“En un mundo dominado por hombres, me impuse con la prepotencia del trabajo”

Seis mujeres poderosas y empoderadas. Seis trayectorias en profesiones donde el hombre tuvo un protagonismo casi excluyente y donde la mujer, por su condición de tal, tuvo que ganárselo a fuerza de méritos propios: el periodismo, la economía, la política, la educación. Desde ese lugar y con perspectiva liberal, Ana Sosa, Clara Mariño, Alba Pérez Romero, Natalia Motyl y Milagros Bayer -coordinadas por Mercedes Colombres- se unieron en una jornada que dejó profundas reflexiones.

Convocadas por Fundación Naumann para su ciclo #FemaleForwardInternational, las cinco mujeres demostraron que el auténtico feminismo es que el permite a cada mujer manifestarse en libertad, sin condicionamientos de ninguna índole.

Conductora de radio y TV, al frente de su tradicional ciclo “Las cosas claras”, Clara Mariño define a la “libertad” como el motor que empujó su carrera. Y aunque hoy el escenario cambió radicalmente, gracias a la irrupción de las herramientas digitales, ese valor permanece inalterable.

Relata Clara Mariño que cuando decidió, antes de cumplir 18 años, estudiar periodismo, “mis padres casi se desmayan. En aquella época, el periodismo estaba reservado para los hombres”.

La de Mariño fue una decisión que “escandalizó” a sus padres pero, continúa en su relato, no los amedrentó. “Valoro la decisión que tomaron. Me dijeron: tenés la libertad de elegir la profesión que quieras”

Ahi está la clave: en la palabra libertad. “Esa palabra fue el motor de nuestra vida y de nuestros países”.

El relato de la periodista va mostrando una transformación del mundo y del oficio. “Cuando yo empecé, sobre una clase de 50 personas solo habíamos dos mujeres: Teresa Anchorena y yo. Estábamos en medio de 48 muchachos. Años después, desde el 2001 al 2016, cuando fui profesora en la Universidad Católica, estuve al frente de aulas donde había más mujeres que hombres. Todo había cambiado”.

Esa transformación fue también provocada por la explosión digital. Mariño está convencida que las herramientas de hoy “nos dieron la posibilidad, a las mujeres, de acceder a los medios“. Lo único que no cambió y que continúa como un requisito inalterable para el ejercicio de la profesión es la palabra clave que le dieron sus padres hace 45 años: libertad.

“En el mundo del periodismo, lo que tenemos que hacer las mujeres es tener una actitud muy concreta en la preservación de nuestras libertades”.

Esa actitud, define Mariño, no está en hacerse respetar con una actitud “masculina”, sino -exactamente- todo lo contrario. “Logré imponerme con diálogo, disciplina y desde la palabra. Así terminé con aceptación y reconocimiento amplio. Salvo al principio, nunca tuve que rendir examen por ser mujer”.

“Me llama la atención que hoy la izquierda (que supuestamente estaba mas cerca del progreso de la mujer) esté a favor de los sistemas teocráticos extremistas árabes. Hoy en Alemania hay un debate porque una chica paquistaní de 18 años se negó a casarse con un primo y la mataron. Hay sectores de la izquierda que hoy todavía defienden esos sistemas que son reduccionistas de la mujer”

Es que cuando se inició en el oficio, el “universo” de los medios era masculino: “Era un mundo dominado por hombres -productores, directores, técnicos todos eran hombres. Pero yo opté por imponerme con la prepotencia del trabajo. Tenía que demostrar que sabía más o igual que ellos pero nunca intenté masculinizarme: ni gritos, ni palabrotas, ni nada de eso”.

La estrategia funcionó. Clara Mariño ocupó uno de los cargos más difíciles, competitivos y estresantes del periodismo: ser la productora general del periodista más exitoso, polémico, referencial de la televisión argentina: Bernardo Neustadt. Nada de lo que sucediera en ese programa escapaba a su control. De hecho, todos los que ejercían este oficio, los políticos y los empresarios, directa o tangencialmente sabía que para llegar a Neustadt el único puente era Clara Mariño. El famoso empoderamiento llegó por mérito propio.

Una cosa es igualar derechos y otra cosa creer que somos iguales. En esa diferencia está el éxito de una mujer y el éxito de un hombre.

En lo único que aún hoy Clara Mariño siente que ser mujer es un obstáculo es a la hora de negociar un contrato: “Prefiero ir a cubrir la guerra de Afganistán o entrevistar a Gorbachov que negociar un contrato. En eso se aprovechan aún un poquito y a mi me da vergüenza”, confiesa en la charla, que fue la que dio cierre a una jornada de testimonios imperdibles.

“Como periodista creo en los hechos y en la historia y hay un hecho incontrastable: es en las democracias occidentales, liberales y capitalistas donde la mujer se ha podido desarrollar”, afirma con vehemencia. Y con el rigor de su propia historia lo testifica.

LA CHARLA COMPLETA DE CLARA MARIÑO, A CONTINUACIÓN

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