo el mediterráneo, y aún más allá de las columnas de Hércules; por el continente africano, que en ese entonces era llamado Libia, al cual lo circunnavegaron según relatos de Herodoto. Sus descendientes directos y prontos, los cartagineses, siguieron al pie de la letra la tradición de sus antepasados, incluso con los tintes.

El color púrpura contiene dentro de su tinte una historia tan antigua como la vida misma.  ¿Acaso el lector sabía que este color es considerado el peor y el de mala suerte para los artistas italianos?

Para encontrar el origen de esta superstición debemos remontarnos a la época medieval, y en especial al color púrpura de las casullas que eran usadas por los sacerdotes católicos en ciertas festividades religiosas.

Durante todo el tiempo que duraba la Cuaresma (todo el periodo de Pascua hasta la finalización de la Semana Santa) como el Adviento (que incluía la Navidad y abarcaba desde finales de noviembre hasta principios de febrero) se prohibía todo tipo de representaciones (ya fuese en teatros o callejero). Por tal razón los actores asociaron el color morado de los motivos religiosos con el periodo en el que se les impedía trabajar (cuya suma se alargaba a alrededor de cuatro meses anuales) y, por tanto, dejaban de ganar dinero. Toda una desgracia para este colectivo ya que solían vivir al día y se mantenían de lo recaudado noche tras noche en las funciones.

El color púrpura representa al poder. En la antigua Roma los cardenales e incluso el mismo papa utilizan desde tiempos pasados las togas de dicho color, las famosas “mucetas”, simbolizando a la jerarquía que proviene del máximo poder supremo otorgado por Dios a la iglesia católica y ni qué decir sobre el prestigio que este color tenía junto con la seda china en aquel entonces. No todos podían tener acceso a tejidos de este color, su precio era desorbitante y a la par, irónicamente, también su uso se encontraba restringido por la misma ley. Un ciudadano común, aunque ahorrase años para comprarse un tejido en dicho color, no lo iba a poder hacer porque la ley dictaminaba que solo personas con poder podían tener acceso a él. No se trataba de oferta y demanda sino de centralización del poder en ciertas instituciones, como lo fue el Imperio en su momento y luego la misma iglesia católica.

Existieron a la par otro tipo de historias con el púrpura que no precisamente destacaban en augurios de poder, como la del emperador Pertinax, quien a los ochenta y seis días de vestir el tan poderoso púrpura, cae asesinado en manos de sus propios soldados mientras orinaba en un lugar de su inmenso patio. También cuenta la historia que Jesús fue vestido con un manto púrpura al momento de su crucifixión. En la biblia misma es este el color que ocupa un lugar privilegiado ya que se menciona en las escrituras que por ejemplo las cortinas del tabernáculo fueron de dicho color, y que los israelitas la llevaron consigo cuando huyeron de Egipto en búsqueda de la tierra prometida. La verdadera púrpura que también es conocida con el nombre de Tiro, se utiliza hoy solo para la restauración de tejidos púrpuras originales como, por ejemplo, el interior de la corona británica, la cual es rellenada con una capucha de terciopelo de dicho color.

El precio de un gramo se ofrece por 2.500 euros y es extraído de aproximadamente 12.000 caracoles.

El mito de la mala suerte del color púrpura para los artistas radica en una suerte de memoria cultural, rodeada de un aura de superstición incluso en el siglo XXI, la cual podría acabar en un intento de comprensión de la mala fortuna durante la pandemia, debido a que este es uno de los rubros más afectados económicamente hablando desde marzo del 2020.

En octubre del 2020, Eros Ramazzotti, famoso cantante italiano, levanta en su redes sociales un video en donde se lo ve uniendo su grito de protesta al de 500 baúles perfectamente alineados en la Piazza del Duomo de Milán, en donde cientos de personas protestaron ese fin de semana en un esfuerzo desesperado a fin de que las autoridades analizaran la pronta apertura de las actividades del espectáculo y se pudiese comenzar a hablar de la recuperación económica de dicho sector, que al igual que el gastronómico fueron los primeros y hasta ahora, los más ahogados económicamente hablando.

Mucho antes de que se comenzara a hablar de subsidios, los artistas, músicos y gastronómicos, pedían al gobierno que se analizaran nuevas reglas de pandemia en cuanto a las restricciones, las cuales fueran a crear una situación más sostenible para el reinicio de los espectáculos, ferias y otras actividades que han sido utilizadas como fuente de ingresos para estas personas durante años. Incluso el músico de calle, quien con una extravagancia violinista paganiniana, toca en las famosas “strade” para poder llevar un sustento a sus hogares; son aquellos ciudadanos más conocidos con los motes estatales de “informales” o quizás la forma más poética que se puso de moda en estos tiempos “no esenciales” quienes no visten de púrpura precisamente, sino de blanco, al estar obligados a pagar impuestos indirectos en cada compra que realizan en Italia y en todos los países del mundo. Entonces ¿podemos hablar de que el peor mal de la historia no ha sido un color sino nuevamente la superestructura del poder estatal que tiene al monopolio de la violencia como arma principal?

Una vez más el Estado ha recurrido a embellecer sus palabras con los salvadores “subsidios” o “prestaciones” para poder compensar la recuperación del sector artístico, creando una cantera plagada de indigentes involuntarios quienes con el despliegue de sus habilidades hasta hace más de un año atrás comían, y actualmente siquiera el Estado les permite poder sacar a flote a sus inspiraciones a través de lo que saben hacer, es decir “EL ARTE”, cuando el mercado, mediante la oferta y la demanda ha dado impulso y libertad a todos los artistas desde tiempos inmemoriales con el incluso conocido “mecenazgo privado”.

El intento de estímulo con migajas por parte de los gobiernos de muchos países genera una falta absoluta de respeto al valor universal que contienen las artes dentro de la formación de la humanidad a través de la historia. En un intento desesperado por calmar las aguas en un determinado periodo de tiempo, solo logran desprestigiar todo el trabajo universal que ha conllevado siglos de perfeccionamiento y dejarán para las próximas generaciones, artistas desmotivados y cómodos que incluso no podrán obtener belleza de sus propias tristezas, como un Van Gogh, un Oscar Wilde, un Mozart o un Beethoven.

El arte no se conforma con migajas…

El arte no tiene techo…

El arte necesita al infinito y más allá para volar…

El arte necesita solo LIBERTAD.

¿Podemos llegar a un acuerdo de que el color púrpura es solo superstición oscurantista y que, aunque estemos vestidos del blanco legal de la formalización económica, el verdadero mal augurio para todos los rubros es realmente la existencia de un Estado desmesurado y altamente corrupto debido a su gran tamaño? Estoy segura de que la respuesta es muy evidente.

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