El Estado tóxico que ya no deja ni comer solos a sus “hijos” ciudadanos

Si la Argentina fuera una gran familia, sus habitantes tendrían padres tóxicos. De esos que de tanto “cuidar” a sus hijos no los dejan crecer. Los que no permiten la frustración y el desapego porque los consienten. Quizás por la culpa, vaya a saber. Mamá-Estado y Papá-Estado “cuidan” tanto a sus hijos que antes de sentarse a la mesa les advierten qué pueden comer y qué no.

Aunque la Ley de Etiquetado Frontal no pudo pasar del Senado -ayer no tuvo quórum y no pudo ser habilitada la sesión especial para debatir sus principales puntos- es un indicio claro de esta toxicidad. La lista es larguísima: cada alimento debe tener una etiqueta de advertencia que diga cuánta azúcar, grasas saturadas o sodio tiene de más.

“¿Querés que el cartel lo pongamos mas grande? Lo ponemos mas grande. Querés que pongamos la materia prima? Ponemos la materia prima. Pero no demonicemos la fabricación de alimentos”, pide Gustavo “Lacha” Lázzari, quien además de ser liberal es productor de alimentos. Es decir, la medida tiende a “demonizar” su trabajo. “Esta ley te pone un cartel negro donde un funcionario -nadie sabe en relación a qué- te dice que tenes un nivel “alto” de grasa o azúcar. La medida ya demostró que no ayuda a bajar la obesidad”, agregó el empresario.

Las advertencias, en rigor, funcionan como una señal de PARE. De hecho, la ley estipula que el sello debe ser de color negro con bordes y letras blancas y en mayúsculas y con un tamaño nunca inferior al 5% de la superficie de la cara principal del envase.

Dicho en criollo. La advertencia debe ser lo suficientemente clara para despertar a los dormidos comensales que abrirán la boca sin saber qué están comiendo. Tanta sobreprotección abruma y presupone que el consumidor es incapaz de discernir por sus propios medios qué comer y qué no.

La Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina rechazó el proyecto de ley y alertó sobre los obstáculos que traerán para el comercio y la producción. “Hay una simplificación en la cual se busca el no consumo de ciertos alimentos, dejando de lado la posibilidad de educar en torno a la temática en cuestión”, citó en un comunicado. En el mismo camino emitió sus declaraciones la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL). La entidad advirtió que los modelos aislados que preconizan la demonización de los alimentos, lejos de cumplir sus objetivos constituirán un daño en los consumidores al proporcionar información incorrecta”.

Cabe recordar que el proyecto de etiquetado frontal que avanza en la Argentina replica los esquemas que ya se implementaron en otros países. Chile (2016), Uruguay (2018), Perú (2019) y México (2020) son los países de la región con esquemas de advertencia similares al que se propone localmente.

En Uruguay, un estudio de UNICEF encontró que, luego de su puesta en marcha, un 18% de los consumidores optó por no comprar un producto con octógonos y un 23% se decidió por opciones libres de advertencias. Pero la comparación de esta ley con la aplicada en otros países también es ambivalente.

El economista Iván Carrino, en ese sentido, señaló en Twitter: ¿Ahora resulta que quieren copiar a Chile? Perfecto, copiemos además de su Ley de Etiquetado, su gasto público del 25% del PBI, su Banco Central independiente con prohibición de monetizar déficit, su apertura unilateral al comercio y su flexible mercado laboral. Si es así, firmo.

López Murphy apuntó a la oportunidad de la ley: “El Congreso debe establecer prioridades. Quieren debatir etiquetas en un país donde la mitad de la ciudadanía no accede a los productos. URGENTE es bajar impuestos, controlar la inflación, generar empleo y combatir la delincuencia. Esta imagen impacta y resume”, señaló el candidato a diputado para ilustrar con una viñeta donde se ve a una familia revolviendo basura en un contenedor, buscando qué comer.

También en ese sentido opinó Roberto Cachanosky. En efecto, el economista se preguntó: “Digo, por curiosidad, ¿no será más urgente modificar la ley de alquileres que le complica mucho la vida a la gente y después se ocupan de la ley de etiquetado? Una cuestión de prioridades. Esas cosas que a uno le pasan por la cabeza

Con ironía, algo de humor y mucho de descreimiento, los consumidores dejaron su impresión sobre esta ley. La mayoría de ellos, con argumentos negativos. Otros, como Miguel Boggiano, remarcando las consecuencias no deseables de la ley: “La ley de etiquetado frontal prohíbe donar productos con grasa a los comederos infantiles. El 73% de los chicos en el conurbano no comen, pero para la política entre comer un alfajor o no comer, es mejor que los chicos no coman. Vergüenza”, sostuvo en su cuenta.

En esta “gran” familia que es la Argentina, estas leyes dejan al descubierto las desventajas de la sobreprotección extrema (e inútil, por otro lado).

Cuando ya las conductas de los “Estados tóxicos” son tan recurrentes, el único camino viable es la educación de los hijos.

Que aprendan a comer solos. Hace rato que saben que la Coca Cola tiene demasiada azúcar, no hace falta que se lo repitan tantas veces. ¿O creerán que somos tontos?

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