La pregunta del millón: ¿por dónde deberían los liberales empezar a construir la libertad?

Si fuera posible embarcar a todos los liberales en una cruzada para llevar sus ideas al mundo, Alberto Benegas Lynch (h) y Carlos Rodríguez Braun podrían ser los capitanes que manejen la expedición. No solo por lo que saben, que es mucho. De hecho, ambos citan a autores de todos los tiempos y de todos los pensamientos para fundamentar, refutar o consolidar sus tesis. Si no, y sobre todo, por lo que sienten.

Llevan la libertad tatuada en el cerebro. Desde ahí circula, como si fuera dopamina, a través de la sangre e irriga todos los músculos. La libertad les late. Los pone en movimiento. La sinapsis neuronal se hace a través de destellos de Popper y Alberdi. Así son y desde esa pasión hablan. Esta vez, invitados por Fundación Libertad y Progreso y con el patrocinio de la Fundación Naumann, ambos catedráticos le dieron contenido real a una convocatoria muy amplia: cuáles son, hoy, los desafíos del liberalismo.

Con todo el aval que les da ser autores de libros, sus doctorados y títulos, sus galardones ganados a fuerza de estudio y perseverancia, ambos dejaron dos respuestas muy simples y muy complejas a la vez. La fundamentación del libre albedrío y el reconocimiento del avance de la libertad fueron, a juicio de ambos, los mayores desafíos que deben enfrentar hoy los liberales.

La conversación, que se transmitió en vivo por el canal de Youtube de Libertad y Progreso y fue coordinada por Candelaria de Elizalde, duró poco mas de una hora (con debate incluido). Pero el mensaje perdura. Para Benegas Lynch (h) “El” desafío es tomar distancia de la coyuntura. Cita a su predilecto Popper para definir lo que implica abandonar los cimientos que hacen que la libertad sea una ficción.

“Sin libertad seríamos loros con aspectos humano, pero loros al fin”. Benegas Lynch (h)

Y dice: “Nosotros, los seres humanos, no somos solo hilos de protoplasma. Tenemos estado de conciencia, mente, psique. Si no fuera así, no podríamos realizar nuestros propios juicios, no habría proposiciones verdaderas ni falsas, no podríamos argumentar ni habría ideas autogeneradas. Es decir, no habría responsabilidad” . Y agrega vehemente, casi desesperado, subrayado y en negrita: no habría libertad

Ante ese escenario, continúa el autor de “Vacas Sagradas en la mira”, el último de casi 30 libros escritos, “seríamos loros con aspectos humanos pero loros al fin. Determinados a hacer y decir lo que estamos determinados a hacer y decir“.

Su disertación terminó con citas y ejemplos tomados de autores de distinta índole pero dejó para el final una imagen que es recurrente. No hay forma de empezar a construir una casa por el techo.

La fundamentación del libre albedrio y la libertad son los cimientos de una casa”. Esto es básico y elemental, el primer desafío que se debe explorar. Necesario, concluye, para la también necesaria autocrítica liberal.

Toma Carlos Rodríguez Braun la posta y cita también a Popper. Y el discurso fluye, porque toma a Adam Smith y lo cita cuando ironiza: “esos moralistas quejumbrosos y melancólicos que nos reprochan que seamos felices cuando hay gente que tiene problemas” para explicar que, a menudo, se confunde profundidad con pesimismo.

Popper decía que para tener prestigio intelectual tiene que decir que todo va mal, así lo aprecian como una mente profunda. pero si dicen que todo va bien, lo consideran frívolo”. Para Rodriguez Braun no debe ser así. Y ubica, como desafío a la libertad, la necesidad de reconocer lo que ha pasado.

Reconocer que los avances en términos de libertad y responsabilidad han sido extraordinarios en los últimos 50 años. Que este es un mundo irreconocible comparado con los 50 años anteriores. Y comprendo que la perspectiva de largo plazo no resulta fácil de aprender pero es una responsabilidad nuestra decir: “oiga, esto está bien”.

“Sería idiota pensar que estamos en el paraíso. Pero es extraordinario reconocer que hemos avanzado” (Carlos Rodriguez Braun)

Como ejemplo, cita que el comunismo y el nazismo, ambos enemigos del liberalismo, se han hundido. “Incluso en nuestro tiempo (tenemos la tentación de creer que volvieron los problemas) si tomamos la perspectiva y analizamos América y Europa vemos que hay un tiempo no demasiado lejano donde se hablaba con admiración el comunismo. Y ya no. Es más: se hablaba de los sandinistas, por ejemplo. Y hoy el sandinismo es n régimen apestado”, concluye.

Me parece que uno de nuestros desafíos a la hora de asumir la responsabilidad fundamental es reconocer lo que hemos avanzado. “Esto no quiere decir que estemos en nada parecido al paraíso. Sería idiota pensar así. Pero reconocer los avances me parece extraordinario”.

Para concluir su presentación, recordó una anécdota del año ’77, cuando él llegó para radicarse en España. Cuenta: “había un español liberal llamado Joaquín Garriguez. Me dijo: Los liberales españoles cabemos en un taxi”. Y recordé cuando estudiaba en la Argentina, que nadie me habló del liberalismo nunca. Y Alberto podría decir lo mismo de su padre. También, en aquella época, los liberales cabían en un taxi. Y ahora ya eso no es verdad”.

Por último, se refirió a la importancia de la cautela. Actualizó el viejo mensaje de Jefferson de que el precio de la libertad es la eterna vigilancia“.

“Y cuando decimos eterna vigilancia -dice Rodriguez Braun- pensamos en los enemigos de la libertad y eso es fácil: si ves a un nazi o un populista, un peronista, un antiliberal de las personas que someten al ser humano responsable es fácil levantar la mano, señalar y protestar. Mas difícil es hacer lo que nos urgía a hacer Alberto: mirar los problemas que tenemos los propios liberales por pesimismo u optimismo excesivo, por ignorancia de los cimientos que debemos atender.

“También necesitamos ser vigilantes y vigilados. Y buscar en todo el abanico liberal los errores, deficiencias, contradicciones”, concluyó.

Mejor, escuchalos. Es una lección para todos los sentidos

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