Con una columna llena de cifras astronómicas y una acusación precisa contra el gobierno de Brasil por financiar una supuesta campaña en contra de la Argentina, Javier Milei escaló el conflicto internacional buscando un enemigo externo. Lejos de su promesa de reconciliar al país con el mundo, el Presidente recurre a la polarización y el manual populista para recuperar protagonismo interno, alimentando una paranoia que puede aislarnos justo cuando más necesitamos aliados.

Por Marcos Novaro. Nuestro Presidente sufre una rara obsesión con los números, asociada en parte, probablemente, con su condición de economista, y en mayor medida, seguro, con su oficio de político manipulador de la opinión pública.
Y este fin de semana la desplegó con máximo entusiasmo. El mismo día domingo, en que publicó una columna llena de números, y titulada con un número inabarcable (“12.819.532.788.614.400.000%”), que por sí mismo pretendía ser por ello irrefutable, en el diario Clarín, allí donde él ha advertido ya varias veces que “el 95% de los periodistas son ensobrados”, con una precisión quirúrgica que también derrama certidumbre y cientificidad, dio a conocer otro dato muy preciso, y por ello aparentemente bien fundado, en la radios: “El gobierno de Brasil puso el 25% del financiamiento” de una campaña en contra de la Argentina.
No satisfecho con haber insultado al presidente de ese país de formas denigrantes e intolerables, así involucró al entero gobierno brasileño con una supuesta operación internacional para aislar, desprestigiar, en suma, debilitar al nuestro, justo en el momento en que más necesitábamos de nuestros amigos y aliados.

Sin duda que Milei y sus colaboradores en estos menesteres de manipular a la opinión pública habían tomado nota de varios hechos recientes, que a cualquier actor responsable debieron preocuparle, y a ellos les parecieron simplemente una oportunidad para sacar provecho político en la coyuntura:
- primero, que buena parte de los argentinos en serio se creyeron que hay algo así como una “campaña antiargentina” dando vuelta, orquestada por los futboleros españoles, ingleses y mexicanos, intelectuales, políticos y artistas progres de esos y otros países, y probablemente varios gobiernos extranjeros;
- segundo, que el kirchnerismo había quedado descolocado frente a esta situación, porque no podía sino criticar a sus habituales aliados externos, y solidarizarse con el gobierno argentino (alguno llegó a decir que “Milei sigue siendo un hdp, pero es nuestro hdp”, en un implícito homenaje al imperialismo norteamericano, y un peligroso giro pragmático que ojalá aplicaran a otros asuntos más importantes y socialmente útiles).
Así que se lanzaron a alimentar la paranoia y polarizar la escena, lo que más les gusta, con miles de intervenciones en las redes para agitar la indignación frente a la supuesta campaña y ataques contra cualquiera que argumentara en contra. La “causa nacional” prosperó, pero a los pocos días, empezó a decaer el interés en el asunto. Por lo que el propio Presidente decidió intervenir, agregándole un componente ideológicamente más afín aún: la confrontación ya larga con Lula.

Es cierto que el propio Lula ha intervenido en nuestra política doméstica, y contra la Justicia local, varias veces, por ejemplo al visitar a Cristina y pedir por su libertad. Pero no lo hizo en medio de una campaña electoral, no agregó insultos contra Milei u otros funcionarios, y su cancillería se ocupó de señalar que se trataba de una posición personal del presidente, no una política del gobierno.
Milei fue el sábado a San Pablo con el ánimo de elevar la apuesta: se metió activamente en la campaña, insultó de la peor manera tanto a Lula como a jueces de la Corte brasileña (basuras, les dijo, difícil imaginar algo peor, ¿no?), y llevó consigo al canciller Quirno. Cuando sumó a todo eso la acusación ya no personal a este o aquel funcionario, sino al gobierno brasileño como tal, de orquestar una operación para perjudicar al país entero, ya no solo a su gobierno, debió saber que el conflicto iba a escalar. Fue entonces que desde Brasilia decidieron llamar al embajador y reclamar una disculpa y desmentida, que todo el mundo sabe no se va a ofrecer jamás.
Hace 50 años, Alaska creó el Fondo Permanente que ahorra e invierte parte de sus ingresos petroleros y entrega un dividendo anual a cada residente.
— Visión Liberal (@vision_liberal) July 21, 2026
¿Puede servir algo similar para reconstruir Venezuela o mejorar el estilo de vida en la región?https://t.co/zLUDFF7fOJ pic.twitter.com/vW15Gj7WpT
Depende, ante todo, de cómo salga la elección presidencial en el vecino país: si llegara a ganar Bolsonaro, los libertarios argentinos podrán decir que le deben el triunfo, que ellos conducen a la entera región por el camino de la libertad, que se confirma el sueño de tener, además de al mejor jugador de fútbol del mundo, al referente global de la libertad. Así que lo menos que se merece acá es que le demos su reelección. Claro que bien puede suceder que sea Lula el que gane, y entonces esos objetivos mileistas se frustren.
Pero tal vez se frustren solo en parte: porque igual ellos van a insistir con este rol regional y global que pretenden para sí, con que el curso de la historia va en su favor, y lo prueban muchas otras elecciones, y que si la mayoría de los brasileños no lo entiende, su país va a quedar marginado del crecimiento y el progreso que acá si vamos a disfrutar, de la mano de las potencias de Occidente.
Pero cualquiera sea el caso en el plano externo, lo que seguro Milei cree que va a conseguir es más apoyo local para su cruzada a la vez liberalizadora y polarizadora.
Y que va a poder entonces retomar las batallas culturales que tendieron a languidecer desde que su propagandista Adorni se hundió en la estima social, el propio presidente quedó cuestionado y corrido del centro de la escena al tener que sacrificarlo, y ganaron protagonismo sus funcionarios más profesionales y técnicos y las preocupaciones sociales más pedestres que ellos tratan de atender.

En general, quienes han cultivado el nacionalismo paranoico, como hicieron los Kirchner infinidad de veces, contra el FMI, el imperialismo, la prensa internacional y muchísimos etcéteras, o la última dictadura contra las democracias occidentales, los organismos internacionales de derechos humanos y, de nuevo, la prensa, sacaron solo provecho de corto plazo, y al poco tiempo pagaron serias consecuencias.
Con Milei, puede que la cosa funcione aún peor. Primero, porque la posibilidad de sostener este fantasma de la “campaña antiargentina” en algo mínimamente tangible es mucho menor: las pasiones agitadas por el final del Mundial ya son noticia vieja, y no van a poder reflotarse. Y segundo, y mucho más importante, lo que Milei prometió hacer en su gestión es lo contrario de lo que ahora intenta: nos prometió que iba a reconciliarnos con el mundo, mostrar que podíamos beneficiarnos si cooperamos con él, si aprendemos de lo que él hace, en vez de aislarnos y perseguirnos con la idea de que por todos lados quieren jorobarnos y está plagado de conspiraciones en nuestra contra.
Ahora, por una oportunista apuesta política, tan mezquina como improvisada, se apropia del manual de operaciones de manipución de los populistas y aislacionistas. Desesperado por recuperar protagonismo, levantar en las encuestas y machacar con sus ideas más extraviadas. Pero este tipo de comportamientos ya los sufrimos varias veces: apenas se vea que la enorme mayoría de sus propios votantes están en otra, lo más probable es que se le pase. No aleccione, porque va a seguir negándose a aprender de sus fracasos, pero al menos se calme.



