Jörg Dehnert: “La política peruana es una gran lavadora de dinero”

Entrevista a Jörg Dehnert, director de la Fundación Naumann Países Andinos

Había tanta, pero tanta plata en las minas de Potosí durante la época colonial que cuando se quería graficar que algo tenía un valor incalculable se decía: “esto vale un Perú”. Hoy Potosí es de Bolivia y las minas de plata ya no existen en Latinoamérica. Y lo que cuesta un Perú es conseguir un gobierno sin corrupción.

Perú realmente es un país único. Sumado a Vizcarra, ya van seis presidentes (Alberto Fujimori – destituido-, Alejandro Toledo, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski éstos tres últimos con prisión preventiva-, y Alan García que se suicidó antes de ser detenido) que se fueron con acusaciones de corrupción. “Estamos hablando de treinta años de historia donde los jefes de Estado de distintos partidos políticos tienen denuncias por corrupción”.

Pareciera que la connivencia política se deglutiera la democracia. Y así pasó también con Martín Vizcarra, el presidente que fue destituido por incapacidad moral, en un lunes que cerró el segundo juicio político en su contra en menos de dos meses.

Jörg Dehnert, director de la Fundación Friedrich Naumann Países Andinos, se agarra la cabeza cuando analiza la naturaleza corrupta de la política de aquel país: “Es un cáncer que afecta a policía, militares, universidades, burocracia, justicia, periodistas, casi todas la instituciones de estado. Más del 60% de los peruanos tiene menos de 55 años, o sea que no conoce otro sistema que no sea éste”, grafica.

En una entrevista vía Zoom con Visión Liberal, Dehnert analizó la destitución de Vizcarra, cuánto influyó la pandemia y las medidas que adoptó el país andino para combatirla y la situación económica.

Jörg Dehnert llegó hace dos años a Perú para continuar la labor de Fundación Naumann en países Andinos. La libertad como bandera

Nada hacía prever que Vizcarra terminaría así. Los finales abruptos parecen una constante en los gobiernos peruanos y la gente pareciera acostumbrarse a ellos. “Vivo hace casi dos años en Perú (N.de R: Antes, Dehnert había ocupado el mismo cargo en la Argentina, donde fue sucedido por el Dr. Lars-André Richter) y nunca noté que a la gente le preocupara la crisis política. Acá el 75% de la gente trabaja en el sector informal y mientras la economía funcione, lo demás no importa demasiado. Y si mirás las estadísticas, Perú tiene los mejores datos de los últimos diez o doce años en toda América Latina”.

¿Y entonces? El COVID metió la cola. “Ahora, con la pandemia, tenemos crisis política, de salud y económica”, grafica. Y ahí colapsó todo. Perú fue el primer país en registrar más de cien muertes cada cien mil habitantes. En octubre, de 33 millones de habitantes, reportó 33.577 muertes confirmadas por COVID-19, liderando la métrica de mortalidad por delante de Bélgica con 90, y seguido por Bolivia y Brasil con tasas de 74 y 73 respectivamente.

Somos campeones, estamos para el Guiness” ironiza Dehnert, quien agrega que la corrupción creció 700% en los últimos cinco meses y que el gobierno de Perú fue el que peor manejó la crisis de salud “de todo el mundo”. “Tomaron medidas anticonducentes y estamos viviendo un desastre”.

Aislamiento & COVID: “Perú es el país donde los perros tienen mas derecho que los niños. Porque los perros pueden salir a caminar todo lo que quieran, pero los menores de 14 tienen treinta minutos por dia y sólo a 500 metros de la casa. Una locura”

En ese contexto, la destitución de Vizcarra no parecer ser la noticia más grave. “Además, es acusado de corrupto, pero él dice que los 68 legisladores que lo acusan figuran en expedientes de procesos de corrupción en marcha”. O sea, se asusta el muerto del degollado, en criollo.

En el primer juicio político que le hicieron, Vizcarra presionó a secretarias y amigos para que mientan. El Congreso lo acusó y él dijo: “no conozco a esas personas”, las que supuestamente le habían pagado los sobornos. Pero luego llegaron las conversaciones de whatsapp que probaron lo contrario. Eso no certifica que recibió sobornos, claro, pero sí que mintió: conocer los conocía”.

En diversas ciudades del país, las personas salieron a las calles a protestar contra la vacancia del ex mandatario, así como por la asunción de Manuel Merino como presidente de la República.

Para un alemán, liberal y hombre del libre mercado, los tejes y manejes de los gobiernos peruanos son “escandalosos”.

Y si el pronóstico político es sombrío, la economía no se queda atrás. “El plan para reactivar la economía peruana es el siguiente –explica Dehnert-: de diez mil millones de dólares, usamos 7.000 millones para dárselos a las grandes empresas. Las que dan trabajo a un 25 o 30% de los peruanos. El resto, recibe el resto de los 3000 millones, paradójicamente para repartir entre las pymes que le dan trabajo al 75%”.

Conclusión: “para mí es una gran lavadora de dinero. Los grandes empresarios reciben dinero y después, la devuelven para la política. Circula, como una gran lavadora. Esa es la corrupción organizada”.

Ese es el problema que cuesta un Perú cambiar.

Con el agravante de que no hay voces disidentes, que adviertan sobre este “cáncer” político: “Acá en Perú no hay partidos liberales (“ustedes podrían mandar algunos, tienen demasiados”, ríe). Los periodistas no preguntan, los académicos tampoco.

“La diferencia entre Perú y Venezuela es que allá Maduro presiona a la oposición, acá la compra”, dice Dehnert.

Con esos estigmas, ¿soporta Perú otro año más? Dehnert responde: “La informalidad se recupera rápido, esa es una ventaja. Pero creció la pobreza y hay mucha gente pidiendo en la calle. La violencia doméstica es casi congruente a la curva del COVID. Los colegios están cerrados, aumenta la depresión. Y el gobierno, ningún gobierno, piensa en esto ahora”.

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