“Esta pandemia le vino como anillo al dedo a todas las izquierdas del mundo”

Yo soy un profetita, un inútil y quijotesco David luchando contra un Goliat todopoderoso. Pero lo hago igual porque el mundo me duele”. Escuchar al filósofo Gabriel Zanotti definirse de esa manera ahonda la incertidumbre y el desasosiego que se vive en estos meses de aislamiento.

“David” sería él defensor de la libertad individual a cualquier precio. “Ningun virus, por violento que sea, justifica la violación de las libertades individuales básicas”, enfatiza para que no queden lugar a dudas. Y “Goliat” vendría a ser el estatismo, con poderes adicionales en tiempos de virus, que avanza por toda la Humanidad a la misma velocidad que la peste.

Zanotti se siente un “profetita”, que es una manera sutil de anunciar un escenario complicado para la libertad. En una amigable pero profunda conversación con Marcelo Duclos en el marco del ciclo Diálogos en Cuarentena, Zanotti confiesa que está enojado. Y que la realidad “le duele”.

“Siempre me dolió ver a las víctimas del estatismo. Y ahora más. Porque el estatismo tiene una gran dosis de crueldad”.

Para Zanotti, las víctimas no siempre saben que lo son. ” La gente de buena voluntad está siendo victima de un engaño de hace siglos. El engaño de la unión dictactorial entre el Estado y la ciencia. Gente que apoyaba la libertad individual y al mismo tiempo apoyaba una dictadura que ya viene del siglo XVIII del Estado imponiendo coactivamente las directrices de la salud pública en nombre de la ciencia”.

Con razón Zanotti está enojado. “Me duele el mundo”, confiesa, como una forma de justificar su enojo. ” La ciencia unifica e impera como antes lo hacía la religión. Lo que los científicos dicen es palabra sagrada”. Y compara a la legión de epidemiólogos que opinan con la Santa Inquisición, esa institución que pretendió combatir las “herejías” durante tres siglos. Con una salvedad: “Los expertos del siglo XX son peores. Porque los inquisidores al menos querían salvar tu alma. Estos a lo mejor quieren salvar tu cuerpo pero además cobran un buen sueldo”.

Ironías al margen, Zanotti se muestra desolado frente al avance sobre las libertades individuales. Dice que la pandemia le vino como anillo al dedo a Alberto Fernández y a todas las izquierdas del mundo.

“El colmo de los recontracolmos es que los supuestamente serios te acusan de conspiranoico o paranoico a los que tenemos alguna preocupación porque dudamos. ¿Hay que estar loco para dudar o quiénes son los locos?. Te acusan de retrasado mental porque sospeches de alguien o algo”, concluye.

A Zanotti siempre es bueno leerlo pero mucho mejor, es escucharlo.

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