26/06/2026

Milei se sacude las cenizas de Adorni, recompone alianzas y vuelve a crecer en las encuestas

Tras el incendio político desatado por el jefe de Gabinete, el Presidente recuperó gobernabilidad en Diputados, logró la aprobación del pago a holdouts y la media sanción del Super RIGI, y cortó seis meses de caída en las encuestas. El pragmatismo volvió a imponerse al relato.

Por Carlos Sagristani. Javier Milei se sacude las cenizas. Intenta reciclar el capital político dañado por la voracidad del incendio Adorni. Y algunos progresos muestra.

Recuperó la gobernabilidad parlamentaria, al menos en la Cámara de Diputados. Negoció los votos, presencias y ausencias necesarios –según cada caso– de legisladores del PRO y la UCR. Y de una dotación cambiante de diputados del peronismo no kirchnerista, siempre listos para algún acuerdo. En realidad, funcionan como scouts de los gobernadores, eternamente ávidos de recursos o ventajas más o menos institucionales para sus provincias.

En la orfebrería de esas alianzas –llamémosles tácticas– pragmatismo mata relato, todas las veces que sea necesario. Macristas, radicales o peronistas cordobeses arriaron sin rubores las banderas éticas que izaban anteayer nomás. La condena al exhibicionismo de nuevo y dudoso rico que ostentara Adorni quedará para alguna ocasión más conveniente.

El oficialismo y sus auxiliares blindaron del embate destituyente –al menos, por ahora– al jefe de Gabinete. O, más bien, a su holograma. Adorni sigue atornillado al sillón, pero vacío de poder y de funciones. El proyecto de interpelación dormirá en la Comisión de Asuntos Constitucionales de la cámara baja.

El gobierno obtuvo además la aprobación de dos leyes que prioriza. Consiguió la autorización del pago de 171 millones de dólares a acreedores que no aceptaron renegociar la deuda defaulteada. Otro eslabón de una cadena de decisiones para volver en algún momento a financiarse en los mercados internacionales de crédito. Y logró la media sanción del Super RIGI, el más ambicioso proyecto dirigista para promover inversiones extranjeras. En este caso, tecnológicas. Lo destrabó concediendo un piso obligatorio del 15% de contratación de proveedores locales y un Fondo de Compensación Tecnológica que coparticipará recursos a las provincias que adhieran.

En pocas horas se verá si logra o no replicar resultados en la Cámara Alta. A los senadores más o menos aliados se les atribuye mayor aversión a digerir un batracio del tamaño de Adorni. No parece imposible, pero sí más arduo. Y está por verse la capacidad de ese factor de obstaculizar las leyes de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y el trámite de pliegos de magistrados claves.

Como sea, la gestión libertaria ya consiguió retener una cuota de gobernabilidad legislativa impensable semanas atrás. Y, tanto o más relevante, cortó una racha negativa de seis meses en las encuestas. Repunta, gracias a una incipiente mejora en las expectativas económicas.

La baja de la inflación, después de diez meses de estancamiento o suba, volvió a ser determinante. Y, ya se sabe, las preocupaciones por la ética pública suelen urgir menos que el bolsillo. Pese a que, en todos los sondeos, la imagen dominante de Adorni es un meme. Y a que la insuficiencia de los salarios y el temor a perder el empleo se mantienen como preocupación principal.

El Índice de Confianza del Consumidor de la Universidad Di Tella rebotó con fuerza en junio. Subió 6,4% y encadenó dos meses consecutivos de recuperación. Y el Índice de Confianza en el Gobierno, de la misma casa de estudios, también mejoró. Este dato siempre mostró consistencia con los resultados electorales, por eso está reputado como representativo de la opinión política. En junio subió 3,9%. Lo cual fue leído como un indicador de que el máximo desgaste provocado por el caso Adorni ya pasó.

La crisis política no terminó. Está más disimulada en el propio gabinete en detrimento de la gestión. Y obligó al oficialismo a poner en pausa el armado electoral, decisivo para la ambición reeleccionista del presidente. El gobierno aún debe superar el test del Senado. Y fortalecer la confianza pública en que el esfuerzo económico mejorará los bolsillos de los votantes.

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