Los gobiernos intentan combatirla con redistribución y planes sociales, pero ¿realmente la reducen o solo generan clientelismo? El caso argentino muestra dos realidades: la del Indec y la de las mediciones privadas. Por Martín Krause para Fundación Libertad y Progreso.

Hablar sobre pobreza siempre es difícil debido a la amplitud de su definición y debido también, a la sensibilidad del tema. Por este motivo, el presente trabajo analizará el tema de la siguiente manera: En primer lugar, resaltando la complejidad para definir qué es pobreza. Segundo, la solución que proponen los gobiernos. Luego, en tercer lugar, se verán cifras correspondientes a Argentina. Cuarto, se observará como analizar la pobreza con un enfoque alternativo y por último, quinto, una conclusión.
Con este orden se pretende primero estudiar la teoría en lo que respecta a la pobreza para luego ver el caso particular de Argentina.
Diversos autores que tratan el dilema de la pobreza intentan buscar la definición más adecuada y la conclusión que podemos sacar es que resulta imposible obtener una definición objetiva de la pobreza. Sin embargo, muchos escritores e investigadores suelen enfocar la “definición” por alguno de los siguientes caminos: 1) Fragmentar a la población en porcentajes o 2) Determinar una Canasta Básica que debe cubrirse.
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Ambos enfoques traen sus complicaciones. El primer enfoque, en definitiva no resuelve mucho el dilema, ya que si, por ejemplo, se divide a la población en 4 partes (por ejemplo, el 25% más rico, un segundo grupo de 25% de la población menos rica, un tercer tramo también de 25% y un último 25% con los más pobres), por más que todos dupliquen su poder adquisitivo siempre seguirá habiendo la misma cantidad de pobres; 25% es 25%. Con esto no quiere expresarse que dividir la población en porcentajes no sea útil para realizar investigaciones, pero vincularlo a la pobreza no es del todo correcto por lo ya mencionado. Además, indirectamente trae aparejada la idea de que existe una torta fija la cual no podría ampliarse y eso no es correcto (punto que se verá más adelante).
Por otro lado, el segundo enfoque, más utilizado, pareciera ser más acertado y su problema básicamente radica en la subjetividad de determinar que es una “Canasta Básica”. Henry Hazlitt, en su libro “La Conquista de la Pobreza” señala un trabajo de Rose D. Friedman de 1965 donde encontraba que la línea divisoria entre pobres y no pobres variaba según la estimación privada que se tomaba; para algunos era de U$S 3.000, para otros de U$S 2.200. Así sucedieron casos, donde dependiendo las cifras que se consideraban, en Estados Unidos la pobreza podía ser del 20% o del 10%.
En definitiva, estas diferencias surgen debido a que la Canasta Básica, generalmente debe cubrir una alimentación “adecuada”, pero ¿qué es adecuada? Es aquí donde comienzan las subjetividades que derivan en distintas cifras.

Nuevamente, con esto no quiere plantearse que realizar estimaciones es incorrecto, simplemente es importante marcar el punto de la complejidad de medir la pobreza. Y más grave aún, al tratarse de cuestiones subjetivas, el riesgo de que los gobiernos corrompan las estadísticas con fines políticos.
La mayoría de los gobiernos busca solucionar o reducir la pobreza por medio de la redistribución de la riqueza. De allí que dividan a la población en porcentajes según sus ingresos. De esta manera, por medio de impuestos le quitan a los que más tienen para entregarles a los que menos tienen. El fin es noble sin dudas, no es la idea cuestionar en este momento eso. Pero más allá de la nobleza, ¿es eficiente?
El riesgo de la ayuda estatal radica en el peligro de que se mezcle con fines políticos. Por ejemplo, en Argentina, existe una cantidad enorme de planes sociales que intentar seguirlos a todos resulta casi imposible. En un reciente video de la Fundación Libertad y Progreso, puede verse como dichos planes crecieron de manera fenomenal en los 10 años del gobierno Kirchnerista. Sin embargo, lejos están estos planes sociales de lograr el objetivo principal, que es sacar a la gente de la pobreza definitivamente. Lo que se logra en cambio es generar dependencia y la costumbre a no trabajar y peor aún, en algunos casos, clientelismo político. Los planes sociales brindan pescado a los más necesitados, pero la verdadera solución radica en enseñar a pescar. El ya mencionado Henry Hazlitt señala que en un estudio que se realizo en Brooklyn en 1972 revelaba información que había familias que habían vivido hasta tres generaciones de asistencialismo sin trabajar.
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Entre los mayores logros que se jacta de haber logrado el gobierno actual, se encuentra la gran reducción de la pobreza y la indigencia en el país. Néstor Kirchner comenzó a gobernar un país en donde más de la mitad de la población se encontraba por debajo de la línea de la pobreza mientras que la indigencia llegaba a casi un 25% para el 2003.
Evidentemente, con cifras tan elevadas de pobreza e indigencia, reducirlas fue algo que pudo lograrse. Según el Indec, para el año 2012, la pobreza se redujo al 7% mientras que la indigencia al 0,9%. Sin embargo, a partir del año 2007, las cifras publicadas por el Indec comenzaron a volverse cuestionables.
Por este motivo, el observatorio de deuda social de la UCA realiza un seguimiento de los niveles de pobreza e indigencia donde se pueden observar números muchos más elevados que los publicados por el Indec. Para no caer en la línea de pobreza, el sueldo de una persona debe superar el de la Canasta Básica Total (CBT).

Un dato importante es que los estudios privados del Observatorio de Deuda Social revelan datos de pobreza e indigencia a nivel nacional hasta el año 2010 y en el período 2010-2012 solo para nivel urbano. Examinando primero el período 2003-2010, puede apreciarse que a partir del 2007, comienzan a haber estimaciones privadas que siguen un rumbo opuesto a los datos revelados por el gobierno.
A partir del 2007, a medida que avanzan los años, puede observarse dos realidades distintas: 1) la del Indec y 2) la de las estimaciones privadas. Tomando los datos a nivel urbano, la situación continúa agravándose. Es decir, el Indec continúa publicando datos que revelan que la pobreza disminuye mientras que las estimaciones privadas rondan el 22-25%.
Parte II este viernes 10 de abril.



