Los hijos no reconocidos y preferidos del “papá” Banco Central Europeo

Múltiples fueron las medidas que se tomaron cuando la pandemia del coronavirus azotó al planeta tanto a nivel sanitario como económico. Una de las que tomó el Banco Central Europeo a cargo de Christine Lagarde fue vetar a las entidades bancarias europeas la distribución de dividendos a sus accionistas.

Algo parecido ordenó la Reserva Federal en los EEUU, poniéndole un “cap”, techo o límite, impidiéndoles repartir dividendos por importes superiores al del ejercicio precedente.

Cuidemos que no se descapitalicen!

¿Cuál era el objetivo de tales medidas? Pues la autoridad monetaria estaba aparentemente muy preocupada con que las entidades financieras “no se descapitalizaran”. Claro, porque los que dirigen los bancos son unos tontos rematados y los que lideran la banca central son todos unos maravillosos iluminados.

Si partimos de la base liberal de que no hay nadie mejor que uno para decidir sobre su vida, lo mismo podríamos decir de las empresas: no hay nadie que sepa más del negocio y de sus capacidades para repartir o no dividendos que los propios bancos. Los gobiernos suelen creer que ellos son los sabios del monte y que las empresas están manejadas por incompetentes, cuando de hecho, es exactamente a la inversa.

Tras la crisis del 2008/2009, cuando los bancos estuvieron en el ojo de la tormenta, éstos han sido muy prudentes a la hora de repartir dividendos entre sus accionistas. Poniendo como ejemplo al Bank of America –el segundo más grande de los Estados Unidos- en los últimos 4 años el payout ratio (lo que entrega a sus accionistas sobre las ganancias) nunca ha sido superior al 45% y ha llegado a ser tan bajo como el 16%. También cabe recordar el caso del banco Wells Fargo que ha reducido dramáticamente su dividendo en el año que corre.

De modo similar, otras empresas tales como Disney han directamente suspendido por sí mismas el reparto de dividendos este año a fin de contar con una posición en efectivo más robusta para afrontar la caída de sus ingresos debida al cierre de los parques de diversiones, cruceros y cines. Los directivos que manejan empresas de este calibre no son necios. Conocen sus limitaciones.

Ahora se levanta la restricción

Parece que ahora el Banco Central Europeo ha resuelto levantar al menos parcialmente la restricción que hasta hoy pesaba sobre los bancos europeos, que, conforme el nuevo criterio ahora podrían repartir hasta un 15% de sus ganancias en forma de dividendos.

De hecho ya el Banco de Inglaterra ha operado de esta manera y permite entregar hasta un 25% de la ganancia del ejercicio en dividendos o mediante la recompra de acciones propias (una metodología frecuente en EEUU en los últimos tiempos como método alternativo para satisfacer a los accionistas sin entregarles “metálico”)

Un paternalismo con hijos preferidos

Por último, no cabe dejar de señalar que el “paternalismo” intrínseco al accionar del Banco Central Europeo resulta asimétrico, ya que con el fin de “que los bancos no se descapitalicen” termina condenando a los accionistas. Muchas personas de ingresos medios, sobre todo en Estados Unidos y en Europa, invierten en acciones con vistas a un dividendo regular, situación que el Banco Central Europeo ha elegido soslayar. Como reza el dicho, hay “hijos y entenados”.

Por cierto, la “marcha atrás” habilitando el reparto de dividendos, aun dentro de ciertos márgenes, no puede sino ser celebrada, pero ello no excluye que su esencia sea intrínsecamente violatoria de la propiedad privada y reflejo de una mente estatista, no importa cuál sea el “porcentaje” de la prohibición.    

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