Los carroñeros fiscales sobrevuelan y se relamen sobre el impuesto a la herencia

Impuesto a la herencia (opinión y reflexión)

Estoy leyendo, para tratar de comprender, ya que el instinto ante la mera idea es de rechazo y repugnancia, sobre el impuesto a la Herencia que quieren aplicar en el país.
Y hasta ahora, solo encuentro, a mi modesto entender, falacias que intentan justificar la injusticia, aunque las llamen, eufemísticamente, con el nombre de “Justicia social”.

Los que defienden este nuevo atropello, nombran personajes tales como Thomas Piketty (economista francés) o  al sociólogo y politólogo alemán Szydlik, aplicando así la falacia de “Apelación a la autoridad”, ya que según estos defensores, una falsedad, al ser enunciada por un intelectual y/o profesional de la materia, se convierte en verdad.

Enuncian obviedades tales como que “La posibilidad de recibir una herencia cuantiosa depende de la clase social a la que uno pertenezca”. Eso es verdad, pero de ninguna manera implica que por ello es moral y JUSTO que el Estado se quede con una parte.

Incluso se vuelven bíblicos e invocan, hipócritamente y fuera de contexto,  las Sagradas Escrituras diciendo (Szydlik) que con las herencias se cumple el principio de Mateo: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.”
“Los adinerados reciben aún más riqueza, los prósperos se hacen ricos, los ricos aún más ricos en desmedro de los pobres”. Y eso es mentira.

Al heredero nadie le está dando nada que ya no sea suyo por derecho.

Los perversos ven la continuidad del justo derecho de la familia a disponer de lo que el difunto generó, casi siempre con el afán de mejorar su vida y la de su descendencia, como un enriquecimiento inmoral, mal habido e inmerecido.

Nada más falso, nada más indignante que estigmatizar y exponer ante los envidiosos, a los miembros de una familia que ha trabajado honestamente, generación tras generación  para obtener lo suyo, por el hecho de que ha sido lo suficientemente hábil, hacendosa y capaz para lograrlo, como excusa y justificación para expropiarle parte de su riqueza (porque aún no se atreven a pedirla toda).

Los socialistas[1] propulsores de esta idea, Stuart Mill entre ellos, aducen que la herencia es uno de los principales factores de concentración de riqueza en la parte más rica de la sociedad y, que estas concentraciones de riqueza devienen en un poder político impropio que amenaza la democracia.


Y yo pregunto: decidir unilateralmente desde el gobierno que se le quitará una parte de la fortuna a la familia por el hecho de que muera uno de sus integrantes ¿No es un poder político impropio? ¿No amenaza la democracia?

Sacan a relucir el veneno que destilaron Engels y Marx: la lucha de clases, cuando enuncian:
“Recibir o no bienes en herencia es una de estas circunstancias, en la medida en que no depende de las decisiones y esfuerzos del beneficiario, sino de la buena o mala suerte de haber nacido en una familia acaudalada. ¿Cuál es el mérito de los descendientes de multimillonarios que los hace merecedores de cuantiosas herencias o donaciones sin tener que tributar por ellas? ”

Apelan a la envidia del más pobre y menos despierto, para obtener justificación y, principalmente, apoyo cómplice para el robo.
Si una familia logró amasar una fortuna honesta ─si es deshonesta que lo juzguen como corresponde─ es mérito de cada una de las generaciones. Por otro lado, los individuos no tienen por qué ser castigados con expropiaciones por haber tenido suerte.

Olvidan además, los carroñeros fiscales, que de no ser meritorio el descendiente de recibir una cuantiosa fortuna, es muy probable que la dilapide con decisiones erróneas y será “La mano invisible” la que se encargue de redistribuir el capital entre quienes mejor lo usen y donde sea necesario.

Es  un error apodíctico quitarle los recursos a quienes saben cómo usarlos para entregarlos a quienes no saben qué hacer con ellos. Y es una infamia que demuestra la bajeza moral de los gobernantes arrogarse la capacidad de saber mejor que el verdadero dueño, lo que hay que hacer con el dinero de su familia.

Para el empresario Warren Buffet, una de las diez personas más ricas del mundo, “sin el impuesto a la herencia habrá una aristocracia de la riqueza, lo que significa que la capacidad de controlar los recursos de la nación se transmite en función de la herencia en lugar del mérito”

Pero bueno. Warren no es precisamente un moralista ni es tan liberal como para esperar otra cosa de él. Ni siquiera desea que sus hijos hereden toda su fortuna. Y no me parece mal que desee eso de SU fortuna, pero sí me parece terrible que pretenda que su punto de vista se aplique a los demás solo porque él piense así sobre su propia familia.[2]

Y me surge una pregunta ¿será que los muy, muy ricos apoyan este impuesto con el objetivo de no permitir que “la competencia” crezca dado que ellos ya gozan de un poder político impropio?

“El impuesto a la herencia es un gravamen que da equidad y progresividad al sistema tributario”
Esa oración es un oximorón. Equidad y Progresividad son conceptos contrapuestos en lo que al sistema tributario se refiere. No se logra “igualdad” tratando a las personas en forma desigual. Nuevamente aquí se  evidencia la lucha de clases. El progresismo es la forma de dividir a la población en estratos más pequeños para esclavizarlos con menos riesgo. “Divide y vencerás”.

Por último, pego lo que leí de un abogado y becario del CONICET:
 A su vez, lo recaudado por este tributo podrá contribuir a políticas públicas que permitan reducir los altos niveles de pobreza e indigencia que padecemos. Por ello, un tributo progresivo a la recepción gratuita de bienes implica hoy un avance significativo hacia la construcción de una sociedad más justa. ”

Ese párrafo es la quinta esencia de la falsedad, ruindad, mezquindad y perversión de los intelectuales socialistas. Crean, con todas las falacias y sesgos cognitivos posibles, las justificaciones que luego esgrimen los que concretan el robo.

Antes de terminar mis modestas reflexiones sobre este tema, quiero traer a colación el caso más resonante del error y fracaso de este gravamen.

Suecia llegó a aplicar, en 1983, hasta un 70% de impuesto a la herencia, pero tuvo que eliminarlo en 2007.[3]

“Un episodio especialmente significativo para la eliminación de este tributo fue el del fallecimiento de Sally Kistner, la viuda del presidente de la farmacéutica Astra, compañía que luego se fusionaría con la inglesa Zeneca para crear el conglomerado AstraZeneca. El grueso de la fortuna de Sally Kistner estaba invertido en su empresa, de manera que sus herederos se dispusieron a vender una parte significativa de sus acciones para hacer frente al oneroso pago que exigía el Impuesto de Sucesiones y Donaciones.

El valor de la empresa se desplomó en bolsa, ya que los accionistas anticipaban esa venta masiva de participaciones por parte de la familia Kistner. Además, los herederos se vieron obligados a pagar también el impuesto al ahorro derivado de la venta de las acciones, así como un tipo máximo del Impuesto sobre la Renta que rondaba el 60 por ciento. Semejante combinación de impuestos terminó arruinando a los Kistner, que no solo se quedaron sin un céntimo de su herencia, sino que además se vieron obligados a declararse en quiebra.

Casos como el de los Kistner generaron fuertes críticas y abonaron el terreno para acabar con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones. De hecho, los medios de comunicación se hicieron eco de numerosos casos de empresas familiares cuya transmisión de generación en generación se convertía en un infierno a raíz de las draconianas exigencias del fisco. No hablamos de una cuestión menor: al menos 200.000 trabajadores y 50.000 empresas habrían sufrido un golpe considerable si no se hubiese eliminado este tributo.

Además, cada vez más contribuyentes de gran patrimonio alzaron la voz frente a los excesos del sistema tributario sueco. Es el caso de algunas de las familias más ricas del país escandinavo (los Wallenberg, los Johnson o los Söderberg), así como de Ruben Rausing, creador de Tetra Pak, Ingvar Kamprad, fundador de IKEA, o Fredrik Lundberg, magnate industrial. El éxodo de muchos de estos contribuyentes a países de fiscalidad más reducida generó un intenso debate sobre la necesidad de abandonar el viejo modelo tributario instaurado en los años más radicales del Partido Socialdemócrata. ”
Soy consciente de que muchas cosas más pueden agregarse a estas reflexiones.

[1] Considero “socialista” toda idea política que no sea liberal. Si consideramos una esfera ideológica con dos polos, uno liberal y el otro socialista, cualquier punto de la esfera  que se aleja del polo liberal es, en cierto grado, socialista.

[2] Si quieren saber un poco más sobre cómo opera Warren, pueden hacerlo aquí:
https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2018-03-05/fortuna-warren-buffett-exito-secreto-monopolio_1529811/

[3] Fuente: https://www.libremercado.com/2017-08-05/suecia-cumple-una-decada-sin-impuesto-de-sucesiones-1276603926/

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